No quise dejarlo, pero sabía que si no iba, le harían daño. Le pedí a Clara que lo cuidara con su vida, y salí hacia el final del camino: un lugar que nadie había visto en siglos, según las leyendas. El camino era empinado y difícil, y cada paso me costaba más que el anterior, porque no sabía qué me esperaba allí.
Al llegar a la cima, vi al anciano esperándome, junto al borde de un acantilado.
—Has venido —dijo—. Sabía que lo harías. El amor te hace hacer cosas imposibles. Pero no te dije la verdad completa: el final del camino no es un lugar al que se llega… es un momento en el que tienes que decidir si sigues adelante o te quedas donde estás.
—¿Qué quieres decir? —pregunté con voz temblorosa.
—Quiero decir —respondió él señalando hacia atrás—, que tienes que elegir entre volver con él y vivir una vida normal, olvidando todo lo que sabes… o quedarte aquí y cumplir tu destino, pero sin poder volver a verlo nunca más.