Al final del camino

Un camino nuevo

Tuvimos que usar lo que habíamos aprendido: confiar los unos en los otros, ayudarnos en cada paso, no dejar a nadie atrás. Bajamos por laderas empinadas y pasos estrechos, con la montaña cayéndose detrás de nosotros. Cuando por fin pusimos el pie en tierra firme, miramos hacia arriba y vimos cómo todo el lugar que habíamos conocido desaparecía entre nubes de polvo.
—Ya no hay secretos —dijo el anciano, que había bajado con nosotros—. Ahora el camino es de ustedes.
Pero cuando quisimos irnos juntos, él detuvo a Noah.
—Tienes que irte primero —dijo—. Hay algo que debes hacer antes de que puedan estar juntos del todo. No tardes mucho.
Noah me miró a los ojos, me dio un beso suave en la frente y prometió volver. Se fue en una dirección, y yo me quedé con Clara en otra, esperando que el tiempo pasara rápido. Pero pasaron los días, y no hubo noticias suyas. Ninguna.




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