Kyla
Martes, 26 de septiembre de 2028
Desde aquella conversación nocturna, Raelynn no volvió a mencionar nada al respecto. Era como si lo de esa noche nunca hubiera sucedido.
Me encontraba sentada en un taburete, frente a la barra del pub, echando un vistazo a las redes sociales. Desde su estancia en Canadá, había decidido crearse una cuenta para subir fotos.
Lo típico que haría una chica de nuestra edad.
Apoyé el codo en la barra y empecé a deslizar hacia arriba. Sus fotos transmitían calma después de la tormenta. Esbocé una leve sonrisa al verla en una de ellas: estaba tumbada, con los índices hundiendo suavemente sus mofletes.
Seguí bajando hasta detenerme en otra en la que aparecía junto a un chico rubio.
Fruncí el ceño.
— ¿Quién es...? —murmuré.
Toqué la foto y entré en su perfil.
— ¿Nikolai... Novikov?
Sujeté el móvil con ambas manos y lo acerqué más a mi rostro.
Tenía pinta de ser patinador artístico también y, por lo que indicaba su perfil, tenía dieciocho años.
De repente, mi móvil vibró con una notificación. Raelynn me había enviado una foto.
¿Una foto?
Al abrirla, me encontré con ella sosteniendo a un gato negro.
Raelynn:
Este gatito se parece a ti 🫢
Me quedé mirando la foto en silencio.
Tragué saliva.
¿A qué venía eso ahora?
Sonreí sin poder evitarlo.
— Ky.
Rápidamente bajé el móvil boca abajo, dándole un golpe seco contra la barra.
Giré la cabeza hacia la izquierda al ver a Izan apoyado en ella. Me miraba sorprendido, con las cejas alzadas.
— ¿Estás bien? —preguntó, despacio.
La sonrisa que tenía se desvaneció al instante.
— Sí —respondí, encogiéndome de hombros mientras asentía—. Estaba... distraída —apoyé el codo derecho en la barra y me rasqué la nuca, nerviosa.
— Joder, tu móvil ha ido a mejor vida —lo señaló—. ¿Tú sabes el golpe que le has dado? —frunció el ceño—. No estarías viendo alguna página guarra, ¿no?
— ¿Qué dices? —me bajé del taburete—. Yo no veo esas cosas.
— Chicos —nos llamó Niall desde las mesas—, a trabajar.
Guardé el móvil en el bolsillo trasero del pantalón mientras echaba un vistazo a las personas que empezaban a entrar en el pub.
Hoy, Raelynn competía en el Challenger Series. Bueno, le tocaba defender el programa corto y el libre que había preparado. Desde que supo que lo retransmitirían por televisión, no había dejado de recordármelo casi todos los días.
— Perdón.
Giré la cabeza hacia un señor que me hacía señas.
Necesitaba despejar la mente y centrarme en lo importante: atender mesas.
— Dígame —respondí, sujetando la bandeja contra el costado con el brazo—. ¿Le pongo algo más? —añadí, sacando la pequeña libreta y el bolígrafo.
— Ponme tres chupitos —dijo, mirando con una sonrisa a los dos hombres que estaban junto a él—. Hoy estamos de celebración —su tono ya arrastraba la embriaguez—. Han ascendido en el curro a este hijo de puta —rodeó el cuello de su compañero para acercarlo.
— Enhorabuena —forcé una sonrisa mientras retiraba las copas usadas.
— ¡Pero no tienes una mujer! —se echaron a reír.
«Madre mía», pensé.
— Ahora les traigo los chupitos.
— Vale —alargó la última vocal—. Aquí te esperamos, guapa.
Me alejé para dirigirme hacia la barra. Niall estaba colocando varias copas en la bandeja de Izan. Dejé la mía sobre la barra y eché un breve vistazo al local.
— Últimamente viene bastante gente, ¿no? —dije, mirando a Niall.
— Cerca de aquí hay una pequeña feria —respondió—, así que vendrán aquí para seguir con la fiesta —dejó la última copa—. Aquí tienes, Izan.
— Gracias, jefe —dijo Izan con energía antes de alejarse.
— ¿Qué te pongo a ti? —preguntó Niall, apoyándose en la barra para mirarme.
— Tres chupitos —respondí, levantando el índice, el corazón y el anular.
— Marchando —golpeó levemente la barra antes de darse la vuelta.
Me apoyé en la barra, pero, casi sin darme cuenta, giré la cabeza hacia la televisión colgada en la pared.
¿Sería raro preguntarle si podía poner la competición?
Fruncí el ceño mientras me mordía brevemente el labio inferior.
— ¿Puedo pedirte un favor? —me incliné ligeramente hacia delante.
— Dime —respondió, de espaldas.
— ¿Podrías encender la televisión? —me rasqué la nuca, nerviosa—. ¿Y poner el canal de deportes, por favor?
— ¿El canal de deportes? —colocó dos de los chupitos en la bandeja—. Es raro que me pidas eso —frunció el ceño.
— ¿Y por qué iba a ser raro? —me encogí de hombros.
— ¿Es por esa cría? —dejó el último chupito—. ¿Compite o algo? —insistió.
Aquella conversación empezaba a parecer un interrogatorio.
— Me pidió que la viera, simplemente —sujeté la bandeja y bajé la mirada.
— Vale —dijo, buscando el mando—. ¿Quieres descansar para verlo? —alzó una ceja.
— No —negué con la cabeza—. Con que esté puesto me basta.
Me alejé para dejar los chupitos en la mesa correspondiente.
A los pocos minutos, comencé a escuchar a los presentadores de fondo y un ligero cosquilleo recorrió las yemas de mis dedos. En las últimas semanas, Raelynn había dejado de enviarme sus habituales vídeos; no sabía si era porque no quería que le siguiera señalando los errores que cometía o, simplemente, quería sorprender.
— Buenas noches a todos los espectadores —empezó a hablar el presentador—. Hoy da inicio la nueva temporada de nuestras patinadoras.
Giré la cabeza para mirar la televisión.
— Algunas de ellas acaban de entrar recientemente en la categoría sénior —añadió.
— Eso es verdad, Pieter-Bas —dijo su compañera—, aunque nuestros ojos están puestos en Raelynn Scott.
Se me tensaron los hombros al escuchar su nombre.
— Esta chica promete muchísimo —respondió Pieter-Bas—. ¿Has visto su último entrenamiento, Laurien? —le preguntó—. Es increíble ver la evolución que ha tenido respecto a cuando estaba en la categoría júnior.