Amantes de Cristal

Donde el miedo aprende a sangrar

Segunda parte de la batalla final

El enemigo no atacó de inmediato. Eso fue lo primero que inquietó a Anthony.

La entidad permanecía en el centro del salón devastado, erguida entre fragmentos de energía suspendidos, como si el caos no le perteneciera… como si lo estuviera estudiando.

—Interesante —dijo al fin—.No huyeron. No suplicaron. No se quebraron.

Evan apretó la mano de Anthony con fuerza.

—Porque ya no tenemos nada que perder —respondió— Y tú ya no tienes nada que ofrecernos.

El enemigo inclinó la cabeza.

—Eso crees.

El aire se plegó de nuevo, pero esta vez no fue violencia bruta. Fue algo peor. Más sutil.

La mansión empezó a recordar. Las paredes proyectaron escenas que no estaban allí hacía un segundo: salones aristocráticos, miradas de desprecio, titulares de traición, discursos de odio. Eldermoon. La expulsión. El racismo. La humillación pública. Anthony sintió que le faltaba el aire.

—No —susurró.

—Anthony, mírame —dijo Evan con urgencia— Eso no es ahora. Eso ya pasó.

—Pero sigue dentro de mí —respondió él, con la voz rota— Y él lo sabe.

El enemigo sonrió.

—Por supuesto que lo sé..Las mentes más peligrosas no son las fuertes son las culpables.

Aurelian dio un paso al frente.

—Mi papá no es culpable —dijo, temblando—.
Ellos lo fueron.

El enemigo lo miró con una mezcla de curiosidad y cálculo.

—Y tú —dijo— Tú eres la anomalía que no debía sobrevivir.

Alzó la mano. Y apuntó directamente a Aurelian. Anthony reaccionó sin pensar. Se interpuso..El impacto no fue visible, pero fue devastador. Anthony salió despedido contra una pared. El golpe le arrancó el aire de los pulmones y lo dejó de rodillas, con un zumbido ensordecedor en la cabeza.

—¡ANTHONY! —gritó Evan.

Kael perdió el control por un segundo..La energía explotó en forma de ondas caóticas que hicieron temblar la casa entera. Objetos salieron disparados, el techo se fracturó, la tecnología chilló como un animal herido.

—¡Kael, basta! —gritó Aurelian— ¡Así no!

Kael cayó de rodillas, con lágrimas silenciosas cayendo sobre el suelo.

—No puedo perderlos —susurró.

El enemigo rió, satisfecho.

—Ahí está. El verdadero rostro del poder infantil: miedo.

Evan cerró los ojos. Y entonces ocurrió algo distinto. No atacó. No gritó. Simplemente se arrodilló junto a Anthony.

—Mírame —le dijo en voz baja— No me debes fortaleza. No me debes perfección. Solo quédate.

Anthony temblaba. No por el dolor físico, sino porque su mente volvía a traicionarlo.

—Tengo miedo —confesó— De perderme.
De volver a hacerte daño.

Evan apoyó su frente contra la suya.

—Entonces no luches solo —respondió—
Déjame entrar donde él no puede.

El enemigo frunció el ceño.

—Eso no funcionará.

—Sí —dijo Aurelian— Porque tú no entiendes esto.

El niño extendió su conciencia, no hacia el enemigo, sino hacia su familia. Anthony sintió a Evan. Sintió a Aurelian..Sintió a Kael.

No como pensamientos, sino como presencias. El ruido en su mente disminuyó. El enemigo retrocedió un paso.

—No —murmuró— Eso no es control. Eso es…

—Vínculo —completó Kael, levantándose—
Y no puedes romper algo que no quieres poseer.

Anthony se puso de pie con dificultad. Esta vez, cuando lo miró, el enemigo sí sintió algo.

—Te usé —admitió la entidad— Porque eras perfecto. Influyente. Fracturado.
Pero olvidé algo.

—¿Qué? —preguntó Anthony, con la voz firme por primera vez en mucho tiempo.

—Que quien sobrevive a la traición… aprende.

Anthony avanzó. Cada paso era una afirmación.

—No soy tu herramienta. No soy tu puerta. Y no soy tu espejo.

Extendió la mano. No atacó la mente del enemigo. Atacó su narrativa. Las proyecciones se rompieron. Las imágenes falsas se fragmentaron. El enemigo perdió cohesión por primera vez. Evan reforzó el golpe, desestabilizando el núcleo mental. Kael selló las salidas. Aurelian sostuvo el equilibrio.

—Ahora —dijo el niño— No lo destruyas.

Anthony dudó un segundo.

—¿Por qué?

—Porque él necesita caer sabiendo que falló.

Anthony asintió.

—Tienes razón.

El enemigo gritó. No de dolor. De pérdida de control.

—Esto no termina aquí —rugió—.Yo siempre vuelvo.

Anthony lo miró sin odio.

—No —dijo— Tú siempre intentas.

La mansión se iluminó con una energía profunda y estable. El enemigo fue expulsado del núcleo central, arrojado fuera del sistema defensivo como un virus rechazado. Silencio. Solo respiraciones agitadas. Anthony cayó de rodillas. Evan lo sostuvo. Aurelian se abrazó a él. Kael se dejó caer contra una pared, exhausto pero sonriendo.

—Ganamos ¿verdad? —preguntó.

Anthony cerró los ojos.

—No —respondió— Sobrevivimos.

Y en algún lugar, lejos de allí, el enemigo aprendía. La guerra aún no había terminado. Pero por primera vez tenía miedo.




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