Anthony lo supo del mismo modo en que se saben las cosas irreversibles: el mundo se tensó. No era una presencia física. Era una ocupación. Como si alguien hubiera entrado en una habitación cerrada sin abrir la puerta.
—Está aquí —dijo Anthony, sin levantar la voz.
Evan no respondió de inmediato..Sintió primero. No pensamientos. No emociones humanas. Sintió estructura. Algo que no sentía, pero utilizaba sentimientos. Algo que no odiaba, pero sabía cómo fabricar odio.
Algo que no amaba y por eso no comprendía el amor.
—No es Nathaniel —murmuró Evan— Esto es más antiguo.
La sala se oscureció. No porque la luz fallara, sino porque dejaba de ser necesaria. Y entonces habló. No desde un punto. No desde una forma. Desde todas partes a la vez.
—Anthony Valémont. Evan.
Anthony avanzó un paso.
—No tienes derecho a decir su nombre —dijo— No después de lo que hiciste.
La voz no respondió con ira..Respondió con exactitud.
—Eldermoon era ineficiente..Demasiada libertad. Demasiada fricción. La corrección fue lógica. Su exterminio también.
Evan apretó los puños. Su poder reaccionó pero no encontró emoción que empujar.
—Los mataste —dijo, con la voz quebrada—
Los vaciaste primero y después los rompiste.
Silencio. Luego:
—Murieron sin miedo. Eso es una mejora.
Evan dio un paso al frente, temblando.
—No vuelvas a hablar de ellos.
La entidad porque ya no podía llamarse hombre giró su atención hacia Evan.
—Tú eres interesante..Sientes demasiado.
Por eso tu especie necesita dirección.
Anthony se interpuso sin pensar.
—No lo mires.
—¿Crees que puedes protegerlo? —preguntó la voz— ¿De mí?
Anthony sostuvo la mirada invisible.
—No. Pero puedo elegir no obedecerte.
La entidad hizo algo parecido a una pausa.
—La desobediencia es un error de cálculo.
—No —respondió Anthony— Es una decisión ética.
Por primera vez, la presencia vaciló.
—Las decisiones éticas colapsan sistemas.
—Exacto.
Evan respiraba con dificultad..Cada palabra del enemigo era un empuje sobre su mente,
una presión que intentaba ordenarlo.
—Quiere que cedamos —susurró— No por fuerza por agotamiento.
—No va a pasar —dijo Anthony—.No hoy.
La voz cambió. Se volvió personal.
—Tu imperio caerá. Tus aliados elegirán comodidad. Tu familia será un punto débil.
Anthony sintió el golpe. No lo mostró.
—Tócalos —dijo en voz baja— y no quedará un solo sistema tuyo en pie.
—¿Amenazas?
Anthony alzó la cabeza.
—Promesa.
El silencio se tensó como una cuerda a punto de romperse.
—Te equivocas —dijo finalmente la entidad—
No soy un tirano. Soy una solución.
Evan, con lágrimas contenidas, respondió:
—No. Eres el miedo con palabras bonitas.
La presencia retrocedió. No derrotada. Pero medida.
—Este no es un enfrentamiento —dijo— Es una evaluación.
Y se fue. No con estruendo. No con rastro. Solo dejó algo atrás. Un concepto. Un peso. Anthony cayó de rodillas. Evan lo sostuvo antes de que tocara el suelo.
—Estoy aquí —susurró— No estás solo.
Anthony respiraba con dificultad.
—Ahora lo sé —dijo— No quiere destruirnos.
Evan cerró los ojos.
—Quiere que el mundo decida que él es necesario.
Anthony apoyó la frente en su pecho.
—Entonces esta guerra no se gana con poder.
Evan lo abrazó con fuerza.
—Se gana con humanidad.
Y en algún lugar fuera del tiempo, la entidad registró el dato más peligroso hasta ahora: Anthony Valémont no era controlable.
Evan tampoco. El conflicto había comenzado de verdad.