Clara intentó consolarme, diciéndome que él cumpliría su promesa, pero la duda me carcomía por dentro. ¿Y si le había pasado algo? ¿Y si el destino había cambiado de nuevo? Decidí que no podía quedarme esperando sentada: tenía que buscarlo.
Recorrí los pueblos por los que habíamos pasado juntos, pregunté por él a todos los que encontré, pero nadie lo había visto. Hasta que llegué al refugio donde nos conocimos por primera vez. Allí, sentado en el mismo lugar donde lo vi aquella primera tarde, estaba él. Pero no estaba solo: a su lado había una mujer que se parecía mucho a mí, y que le tomaba la mano con ternura.
Me quedé paralizada en la puerta, sin poder creer lo que veía. Noah levantó la vista, me vio… y no sonrió. No dijo nada. Solo se quedó quieto, mirándome como si fuera una extraña.