Así que Anthony hizo lo impensable. Se quedó quieto. Dejó que su cuerpo caminara. Dejó que su boca hablara.
Dejó que su mirada pareciera vacía. Pero por dentro, en ese espacio donde la mente ya no mandaba, el alma empezó a afilarse.
Si no puedo empujar la puerta, pensó voy a aprender cómo está hecha.
Sintió los límites del control como filamentos tensos, no muros. No eran cadenas: eran rutas obligadas. El enemigo no lo dominaba por fuerza absoluta, sino por anticipación. Cada pensamiento que Anthony formulaba era previsto y redirigido.
—Un sistema elegante —susurró la voz— No luches contra él. Sé parte.
Anthony sonrió por dentro.
Elegante pero dependiente.
Y entonces hizo algo nuevo. No pensó en escapar..No pensó en Evan. No pensó en los niños. Pensó en nada. Vacío consciente. Silencio interno. Por primera vez, el control dudó.
—¿Qué haces? —preguntó la voz, apenas alterada.
Anthony no respondió. Porque no había respuesta que interceptar. Mientras tanto, muy lejos de allí y al mismo tiempo peligrosamente cerca Evan ya no esperaba. La guarida del enemigo no era una fortaleza visible. Era un nodo: una estructura enterrada bajo capas de infraestructura robada de Eldermoon, híbrida, viva, llena de mentes cautivas conectadas como circuitos. Entraron sin explosiones..Sin discursos. Sin anunciarse..Aurelian fue el primero en sentirlo. Sus siete años no se reflejaban en sus ojos.
—Aquí duele —dijo— No el lugar. Las personas.
Kael caminaba a su lado, serio, concentrado. Sus dibujos ahora estaban grabados en su memoria como mapas mentales. Escudos, rutas, fallas.
—No nos ve como amenaza —susurró Kael— Nos ve como recursos futuros.
Evan apretó los dientes.
—Entonces vamos a decepcionarlo.
Las luces se apagaron a su paso. No por ataque. Por rechazo. El sistema no podía leerlos del todo. Evan ya no veía el futuro, pero sentía las corrientes mentales como un océano enfermo.
—Anthony está abajo —dijo Aurelian de pronto— Atado pero despierto.
Evan sintió el tirón en el pecho.
—Resiste —murmuró— Estamos llegando.
El enemigo sintió la anomalía casi al mismo tiempo.
—Interferencia no autorizada —dijo— Presencias no previstas.
Anthony sintió el cambio en la presión mental. Algo se tensaba desde fuera.
Evan…
El control reaccionó con brutalidad elegante. Anthony fue llevado al centro del nodo, suspendido en un campo de contención. Su cuerpo rígido, los ojos abiertos, la respiración exacta.
—Observa —dijo la voz— Tu vínculo es una debilidad explotable.
El dolor llegó. No físico. Emocional amplificado. Recuerdos distorsionados. Evan alejándose. Los niños creciendo sin él. Su nombre olvidado. Anthony gritó por dentro. Y entonces respondió. No con fuerza. Con verdad.
Eso no es el futuro, pensó. Eso es tu deseo.
La voz vaciló una fracción de segundo. Suficiente. La entrada colapsó detrás de Evan, Aurelian y Kael. El nodo reaccionó tarde. Demasiado tarde.
—¡Papá! —gritó Aurelian.
Anthony lo oyó. No con los oídos. Con el alma. El control se tensó como una red a punto de romperse.
—No —ordenó la voz— No mires. No sientas. No.....
Demasiado tarde. Aurelian alzó la mano. No atacó. Ancló. Kael cerró los ojos y extendió un escudo silencioso que protegió las mentes atrapadas alrededor, evitando que el enemigo usara el dolor colectivo como arma. Evan avanzó. Cada paso era un acto de amor furioso.
—Suéltalo —dijo, con una calma que daba miedo— No es tuyo.
La presión mental explotó en el espacio. Anthony cayó de rodillas, libre solo un segundo… pero consciente. Levantó la cabeza. Sus ojos encontraron los de Evan. Y en ese instante breve, eterno el enemigo comprendió su error. No había capturado a un líder. Había secuestrado a alguien irrompible porque no estaba solo.
—Esto aún no termina —rugió la voz.
Anthony, jadeando, apoyó una mano en el suelo… y sonrió.
—No —dijo, con su propia voz al fin— Ahora empieza de verdad.
Y mientras el nodo comenzaba a fracturarse desde dentro,
el enemigo entendió algo demasiado tarde: Había permitido que el amor entrara en su sistema. Y eso eso no se podía controlar.