Alianza de Cristal

Prologo

En el St. Jude Academy, la perfección no era una opción; era una obligación de clase alta. Entre pasillos de mármol blanco, casilleros de caoba y estudiantes que heredaban empresas antes de cumplir la mayoría de edad, las reglas de la gravedad social eran simples: o brillabas, o eras invisible.

Victoria Vance brillaba con la fuerza de mil soles, aunque su luz fuera completamente helada.

A sus dieciséis años, Victoria era la definición exacta de la intocable reina del colegio. Inteligente hasta el punto de intimidar a los profesores, dueña de una belleza sofisticada que no permitía un solo mechón fuera de lugar, y con una arrogancia natural que protegía su metro cuadrado de superioridad. Para ella, el mundo se dividía en dos: los que hacían las cosas bien, y los perdedores. Y ella jamás, bajo ninguna circunstancia, pertenecía al segundo grupo. Su promedio de diez absoluto era un trofeo que defendía con uñas y dientes cada maldito semestre.

Y el único obstáculo entre su trono y la perfección absoluta era un dolor de cabeza con nombre propio: Liam Campbell.

Liam era el caos personificado. Mientras Victoria representaba el orden milimétrico, él era el huracán que destruía todo a su paso. Guapo de una manera despreocupada, estrella indiscutible del equipo de básquet y el consentido de un campus donde las normas parecían no aplicar para él. Liam nunca estudiaba, improvisaba los exámenes con una suerte irritante y vivía la vida con una sonrisa cínica pintada en los labios.

Para todo el instituto, eran el agua y el aceite. Una rivalidad legendaria que se alimentaba de miradas asesinas, comentarios sarcásticos y una guerra silenciosa por el primer puesto del cuadro de honor.

—Vaya, Vance. Tienes un poco de obsesión en la cara —murmuró Liam esa mañana, desplomándose perezosamente en el pupitre al lado del de ella, con la corbata floja y una pelota antiestrés rebotando entre sus dedos.

Victoria ni siquiera levantó la vista de sus apuntes impecables. Su pluma estilográfica se detuvo un segundo antes de trazar una línea perfecta.

—Y tú tienes un poco de mediocridad en el promedio, Campbell. Aunque supongo que a alguien cuyo cerebro funciona a base de rebotes de balón no se le puede pedir coherencia —respondió ella con voz suave, venenosa, clavándole unos ojos oscuros y cargados de desprecio.

Liam soltó una carcajada corta, inclinándose hacia ella con aire provocador, lo suficientemente cerca para que el perfume caro de ella chocara contra su sudadera deportiva.

—Cuidado, reina. Te vas a arrugar la frente de tanto intentar ganarme. Y créeme, el trono no te queda tan bien cuando estás a punto de perderlo.

Victoria apretó el bolígrafo con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Lo odiaba. Odiaba su sonrisa, odiaba su arrogancia barata y odiaba, por sobre todas las cosas, que su presencia lograra desestabilizarla de una manera que ninguna otra cosa en el mundo podía hacer.

En los pasillos del colegio de élite, frente a cientos de testigos, eran enemigos mortales. Una guerra declarada donde cada nota, cada segundo y cada palabra era un campo de batalla.

Ninguno de los dos imaginaba que, al caer la noche, las reglas del juego cambiarían para siempre, y que ese odio escolar que tanto disfrutaban se convertiría en la única cadena capaz de destruirlos.




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