Amantes de Cristal

Después del estruendo

La casa tardó en comprender que el silencio había vuelto.

No fue inmediato. La mansión —acostumbrada a responder al pulso emocional de quienes la habitaban— permaneció rígida, expectante, como un animal herido que no sabe si el peligro realmente se ha ido. Las luces no regresaron a su tono habitual; quedaron en una penumbra suave, grisácea, respetuosa del cansancio que flotaba en el aire.

Anthony seguía de rodillas. No porque no pudiera levantarse, sino porque no estaba seguro de querer hacerlo..Evan lo sostenía con ambos brazos, firmes, anclándolo a la realidad. Podía sentir su respiración aún irregular, el temblor contenido que recorría su cuerpo. Anthony no lloraba. Eso era lo que más lo asustaba.

—Ya pasó —susurró Evan— Al menos por ahora.

Anthony negó apenas con la cabeza.

—No —respondió con voz ronca— Lo sentí cuando me tocó la mente..Todavía está ahí.
No él.. El miedo.

Aurelian se acercó despacio, como si temiera romper algo frágil.

—Papá… —dijo— No estás roto.

Anthony levantó la mirada..Había algo en los ojos de su hijo que lo desarmó por completo: una mezcla imposible de infancia y lucidez, de ternura y responsabilidad que ningún niño debería cargar, y sin embargo Aurelian lo hacía sin perder la dulzura.

—Tengo miedo de volver a perderme —confesó Anthony— De no darme cuenta y hacerles daño.

Kael se sentó en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared resquebrajada.

—Eso es lo que él quería —dijo—.Que desconfíes de ti mismo más que de él.

Anthony cerró los ojos.. El silencio volvió a pesar. Entonces Evan habló, sin elevar la voz, sin dramatismo.

—Anthony mírame.

Anthony lo hizo.

—Tú no nos fallaste cuando caíste —continuó Evan— Nos fallarías si no volvieras a levantarte con nosotros.

Anthony tragó saliva.

—¿Y si no puedo?

Evan sonrió, cansado pero real.

—Entonces te sostendremos —dijo—.Como hoy..Como siempre.

Aurelian asintió con energía.

—Yo también —agregó— Aunque digan que soy chico.

Kael alzó la vista, con una media sonrisa melancólica.

—Y yo aunque no hable mucho.

Anthony sintió algo romperse al fin..No fue dolor..Fue la última resistencia. Apoyó la frente contra el pecho de Evan y, por primera vez desde la batalla, lloró. No con desesperación, sino con ese llanto silencioso que nace cuando el cuerpo deja de luchar.

La mansión respondió. Las luces se suavizaron. El color gris se tornó cálido. El suelo dejó de vibrar. La tecnología, como entendiendo, bajó la guardia.

—Bien —murmuró Evan— Eso… eso sí es volver.

Horas después, el salón había sido limpiado lo justo. No reparado del todo. Anthony insistió en dejar algunas grietas visibles.

—Para no olvidar —dijo—.Pero tampoco para vivir atrapados en esto.

Aurelian se sentó en el sofá con una manta demasiado grande para él.

—¿Va a volver? —preguntó.

Anthony fue honesto.

—Sí —respondió— Pero no como cree.

Kael lo miró con atención.

—¿Qué cambió?

Anthony apoyó los codos sobre las rodillas.

—Antes yo era un punto débil —dijo— Ahora soy una frontera.

Evan levantó una ceja.

—¿Eso es bueno o malo?

Anthony esbozó una sonrisa cansada.

—Para él, terrible.

Aurelian bostezó, agotado por todo lo vivido.

—Tengo sueño —murmuró.

Y la cabeza me duele un poquito. Anthony se tensó de inmediato.

—¿Te duele por dentro o por fuera?

Aurelian pensó unos segundos.

—Por dentro —respondió—. Pero no como antes. Es como cuando estás triste por algo que todavía no pasó.

Evan intercambió una mirada con Anthony.

—Eso es nuevo —dijo Evan.

—Sí —respondió Anthony— Y no me gusta.

Kael se encogió de hombros.

—Creo que todos estamos cambiando —dijo— Aunque no queramos.

Esa noche no durmieron juntos..No por distancia emocional, sino por necesidad.

Anthony se encerró en su estudio, rodeado de pantallas apagadas, bocetos incompletos, documentos antiguos del enemigo que había recuperado en fragmentos. Evan se quedó en la habitación principal con los niños, asegurándose de que el vínculo emocional se mantuviera estable.

Anthony no confiaba todavía en su mente..Y eso dolía más que cualquier herida.

—Tengo que entender cómo lo hizo —murmuró, revisando datos—.Cómo entró sin que lo notara.

Un registro llamó su atención. No era técnico. Era simbólico.

—Claro —susurró— No entró por el poder.
Entró por la culpa.

Anthony apoyó la mano sobre la mesa.

—No volverá a usar eso.

Del otro lado de la casa, Evan sentía el eco de esa determinación. La tecnología vibró suavemente, sincronizándose.

—Te está protegiendo —susurró Kael, medio dormido.

—Nos está aprendiendo —corrigió Evan— Y nosotros a ella.

Aurelian murmuró algo ininteligible y se acurrucó más cerca. Evan cerró los ojos. Por primera vez desde la huida de Eldermoon, no sintió urgencia.

Solo preparación. Justo antes del amanecer, una señal llegó..No violenta..No invasiva..Una transmisión encriptada, antigua, residual proveniente de la tecnología robada de Eldermoon. Anthony la vio en su estudio. Un solo símbolo. Uno que reconocía demasiado bien.

—Así que sigues ahí —murmuró.

El mensaje no contenía amenazas. Solo una frase:

La próxima vez no te romperé a ti. Romperé lo que amas.

Anthony cerró los ojos. Cuando los abrió, ya no había miedo. Solo una certeza fría.

—No —dijo en voz baja— Esta vez te espero.

En el piso superior, Evan se despertó sobresaltado, con el corazón acelerado.

—Anthony —susurró.

Aurelian abrió los ojos al mismo tiempo.

—Papá —dijo— La historia todavía no terminó.

Y en algún lugar, lejos de la mansión, el enemigo sonreía, sin saber que por primera vez no era él quien llevaba la delantera.




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