Aurora.
El silencio de mi habitación se había vuelto sofocante. Las cortinas tupidas apenas dejaban pasar un hilo de luz gris, manteniendo el espacio en una penumbra constante que reflejaba exactamente cómo me sentía por dentro. Llevaba siete días atrapada entre estas cuatro paredes, pase de la celda de un calabozo a convertir mi habitación en una nueva celda, escuchando los pasos severos de mi madre al otro lado de la puerta y los murmullos distantes sobre los preparativos de una boda que me negaba a aceptar.
Sobre el perchero, el vestido de novia colgaba como un espectro blanco, recordándome a cada segundo el destino al que pretendían encadenarme.
Me abrazé las rodillas sobre la cama, con la mirada perdida en la nada, cuando un crujido imperceptible en el marco de la puerta me hizo reaccionar. Eran pasos casi silenciosos
Pensé que era el servicio con la bandeja de comida intacta de la mañana, pero el silencio solo incrementaba la incertidumbre
—¿Rora? —susurró una voz diminuta.
—¿Amada? —mi voz salió rasposa por la falta de uso. Me incorporé de golpe, arrastrandome por el piso hasta llegar junto a la puerta—. Amada, no deberías estar aquí. Si mamá te descubre te va a castigar...
Su voz era un destello a mi alma.
—No me vio nadie, lo prometo. Mamá está abajo hablando con los modistos —dijo, conteniendo el aliento mientras la escuchaba sentarse en el suelo—. Aurora, me encontré a Dante en la plaza.
El nombre resonó en mi pecho como un impacto directo. El corazón se me aceleró violentamente y me abalancé hacia ella, tomándola por los hombros.
—¿Viste a Dante? ¿Cómo está? ¿Está bien? ¿Le han hecho algo?
—Estaba muy asustado... y enojado —respondió Amada, bajando la voz al mínimo—. Me preguntó por ti, le dije que estabas encerrada porque decían que estabas enferma. Me dio esto y me hizo prometerle que te lo entregaría a solas. —dice pasando un sobre echo por ella por los dibujos que tenia garabateados.
Lo abrí con cuidado y saque un papel doblado con prisa, ligeramente arrugado en las esquinas. Reconocí la caligrafía firme y apresurada de inmediato. Mis manos comenzaron a temblar tanto que me costó desplegar la hoja.
Acerqué la nota a la débil luz de la veladora. A medida que mis ojos recorrían cada línea trazada por su mano, las lágrimas que había estado reteniendo durante toda una semana comenzaron a rodar por mis mejillas. Sentí la rabia, el dolor y la desesperación de Dante vibrando en cada palabra. Cuando llegué a la advertencia sobre la villa Bellini, se me cortó la respiración.
«Voy a tirar esa puerta abajo y voy a entrar a la fuerza a sacarte de ese encierro.»
No era una amenaza vacía. Conociendo a Dante, sabía que cumplirá cada palabra si no le daba una señal. Estaba dispuesto a arriesgar su vida, a enfrentarse a mi familia y a desatar una guerra con tal de no perderne.
—¿Qué dice, Aurora? —preguntó Amada, algo curiosa y con una notoria preocupación infantil—. ¿Está enojado contigo?
—No, mi amor —murmuré, secándome las lágrimas con el dorso de la mano y apretando la carta contra mi pecho, sintiendo por primera vez en días un rayo de esperanza—. No está enojado. Viene por mí, por nosotras.
Me erguí en la cama, buscando desesperadamente con la mirada un lápiz y un trozo de papel. El miedo que me había paralizado durante siete días se disipó por completo, reemplazado por la urgencia de responderle antes de que cometa una locura... o para decirle que estuviera listo.
—Mi amor, necesito contarte un secreto, en tú habitación, tienes un pequeño elefante de madera que te regale hace un tiempo ya, debajo de el encontraras una pequeña abertura, ahi encuentras una llave de mi habitación, esta noche cuando todos duerman traela contigo y me abres, nos iremos de aquí sea como sea.
—Rora, tengo miedo. —admite.
—Lo sé yo también, pero iremos al mercado y nos esconderemos en el templo, ya lo he pensado pero necesito que te concentres en lo que te diré, quiero que te prepares una mochila con algo de ropa para tí, el peluche o la muñeca que mas quieras, algo de comida y agua para tí, esta noche tu y yo escaparemos juntas, yo haré que Dante sepa así en unos días va por nosotras.
No tengo que pensarlo, no tengo que dejar que el miedo me paralice, tengo que huir ahora que sé que él esta dispuesto a venir por nosotras, pero también ahora que sé que mi padre no tiene limite alguno con tal de tener lo que quiere, que es capaz de utilizar a una de seis años, es mi decisión final huir para finalmente ponerme del lado de los Bellini y enfrentar a mi padre, si de mi depende el apellido y la rivalidad Ricci morirá conmigo.
#774 en Novela romántica
#304 en Novela contemporánea
romace celos amor prohibido, amor enemigos traicion, romance amor drama
Editado: 16.09.2026