Alianza inesperada

Capitulo 2

El sol caía con furia sobre la luna desértica de Tharis, un lugar olvidado por la República y evitado incluso por los contrabandistas más osados. La arena ardía bajo sus pies, y cada ráfaga de viento levantaba nubes secas que cortaban la piel. La nave del temible General Grievous yacía destruida igual que la de Marina, un montón de metal carbonizado sobre la arena.

—Hermoso lugar elegimos para estrellarnos. ¿Qué sigue? ¿Caminamos hasta que nuestros órganos se deshidraten?— protesto Marina, mientras secaba en sudor de su frente con un pañuelo.

—Una cazadora tan eficiente como tú debería agradecer el desafío.

—¿Eso fue sarcasmo? —Marina arqueó una ceja, divertida—. ¿Me estás aprendiendo el tono, General?

—La supervivencia no permite lujos como el sarcasmo. Pero en tu caso… hago una excepción.

Ella soltó una carcajada seca, sorprendida. ¿Grievous haciendo una broma? Era algo que no creía que el cyborg fuera capaz de hacer.

Habían caminado por horas, siguiendo la dirección de una baliza remota que Grievous había logrado activar antes de la explosión. Según él, una nave aliada —o lo más parecido a una— podría interceptar la señal en las próximas 24 horas.

—¿Y si no llegan? —preguntó Marina, mientras tomaba la ultima gota de agua de su botella. Debian encontrar rpaido una fuente de agua, aunque lo creia algo imposible. Mirara a donde mirara, lo unico que se apreciaba era un deisero arenoso infinito.

—Entonces morimos.

—Me encanta su optimismo, general.

Grievous no respondió, pero por primera vez desde que lo conocía, no parecía amenazante. Ni letal. Solo determinado. Y eso en cierto modo, le traía tranquilidad.

(...)

El sol de Tharnis colgaba como un ojo abrasador en el cielo sin nubes. La arena caliente, se extendía en dunas infinitas que crujían bajo cada paso. Marina alzó el visor polarizado de su casco y escupió polvo; llevaba horas caminando junto a Grievous sin pronunciar palabra, con la mirada fija en el horizonte. Su cuerpo ya no daba más, necesitaba hidratarse cuanto antes pero aún así en ningún momento se mostró débil.

—Si sabes que no estamos yendo en línea recta

—Nos desviamos para evitar un nido de reptilianos de arena. No querrás encontrarte con uno —replicó Grievous sin mirarla.

Ella suspiró y se agachó tratando de controlar su respiración. Su lengua se sentía seca, y su estómago dolía. Grievous lo miró de reojo pero no dijo ni hizo nada, no era su problema. Luego de unos minutos, ella se recompuso y avanzó.

—¿Que espera General? ¡Vamos! No querrás que le agarre la noche afuera, el frío es muy crudo en estas regiones

El asintió y comenzó a caminar, unos pasos detrás de ella. Un silencio tenso volvió a interponerse entre ellos. Ambos sabían que la alianza era temporal, un acuerdo nacido del apuro y la supervivencia, no de la confianza.

De pronto el aire vibró. Y un murmullo sordo, les hizo detenerse en seco. Grievous alzó la cabeza, sus sensores captando variaciones en la presión atmosférica. Marina se giró hacia el norte. A lo lejos, un muro de arena se elevaba y avanzaban con rapidez hacia ella.

—¿Eso es una tormenta?

—Si, y una colosal. Hay que buscar refugio. Ya.

Sin perder tiempo, comenzaron a correr entre las dunas. Marina jadea sentía sus piernas débiles pero aun así no perdió el ritmo y cada vez se obligaba a correr mas y mas rapido. Grievous la adelantó con facilidad, con sus piernas biónicas quebrando la arena con firmeza mecánica. A lo lejos, una formación rocosa afloraba entre la marea de arena.

—Allí —señaló él.

Llegaron segundos antes de que el infierno se desatara. Se refugiaron bajo una grieta en la roca, apenas lo suficientemente amplia para cubrirlos. Marina se acurrucó en un rincon, con los brazos cruzados sobre las rodillas, mientras observaba a Grievous activar un escudo de contención magnético en la entrada, lo justo para evitar que la arena los sepultara.

La tormenta rugía afuera como una criatura viva. Marina cansada del silencio y la falta de comunicación con su nuevo aliado, alzo la voz sobre el zumbido del viento lo más fuerte posible para que Grievous pudiera escucharla.

—¿Tu misión era un engaño, verdad? No pareces muy sorprendido por la emboscada de los piratas.

—Alguien me quería muerto. Como a ti. El ataque fue... eficiente.

—Así que somos dos peones descartables. —Marina apretó los labios—. Genial.

Un crujido los hizo volver la vista hacia la entrada. Algo reptaba por fuera. Una sombra se arrastró sobre el escudo translúcido, siseando. Marina desenfundó su bláster con rapidez, pero Grievous alzó una mano.

—Es un skarnax, rastrea calor. No dispares... aún.

La criatura olfateaba el aire, tenia un cuerpo alargado cubierto de escamas polvorientas y espinas retráctiles. Su lengua bífida tanteó el campo magnético antes de que, frustrado, se alejase lentamente desapareciendo en la tormenta.

—Esta lleno de sorpresas, general —murmuró Marina.

—Tú también. —Grievous giró levemente su torso hacia ella—. No confío en ti. Pero si quieres salir viva de este luna, necesitaremos cooperar... por ahora.




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