Alianza de Cristal

Capítulo 19: El fantasma del pasado

El lunes por la mañana trajo consigo un regreso obligado a la rutina exterior. Tras un fin de semana encerrados en la mansión de los fundadores, lidiando con treguas frágiles, tareas domésticas y la tensión constante de su convivencia forzada, Victoria y Liam tuvieron que abandonar temporalmente el refugio para presentarse en el St. Jude Academy.

Para Victoria, la "nueva normalidad" debía ser un retorno absoluto al control. A bordo del vehículo, con el uniforme impecable y la postura rígida, se juró a sí misma que dejaría atrás el caos mental del fin de semana. El contrato era un negocio; su vida académica y social, un terreno que dominaba a la perfección.

Sin embargo, esa ilusión de control se desmoronó en el preciso instante en que cruzó las grandes puertas de roble de la entrada principal de la academia.

—Vaya, valla... tardaste más de lo habitual en llegar, Victoria. Empezaba a preocuparme de que te hubieras mudado al exilio voluntario.

La voz, suave, impecablemente articulada y cargada de una familiaridad de años, la hizo detenerse en seco. Victoria sintió que el suelo se le movía bajo los pies.

Al pie de la escalinata de mármol del vestíbulo estaba de pie Julian Vance —o mejor conocido en los círculos de la alta sociedad y en las canchas de baloncesto como el rival histórico de Liam—. Julian llevaba el uniforme del instituto rival perfectamente ajustado, el cabello rubio ceniza peinado con una elegancia milimétrica y una sonrisa cálida que en el pasado solía hacerle acelerar el corazón.

Julian no era un desconocido; era el amigo de su infancia, el chico con quien se había jurado un amor inocente cuando apenas tenían doce años. Desde entonces, habían compartido mini citas clandestinas entre bibliotecas y jardines privados, tejiendo una promesa de un futuro juntos que sus familias jamás habían aprobado, pero que ellos guardaban como un tesoro sagrado.

Y lo que nadie más sabía —el secreto más oscuro que compartían los bajos mundos— era que Julian, detrás de su fachada de estudiante modelo y heredero impecable, era Shadow: el segundo mejor asesino de todo el inframundo, el único nombre capaz de disputarle el trono y la reputación al mismísimo Ghost. En la cancha de baloncesto de la preparatoria eran las estrellas indiscutibles de escuelas contrarias; en las sombras, eran depredadores compitiendo por la misma presa.

—Julian... —logró murmurar Victoria, con los ojos abiertos de par en par, sintiendo una punzada de culpa y sorpresa agolpársele en el pecho.

Julian dio un paso al frente, acortando la distancia con la gracia refinada que lo caracterizaba, mucho más formal, pulcro y serio que el descarado y caótico Liam. Estiró la mano para rozar con suavidad el mentón de Victoria, como solía hacerlo en sus viejas citas de la infancia.

—Te extrañé, Vic —susurró Julian con genuina devoción en la mirada, ignorando por completo a los estudiantes que pasaban a su alrededor—. Sé lo de los acuerdos del consejo mafioso y el estúpido contrato de matrimonio. Pero sabes que nuestro juramento sigue valiendo más que cualquier papel firmado por viejos tiranos. Estoy aquí. Podemos solucionar esto.

Victoria sintió que el aire se le atragantaba. Estaba atrapada entre el pasado que había amado incondicionalmente y la peligrosa realidad que ahora compartía con Liam.

Justo en ese momento, un paso pesado y arrastrado resonó a sus espaldas. Liam acababa de entrar por las puertas dobles, con las manos en los bolsillos del pantalón y la mirada oscura, fría y letal clavada directamente en la escena que se desarrollaba frente a él. Al reconocer al instante al rubio impecable que tenía enfrente, una sonrisa torcida, peligrosa y llena de veneno se dibujó en los labios de Ghost.

La guerra fría escolar y criminal acababa de estallar en el vestíbulo del St. Jude




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