Amantes de Cristal

La tormenta antes del abismo

Primera parte de la batalla final

No hubo advertencia..No hubo cielo oscureciéndose lentamente ni discursos grandilocuentes..La mansión sintió al enemigo antes de que cualquiera lo viera.

Las luces temblaron. El vidrio vibró con un zumbido grave, casi orgánico. Las paredes que solían responder a las emociones de la familia se tensaron como músculos antes de un golpe..Anthony se puso de pie de inmediato.

—Ya está aquí —dijo.

Evan no preguntó cómo lo sabía. No lo necesitaba. Su piel ardía, como si algo invisible intentara rozar su mente y hubiera encontrado resistencia..Aurelian y Kael dejaron de moverse al mismo tiempo.

—No es uno solo —dijo Kael, pálido— Es una extensión.

Aurelian cerró los ojos. Sus pupilas se iluminaron apenas, no con violencia, sino con una claridad insoportable.

—Viene a reclamar —susurró— No territorio. Voluntad.

El aire del salón se quebró. Como si una grieta invisible se abriera en el espacio, la figura del enemigo emergió sin atravesar puertas ni ventanas. No caminó: ocupó el lugar. Alto, impecable, con una calma que no pertenecía a los vivos sino a quienes se saben inevitables.

—Anthony —dijo con una voz que parecía llegar desde dentro de su cabeza— Has hecho crecer algo que no comprendes.

Anthony dio un paso al frente, instintivamente colocándose entre él y los niños.

—No te acerques.

El enemigo sonrió apenas.

—Sigues creyendo que esto es físico.

Evan avanzó a su lado.

—Y tú sigues subestimando lo que se ama —respondió— Ese fue tu error en Eldermoon. Y será el último.

El enemigo giró el rostro, interesado.

—Ah —murmuró— El que no debía existir aquí.

El desprecio fue inmediato. Pesado. Intentó infiltrarse en la mente de Evan como una aguja helada. No logró entrar. La tecnología de la mansión rugió. Las paredes cambiaron de color, del mármol claro a un gris profundo. El suelo se oscureció. El techo adoptó un azul eléctrico, vibrante. La casa eligió.

—Advertencia —dijo una voz neutra desde el sistema central— Entidad hostil detectada.

—Gracias —murmuró Anthony— Ahora déjalo a nosotros.

El enemigo alzó una mano. Y el mundo se inclinó. El espacio se dobló como si la gravedad hubiera decidido obedecer solo a él. Evan cayó de rodillas por un segundo, sintiendo cómo intentaban arrancarle los pensamientos de raíz. Anthony gritó su nombre.

—¡Evan!

Aurelian reaccionó antes que cualquiera. No levantó las manos. No gritó. Simplemente miró. La presión se detuvo en seco, como si hubiera chocado contra una pared invisible.

—No —dijo el niño— En esta casa no mandas tú.

El enemigo lo observó por primera vez con auténtico interés.

—Así que este es el heredero.

Kael avanzó un paso, temblando pero firme. Sus dibujos siempre guardados, siempre silenciosos se proyectaron en el aire como esquemas luminosos.

—No es solo él —dijo— Somos nosotros.

Anthony sintió algo romperse dentro de sí. No miedo. Orgullo.

—Hora de pelear —dijo.

Anthony atacó primero. No con poder mental, sino con voluntad pura. Todo lo que había construido, todo lo que había perdido, todo lo que se negaba a volver a ser, se condensó en un golpe invisible que hizo retroceder al enemigo por primera vez en siglos. El suelo se resquebrajó. Evan se puso de pie, respirando con dificultad.

—Mi turno.

Su mente no buscó dominar. Buscó sentir. Localizó la frecuencia del enemigo, su núcleo de control, y lo distorsionó. No lo atacó de frente: lo obligó a escucharse a sí mismo. El enemigo frunció el ceño.

—Eso no es posible.

—Lo es —respondió Evan— Cuando no tienes miedo de lo que eres.

Aurelian alzó ambas manos. El aire vibró. Objetos flotaron, pero no caóticamente: se ordenaron, como un sistema solar obedeciendo a un centro. Kael reforzó el campo, creando capas mentales como escudos superpuestos.

—No podemos destruirlo —dijo— Pero podemos desgastarlo.

El enemigo rió por primera vez.

—Niños… —dijo— No entienden. Yo no caigo. Yo regreso.

Extendió su conciencia. Y entonces, todo cambió. Las luces explotaron. Las paredes temblaron. La mansión resistió… pero el impacto fue brutal. Anthony sintió un tirón interno, como si alguien hubiera encontrado una vieja herida y decidiera hurgar en ella.

Vio recuerdos que no había invitado: Su padre mirándolo con desprecio. Eldermoon girándole la espalda. Evan encadenado en un futuro que no había sucedido aún.

Cayó de rodillas.

—Anthony —gritó Evan.

El enemigo se acercó lentamente.

—Siempre fue fácil contigo —susurró—
Porque amas demasiado.

Aurelian gritó..No de miedo. De rabia..La casa respondió. Las paredes se cerraron como alas. El enemigo fue lanzado hacia atrás, incrustándose contra una estructura de energía pura. Kael cayó al suelo, agotado.

—Esto recién empieza —dijo, jadeando.

El enemigo se irguió, intacto, pero con algo nuevo en los ojos..Interés real.

—Bien —dijo— Entonces hagámoslo como debe ser.

El aire se volvió denso. El mundo pareció contener la respiración. Anthony levantó la mirada, decidido, aunque doliera.

—No vas a llevártelos —dijo— Ni hoy. Ni nunca.

Evan tomó su mano. Los niños se colocaron a su lado..Y así, rodeados de una casa que había decidido luchar con ellos, la verdadera batalla comenzó.




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