Alianza de Cristal

Capítulo 16: El guerrero y el descanso de la estratega

El reloj del vestíbulo marcaba las cinco de la tarde. La luz del sol, ahora más dorada y menos intensa, comenzaba a filtrarse por los ventanales, tiñendo la mansión de un tono ámbar. El silencio se había reinstaurado en la casa, pero era un silencio distinto, cargado de una calma que ninguno de los dos se habría atrevido a mencionar en voz alta.

Liam, sintiendo que sus músculos empezaban a entumecerse tras la jornada de limpieza, decidió que era momento de descargar la tensión acumulada. Su cuerpo le pedía movimiento, combate, la familiaridad de sus rutinas de entrenamiento que lo mantenían afilado como una hoja. Se dirigió al dormitorio con paso firme, planeando cambiarse a ropa deportiva para practicar en el jardín trasero, donde el césped descuidado pero amplio le daría el espacio necesario para despejar la mente.

Al abrir la puerta del dormitorio, sus pasos se hicieron instantáneamente silenciosos.

Victoria no estaba en la cama, ni de pie frente a sus archivos financieros. Estaba sentada en su escritorio, con la cabeza apoyada sobre sus brazos cruzados encima de un grueso tomo de estrategias corporativas. Su respiración era profunda y rítmica, un sonido casi imperceptible que le indicaba que el cansancio, tras horas de escudriñar números y mantener su impecable fachada, finalmente le había pasado factura. Se había quedado profundamente dormida, desplomada en su puesto de mando.

Liam se quedó inmóvil en el centro de la habitación, observándola. Por primera vez, Victoria no parecía la heredera implacable que controlaba el destino de las finanzas del bajo mundo. Sin la máscara de frialdad y con el rostro relajado por el sueño, lucía extrañamente joven, casi desarmada. El suave movimiento de su pecho al respirar y la forma en que su cabello le caía sobre los hombros le daban una humanidad que lo descolocó por completo.

La brisa de la tarde empezaba a colarse por una rendija del ventanal, trayendo consigo el aire fresco y húmedo del bosque que rodeaba la propiedad. Liam sabía que, al caer la noche, la temperatura en esas colinas bajaba drásticamente y el frío se volvería punzante.

Sin pensarlo demasiado, impulsado por un instinto que no recordaba haber sentido nunca, Liam se acercó al pie de la cama. Tomó una manta de lana gruesa que estaba doblada al borde del dosel. Se aproximó al escritorio con pasos tan ligeros que ni siquiera las tablas del suelo crujieron bajo su peso. Con una delicadeza que contrastaba con sus manos entrenadas para el daño, cubrió los hombros de Victoria con la manta, asegurándose de que quedara bien arropada.

Se detuvo un segundo allí, observando cómo ella se removía levemente bajo el abrigo, buscando más calor, pero sin despertar. Liam sintió un calor extraño en el pecho, algo que no tenía nada que ver con el ejercicio físico.

Se alejó, regresando a su sección del armario —su arsenal— para cambiarse. Se deshizo de su ropa de trabajo y se puso una camiseta deportiva ajustada y unos pantalones tácticos ligeros, cómodos para el movimiento. Antes de salir, lanzó una última mirada hacia el escritorio, asegurándose de que la manta estuviera firme, y luego se deslizó hacia la puerta.

El jardín lo esperaba, pero su mente, por primera vez, no estaba enfocada exclusivamente en sus dagas. Al salir al aire libre y comenzar a estirar los músculos bajo la luz del atardecer, Liam se encontró pensando en que, cuando regresara de entrenar, el silencio de la mansión ya no se sentiría tan solitario. Había alguien durmiendo al otro lado de la puerta, y eso, aunque fuera peligroso admitirlo, le daba una razón extra para querer terminar su entrenamiento y volver a entrar.

El aire en el jardín trasero estaba cargado del aroma a tierra mojada y pino, un entorno que normalmente le otorgaba a Liam la claridad necesaria para ejecutar cualquier misión con precisión quirúrgica. Pero esta tarde, cada golpe que propinaba al poste de madera improvisado como dummy de entrenamiento se sentía diferente.

Liam ejecutaba sus secuencias de ataque con una velocidad sobrenatural, el silbido de sus dagas cortando el aire era el único sonido que rompía la quietud del bosque. Sin embargo, su mente era un campo de batalla mucho más caótico que cualquier escenario de combate.

Se detuvo en seco, con el pecho agitado y el sudor recorriéndole las sienes, mientras su mano derecha permanecía aferrada a la empuñadura de una de sus dagas. Cerró los ojos, intentando estabilizar su respiración, pero la imagen de Victoria dormida en el escritorio volvía a proyectarse en sus párpados con una nitidez desconcertante.

"¿Qué rayos te está pasando?", se cuestionó con ferocidad.

Se sentía fuerte. Una potencia nueva, una adrenalina más pura y explosiva que la del peligro, le recorría el sistema nervioso. Era una sensación de invencibilidad, como si la sola existencia de Victoria en la habitación de arriba le otorgara una razón para ser más rápido, más letal, más capaz. Era una fuerza que no provenía del entrenamiento, sino de una devoción que empezaba a echar raíces en su conciencia de asesino.

Pero, al mismo tiempo, esa fuerza lo hacía sentir aterradoramente débil.

Liam miró sus manos, las mismas manos que habían sido entrenadas para no dejar rastro, y se dio cuenta de que ahora estaban marcadas por la necesidad de protegerla. Sentía miedo. No el miedo a la muerte, que para él era una constante conocida, sino el miedo a la fragilidad que representaba ese pequeño acto de haberla cubierto con la manta. Se dio cuenta de que, si ella se rompía, su propio mundo, recién construido sobre la base de esa convivencia forzada, se desmoronaría por completo.

Esa vulnerabilidad lo hizo tambalear. Un asesino no debería tener puntos ciegos, y Victoria Vance se estaba convirtiendo en el suyo.

—No puedes permitirte esto —se susurró a sí mismo, con la voz ronca por el esfuerzo y el conflicto interno—. No es una aliada. Es tu esposa por contrato.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.