Darla Reyes
Un jarabe sedante es mi mejor aliado.
Mami me va a matar cuando se despierte. Con honestidad, eso es lo de menos; después me las arreglaré para salirme con la mía. Mi misión de encontrar a mi progenitor, el abandonador de madres e hijas, es la prioridad. Después asumiré las consecuencias.
—Jarabe, ¿dónde estás? —murmuro, subida en la meseta—. ¡Ajá, acá está! —emocionada, bajo con cuidado.
Voy directo a la nevera para sacar el jugo de blackberry, el único que le gusta a mamá. Con el vasito dosificador, mido dos cucharadas exactas. Lo agito antes de devolverlo a su lugar. El jarabe lo escondo en el horno, detrás de unos sartenes que casi no se usan. No me voy a arriesgar a devolverlo a su sitio y que me atrapen en plena acción.
—¡Darla! —grita mamá mientras me busca con la mirada—. Ahí estás. No voy a averiguar qué haces despierta tan temprano cuando para ir a la escuela hay que pelear contigo.
—Es que estoy aburrida en ese curso, ya sé todo lo que van a dar. Quiero ir a un grado más alto.
Mi mamá bonita viene y me carga.
—Eso es lo que toca, huracán. ¿Oye te bañaste hueles a jabón nuevo de baño?
—Ajá. Olía raro. Sudé mucho anoche me acosté sin bañar.
—Dejaras esa costumbre de acostate así. ¿Quieres avena con pan tostado?
Asiento repetidas veces. Sus ojitos están rojos. Anoche, casi seguro, lloró. Debe ser culpa del señor no sirve. Le dejo muchos besitos en la mejilla suave. Mis dulces besos tienen que aliviar su corazón. Ella sonríe con amor.
—Con pasas —pido mi avena. En verdad quería un sándwich de tres quesos, pero ni modo.
—Estás muy obediente… ¿qué tramas?
—Nadita… —le doy otro besito.
—Mmm… te voy a creer, de momento. Termino el desayuno me arreglo y nos vamos a la cafetería duraremos todo el día allá.
En tiempo récord, mami termina. Me enfría la avena antes de dármela. Gregory duerme. Hoy anda colaborando a mi favor; mi amiguito peludo no me va a interrumpir. Que siga así, durmiendo como un angelito.
—Come sin ensuciar, por favor.
Como en silencio. Sonrío cuando mami le da el primer sorbo a su jugo. Ella sigue como si nada, fregando los platos, hasta que de repente empieza a bostezar varias veces. Inclina la cabeza a un lado, sacudiéndola, como si tratara de espantar arañas invisibles.
—¿Mami, estás bien? Te estás durmiendo parada —¡sí está dando resultado!
—Sí, mi vida —dice con otro bostezo—. Iré a ducharme, debe ser el cansancio. El agua fría me terminará de despertar. Tú termina de arreglarte para ir a la cafetería.
Mamá apenas puede enderezarse. Casi se cae hacia atrás, pero tambaleándose, logra irse a la habitación. Me termino mi avena.
Cuando voy a buscar a mi mami linda, está acostada, rendida en el mundo de los sueños. La sacudo varias veces para asegurarme.
—Perdón, mami. Tú y el señor no sirve deben estar juntos sí o sí.
Con cuidado, la arropo y le dejo un beso en la mejilla. Desbloqueo su celular (su clave es mi fecha de cumpleaños). Con el dictador de voz le dejo un mensaje a la tía Pamela, por si las moscas. De paso pido un taxi. Saco dinero de mis ahorros para pagar. Es malo tomar el dinero ajeno.
El taxi por fin llega.
—Adiós, mami. —digo bajito. Le doy otro besito en la frente. Me aseguro que Gregory también siga durmiendo y en efecto. Tengo pase libre.
Salgo corriendo hasta la entrada. No hay vecinos chismosos afuera. Qué bueno, así no me acusan.
Como puedo, logro abrir la puerta del taxi y me subo atrás. En un solo instante, me pongo el cinturón. El taxista me mira arrugando la nariz de forma chistosa.
—Hola, pequeña. ¿Dónde están tus padres?
—Lo pedí yo. Solo maneje.
El taxista ajusta esa cosa que creo que se llama retrovisor para mirarme bien.
—No, no. A ver, pequeña… No puedo llevar a una niña sola así porque sí. ¿Tus padres saben que estás aquí? —habla asustado. Lo que me faltaba un taxista miedoso.
—Si no tuviera permiso, ¿cree usted que sería lógico que me dejaran salir? Además, tengo autonomía infantil. Si no sabe qué es, búsquelo; se lo dejo de tarea.
—¿La qué?
—Autonomía infantil. Es el derecho de los niños a moverse con libertad y responsabilidad. No es ilegal si tengo un destino seguro y sé adónde voy.
—No sé, pequeña… Si la policía nos detiene, podrían pensar mal.
—Le daré buena propina.
—¿De dónde sacaste dinero?
—¿Usted le pregunta a todos sus pasajeros de dónde sacan su dinero? No sea policía.
—Esto no me gusta.
—Pues a mí tampoco me gusta que me estén averiguando tanto. Mi papá es un hombre muy importante y, si llego tarde a su empresa porque usted se puso difícil, no quiero imaginar lo que pasará cuando llame para quejarme. Maneje en silencio si quiere volver a ver un huevo bien cocido en su plato.
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Editado: 14.03.2025