Alianza de Cristal

Capítulo 25: Graderías y estrategias ocultas

El último timbre de la tarde en el St. Jude Academy resonó por los pasillos, liberando a cientos de estudiantes que comenzaron a marchar hacia la salida con la prisa habitual de quienes buscan abandonar el encierro escolar. Los grupos de la élite social se dispersaban hacia los estacionamientos privados, donde los autos de lujo esperaban para llevarlos a casa.

Victoria guardó su estilográfica y la libreta negra dentro de su bolso de cuero con movimientos metódicos, flanqueada por Martina y Emilia junto a los casilleros del ala principal. Sin embargo, en lugar de encaminarse hacia la salida principal para abordar el vehículo que las llevaría de regreso, Victoria se detuvo en seco, frunciendo el ceño con una profunda sospecha.

A lo lejos, cruzando el patio central hacia el pabellón de deportes, vio una silueta inconfundible: la sudadera oscura con las insignias del equipo de baloncesto y los hombros tensos de Liam.

—Espera un momento... —murmuró Victoria, entrecerrando los ojos mientras lo seguía con la mirada.

—¿Qué pasa, Vic? ¿Acaso tu flamante esposo decidió hacer una parada para comprar café de camino al coche? —preguntó Emilia, acomodándose las correas de su mochila con desinterés.

—No —respondió Victoria, con la voz teñida de genuina perplejidad—. No va al estacionamiento. Va al gimnasio cubierto.

Martina dejó escapar una exclamación de sorpresa, abriendo los ojos desmesuradamente.

—¿Estás segura? Eso es imposible. Liam odia las actividades extracurriculares obligatorias del instituto; siempre se salta las prácticas de los lunes bajo el pretexto de sus "reuniones corporativas" con los directivos del patronato. Verlo pisar una cancha fuera del horario estrictamente necesario es como ver llover oro.

Victoria sintió que la curiosidad analítica se mezclaba con una punzada de alerta. Si Liam estaba rompiendo sus propios patrones de conducta habituales —esos que ella misma había comenzado a documentar en su diario táctico—, significaba que la presión acumulada durante el día lo estaba carcomiendo por dentro. Necesitaba quemar adrenalina. Necesitaba un escape físico para apagar el fuego de los celos y la frustración que arrastraba desde la mañana.

—Tenemos que ir al gimnasio —sentenció Victoria con una media sonrisa calculadora, colgándose el bolso al hombro—. Quiero ver con mis propios ojos cómo se desmorona su fachada de chico rico intocable cuando se pone bajo presión. Además, necesito más material para el diario.

Martina y Emilia intercambiaron una mirada de complicidad y una sonrisa divertida.

—Por supuesto que sí. Vamos a espiar al capitán —aceptó Martina de inmediato, dando media vuelta para seguir los pasos de Victoria hacia el pabellón deportivo.

El gimnasio cubierto del St. Jude era una estructura imponente con suelos de parqué brillante, gradas retráctiles de madera y un techo alto con vigas de acero. A esa hora, el lugar estaba prácticamente vacío; el equipo de baloncesto tenía una sesión privada de entrenamiento físico convocada a última hora por el propio capitán, una orden que había desconcertado tanto al entrenador como al resto de los jugadores.

Victoria, Martina y Emilia ingresaron sigilosamente por una de las puertas laterales traseras y subieron con discreción hasta las últimas filas de las gradas superiores. Desde allí arriba, ocultas por la penumbra de la estructura metálica, tenían una vista panorámica perfecta de la cancha central.

En el centro de la duela, Liam ya se había quitado la sudadera, quedando con una camiseta de tirantes negra que dejaba al descubierto sus brazos marcados y la tensión en cada músculo de su espalda. Tenía el cabello revuelto por el sudor y sostenía un balón de baloncesto entre las manos, botándolo contra el suelo con una fuerza rítmica y ensordecedora que rebotaba en las paredes vacías del recinto.

—Vaya... debo admitir que el chico sabe cómo montar un espectáculo privado —susurró Emilia en un tono bajo, apoyando los codos en la barandilla de madera para observar mejor—. Si no supiera que es un asesino en potencia con un contrato matrimonial forzado, diría que es el sueño dorado de cualquier chica de la academia.

—Céntrate, Emilia —le recriminó Victoria en un susurro seco, aunque sus propios ojos no se apartaban ni un solo segundo de la figura de Liam en la cancha.

Abajo, el resto del equipo —unos diez chicos del selecto grupo de la preparatoria— intentaba seguir el ritmo frenético que Liam les había impuesto. Pero era evidente que el capitán no estaba entrenando para un partido; estaba entrenando para destruir algo.

Cada pase que daba era un proyectil; cada vez que entraba a la canasta, lo hacía con una agresividad implacable, esquivando a sus compañeros como si fueran enemigos reales en un callejón oscuro y no simples estudiantes de secundaria. La fachada de chico rico, educado y despreocupado se había esfumado por completo, reemplazada por la intensidad cruda y salvaje de Ghost.

Jessica, que se había quedado al margen de la cancha con su uniforme de animadora esperando llamar su atención, intentó acercarse a él con una botella de agua y una sonrisa ensayada cuando el equipo hizo una breve pausa para respirar.

—Liam, te ves agotado, deberías tomar un respiro... —empezó a decir la chica con voz almibarada, estirando la mano para tocarle el brazo.

Pero Liam ni siquiera la miró. Con un movimiento seco y cortante, dio un paso al costado, ignorando por completo su presencia de una manera tan descarada y fría que Jessica se quedó con la mano en el aire, humillada frente a todos los jugadores del equipo.

—Sigan con los ejercicios de marcaje en zona —ordenó Liam con una voz ronca, fría y autoritaria que resonó en todo el gimnasio, disuadiendo cualquier otro intento de acercamiento—. El que baje el ritmo se va a los vestidores. ¡Ahora!

Desde lo alto de las gradas, Victoria abrió su libreta negra con una mano, mientras sostenía la estilográfica con la otra. La luz tenue de las lámparas del gimnasio apenas iluminaba las páginas, pero ella no necesitaba claridad visual para saber lo que estaba presenciando. Su mente estaba registrando cada detalle con precisión de auditor.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.