Danielle Reyes
¿Me siento mal por lo que le hizo Izan a Tatiana? Sería hipócrita si dijera que sí.
Ella gritó.
Ella maldición.
Ella golpeó.
A mí me gritó insultos que prefiero no repetir en voz alta o en mis pensamientos.
Aun así, Izan se mantuvo campante, a la espera de que terminara su arrebato. Le pasó la carpeta donde quedaba anulada su unión. No le sirvieron los gritos, ni el llanto, ni suplicarle. La ignoró por completo. Solo se enfocó en cargar a nuestra hija y tomarme a mí de la mano.
Tampoco me hacía gracia que le estuviera haciendo ese tipo de humillación. Dada la sorpresa de la escena, me mantuve imperturbable. Todavía no podía creer lo que acababa de oír. ¿Es en serio?
Cuando fue a recogerme a mi casa para ir al jardín, no me dijo nada, aunque sí lo noté muy suelto, los hombros alineados y una sonrisita traviesa en el rostro. Lo último que hizo Tatiana fue subir a su auto y conducir a toda velocidad. Solo espero que no tenga un accidente a causa de los nervios.
¿Qué pasará de ahora en adelante? Izan es soltero. Me explicó que nunca me quiso abandonar. Se sacrificó por mi papá. Este señor Benjamín pronto estará en la cárcel por sus crímenes. Darla se lleva de mil amores con su papá.
Me remuevo en la silla tamborileando mis dedos sobre mi pierna.
En estos meses ha pasado demasiado para mi gusto. Hay un futuro incierto respirando en la nuca, que puede suceder hoy, mañana o quién sabe cuándo, pero que puede llegar de manera inesperada. Y no sé si estoy preparada para enfrentarlo.
Todavía no he tomado una decisión con respecto a qué haré con eso. No tengo planes ni de rechazarlo ni de darle una oportunidad. Aún no lo sé. Mi cabeza es una maraña inquieta que chocan de aquí para allá, incapaz de tomar una posición final.
Un nudo apretado me sacude el estómago. Me quedo suspendida. Paralizada. ¿Qué será de mi vida ahora? Fui tan injusta.
Él también tenía derecho a ser escuchado. Incluso los peores criminales, por más culpables que sean, tienen la oportunidad de dar su versión. Entonces, ¿por qué lo hice? ¿Por no escuché? Las palabras de Perla, dichas días atrás, me azotan con fuerza y me obligan a resoplar. Pero es que tiene razón. Solo me enfoco en mi dolor, como si fuera el único que importa, como si no existiera nada más allá de lo que me duele a mí.
Izan salvo a papá.
Rompió mi corazón para que el de mi padre siguiera latiendo.
Me sentía mal hecha. No era tristeza. Era la sensación de que algo dentro de mí estaba fuera de lugar. Cada recuerdo de los malos tratos se empuja contra el otro y me cuesta respirar. No me duele el cuerpo. Me duele la forma en que pensaba de él. Todos esos pensamientos que terminaban en insultos a su persona ahora me obligan a cambiar de dirección, hacia la gratitud y eso que no quiero mencionar y que mantengo resguardado en un lugar recóndito de mi corazón. Un corazón arrugado,
pero no de pena, sino de haber tenido que aprender a doblarse sin romperse.
Miro hacia la puerta, impaciente por la llegada de Darla e Izan. Izan fue a cambiarse antes de nuestro huracán. Mis ojos regresan una y otra vez al mismo lugar, esperando verlos salir. Sin embargo, quien aparece es una de las empleadas, la hija del ama de llaves. Creo que me dijeron que se llamaba Melina.
—Señoras Reyes —enfoco mi atención a la empleada joven y amable—. Le traigo este jugo de Blackberry me dijeron que es su favorito.
—Muchas gracias —le doy un sorbo. ¡Es la gloria! Por lo menos alivia un poco mi inquietud—. Esta delicioso, gracias otra vez, ¿Melina cierto?
—Si, señora Reyes… —hizo un tipo de reverencia.
—Dime, Danielle, por favor, no es que me moleste el señor a por algo es que.
Me interrumpe.
—Es por respeto. Usted es la nueva señora.
—Eh, creo que hay un pequeño malentendido. No vine aquí a usurpar el lugar de la señora Tatiana. Vine aquí a otra cosa.
—Desprecupese, señora, no tiene que dar mi explicaciones. Sí me disculpa vuelvo sus labores cualquier cosa me llama —otra reverencia más al salir. Me echo aire con las manos. Este tipo de atenciones no son de mi zona de confort. Con un trato de respetuoso y dentro de lo que cabe amable estaría bien.
Percibo pasos de correteo. Esa debe ser mi niña.
—¡Mami! ¡Mami! ¡Mami —Darla corre para llegar a mi. Se sienten mis piernas. Empieza a besarme las mejillas entusiasmada.
Dejo mi jugo a un lado ya que me está salpicando por sus movimientos frenéticos.
—¿Qué pasó, mi amor? ¿Dónde dejaste a tu pare? —noto que trae puesto un short y una camiseta de un equipo de fútbol a su medida.
Creo que está el equipo rival de los atlánticos.
Traidora no le gusta mi equipo.
Pienso algo indignada.
—Lo dejé hablando por teléfono. Esoy recontra feliz, mami. Al parecer mis compañeros me dejaran tranquila. Soy una Leclerc. No me dejaran sin herencia y tomaré el lugar de mando de arquiteca. Y lo mejor. Pelo de araña no es esposa del señor no sirve —aplaude sonriente—. ¿Por qué no estás contenta? El amor de tu vida es libre.
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Editado: 14.01.2026