Al Ritmo Del Hielo

CAPÍTULO 11

Kyla

Sábado, 23 de diciembre de 2028

Durante mucho tiempo pensé que hacer lo que amas era suficiente para ser feliz.

No lo es.

Mi estado de ánimo empezó a desmoronarse durante la temporada olímpica de 2025-2026. Y no fue exactamente por mí.

A veces, las personas que más te apoyan son las que más peso terminan poniendo sobre tus hombros... hasta que ya no sabes si lo hacen por ti o por ellas.

Ese fue el caso de mi madre.

Fue la primera persona que me vio patinar con nueve años. La que estuvo ahí cuando gané mi primera medalla de oro en un campeonato nacional júnior. Incluso cuando me proclamé dos veces campeona del mundo.

Pero nunca era suficiente.

Siempre podía ser más.

Siempre tenía que ser más.

Y cuando una niña se siente acorralada... casi siempre acaba haciendo alguna locura.

Después de la operación de rodilla, tuve que alejarme. No por ella. Por mí. Por mi salud mental.

Recibí mil disculpas, promesas de que cambiaría, de que esta vez sí pensaría en mí.

Aun así... Sigo teniendo miedo de acercarme demasiado.

El viento me golpeaba suavemente el rostro, revolviéndome el pelo. El silencio en el pub hizo que la melodía del móvil contrastara con el pánico que sentía cuando miraba la pantalla.

Mamá.

Una llamada entrante que me dejó completamente paralizada.

Apreté el teléfono con fuerza entre los dedos.

Si respondía...

¿Quién me aseguraba que no volvería a sentirme obligada a patinar?

— ¿Tu madre?

Di un brinco antes de girarme hacia la voz. Izan me miraba con curiosidad, con las manos apoyadas en la cintura.

— ¿Qué haces? —pregunté, guardando el móvil en el bolsillo trasero del pantalón.

— Tenía curiosidad. Estabas tan ensimismada... —me señaló.

— ¿Y eso te da derecho a husmear? —alcé la voz, cruzando los brazos—. Se llama privacidad, Izan. No sé si llegas a entenderlo.

— Llevas un par de días rara —dijo, entrecerrando los ojos—. Irritable, más bien. ¿Es por tu familia? —se acercó un poco, con esa mezcla de firmeza y burla—. O por algo concreto... Como me digas que es por esa estúpida chica que sale en la televisión...

— ¿Te hace gracia? —apreté la mandíbula, frustrada—. Son asuntos que ni te van ni te vienen. Y no paras, no paras de estar detrás de mí.

— ¿Qué coño te pasa? —se encogió de hombros.

No me pasaba nada con él. Tenía demasiadas cosas en la cabeza: mi madre, Raelynn, y que la presencia de Izan empezaba a irritarme.

— ¿Sabes qué? —sujetó el trapo que llevaba colgado del hombro—. Que te den —alzando las cejas, caminó hacia la puerta del pub.

— ¡Que te den a ti! —grité, apretando los puños.

Cerró la puerta de un portazo. Llevé una mano a la frente y me la froté con insistencia. Cerré los ojos un instante y me eché el pelo hacia atrás.

— No lo aguanto... —murmuré, sacando un cigarrillo—. ¿Qué coño hace mirando mi móvil?

Respiré hondo mientras la llama iluminaba mi rostro y el humo llenaba mis pulmones.

— Solo tiene que dejarme en paz... —dije, sujetando el cigarrillo entre los dedos y expulsando el humo por la boca.

En ese momento, el móvil vibró y la rabia me subió de golpe. Lo cogí, lista para soltar cualquier cosa, y mis hombros se relajaron al ver que eran mensajes de Raelynn.

Raelynn:

Holaa 👋

Puedes hablar?

Me llevé el cigarrillo a la boca y empecé a escribir.

Kyla:

Dime

Rápidamente, su estado cambió a "en línea".

Raelynn:

Entendería si me rechazases...

Pero lo intento

¿Qué narices estaba diciendo?

Fruncí el ceño mientrasexpulsaba el humo de mis pulmones.

Raelynn:

Hoy Thijs juega el último partido del año y quiere que vengas

Ya sabes, el jugador de hockey, él que te llevó en moto hasta mi casa...

Kyla:

No me recuerdes ese momento

Raelynn:

Pero si es buenísimo jajaja

Bueno, a lo que iba...

Te apetece venir conmigo? 🥺

¿Me está chantajeando con ese emoji?

Mi miradavolvió a esa palabra, "conmigo", como si pesara más de lo normal.

Kyla:

Sabes que no piso ese sitio desde hace meses

Raelynn:

Venga, Kyla. Será divertido

Cuando Raelynn volvió de Canadá, lo hizo con otra mentalidad y con una medalla de bronce colgada al cuello. Fue increíble verla competir aquella noche en la final; cómo su sonrisa no desaparecía de su rostro, cómo iba a abrazar a todas las competidoras. Era admirable.

Apreté la mandíbula mientras miraba el mensaje.

Sujeté el cigarrillo entre los dedos, tiré la colilla al suelo y, acto seguido, la pisé.

Kyla:

A qué hora seria?

Raelynn:

A las 21:00

En el Jaap Eden

Suspiré al leer ese nombre. Alcé brevemente la mirada hacia la hora: las siete y media.

Aún estaba a tiempo de pensar en alguna excusa y no asistir.

Bloqueé el teléfono y lo guardé.

Algo bueno era que hoy no íbamos a abrir el pub, porque Niall nos había dado el día libre. Obviamente, la banda de Izan había aprovechado para ensayar a fondo el nuevo álbum que sacaron hace un mes.

Me agaché para recoger la colilla del suelo y entré en el pub. La música estaba a casi todo volumen. Los observé de reojo mientras me acercaba a la barra en busca de un cenicero.

El instrumental se detuvo de golpe.

— Si buscas el cenicero, está en la esquina derecha —dijo Izan.



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En el texto hay: romance, lgtbiq, sportromance

Editado: 01.08.2026

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