Amarnos de nuevo

Capítulo 31

Izan Leclerc

Si me borraran la memoria, mi única petición sería que me insertaran en mis recuerdos este día, desde el principio hasta el final. He conseguido viajar al cielo sin morir. Una avalancha chispeante de emociones atiborra mi corazón, como si hubiera tocado algo que no estaba destinado a mí. No puedo sentirme más feliz. Extasiado de dicha.

Mi Danielle está de vuelta.

Mi flor canela floreció mejor que nunca.

En el auto volvimos a envolvernos entre caricias.

No no secreto a voces que he seguido amándola desde la oscuridad. Que libre muchas batallas por no irla a buscar. Tuve que fingir. Ignorar mi corazón para que el amor no me ganará y irla a buscarla No me iba a permitir arruinar nada.

Ahora puedo gritar de nuevo que la amo y no me he cansado de hacerlo.

Todos deben enterarse que siempre ha sido ella quién le da sentido a mi existencia.

No puedo esperar para pasar una velada familiar. Nos debemos muchas, pero poco a poco la recuperaría y recrearía en los recuerdos. Para los tres. Merecianos felicidad en su estado más puro.

Al llegar a mi nueva residencia. Bajo del auto mientras suena una silbo romántica en español. Reviso el celular y veo varias llamadas perdidas de Cillian. Lo mantuve apagado para no interrumpir mi momento con la dueña de mi vida.

¿Qué pasó ahora? Pedí que no me molestaran durante estas horas.

Antes de que pueda devolverle la llamada, me topo con alguien a quien no quería ver.

Tatiana.

Está parada en la entrada, apretando el borde de su abrigo largo.

Iba impecable, cada prenda en su sitio. El cabello arreglado, pero sus ojos la traicionaban, enrojecidos, cansados, como si llevara varios días llorando a puerta cerrada. Un llanto prolongado que parecía haberla secado por dentro.

No quería verla. No cargaba con ánimo de oírla. La típica cantaleta después de una ruptura, las mismas palabras gastadas de siempre. Y más viniendo de ella, que siempre se amparaba en frases de cajón. Además, su comportamiento grotesco aquel día terminó de afinar mis ansias de no volver a verla nunca más. No perdí los estribos por mí, sino por respeto a mis dos amores.

Se lo dejé claro, nuestro matrimonio nunca fue válido. Por eso la envié con sus padres, al lugar del que nunca debió salir. No la detestaba, en el fondo, era víctima de los juegos macabros de Benjamín. Pero aun así, se unía a él y le obedecía en todo.

Consecuencias de la falta de amor de los padres.

—Sé que no me quieres ver. De hecho, nunca quisiste verme, ya lo comprendo. Solo hablemos una vez. Te lo suplico, Izan. Juro no volver a molestarte. No serán ni 5 minutos —sus labios, algo agrietados, tiemblan, en sus ojos apagados se lee la súplica.

Otra llamada de Cillian entra.

La rechazo.

Le concederé estos minutos por cortesía.

Toca cerrar este capítulo amargo de nuestras vidas. Ella también tiene derecho a avanzar.

Espero no venga a causar problemas. De lo contrario no tendré piedad.

Me acerco manteniendo una distancia prudente.

—Perdóname. Siento tanto todo lo que hice. Fui egoísta, me amparé en mi victimismo y nunca quise ver la realidad. Me aferré a ideas de esperanza que me sembraba tu padre —la escucho en silencio, sin interrupciones.

No hay reproche en su voz, solo cansancio. Suena también al que no busca justificarse. Solo a cerrar algo que estaba roto desde que nos conocimos en aquella escena de compromiso.

—Puedes estar tranquila, te disculpo. No considero justo vivir con rencor. Yo solo quiero seguir mi vida con mi familia. Tú también deberías empezar de cero, pero viviendo para ti, no para lo que desean tus padres —baja la cabeza antes de continuar.

—No sé si pueda seguir considerando a esas dos personas mis padres. ¿Sabes qué me dijeron cuando volví a casa? Que no valgo nada, que no sirvo como mujer, que fracasé por no lograr retenerte, que perdieron el tiempo conmigo, que regresé deshonrada.

Siento una leve presión en mi nuca. Tatiana buscó refugio en mí. Su familia nunca la han querido. Solo la ven como un molde que pueden quebrar para moldearlas a su antojo en busca de su beneficio.

—Si eso fuera cierto, los culpables serían ellos por haberte vendido como mercancía —mantengo el tono firme—. Nunca nos quisimos, solo fuimos un trato comercial entre dos personas. Incluso aunque yo no amara a Danielle, nuestra unión falsa no habría florecido en ningún sentido.

Aspira aire con fuerza. Las lágrimas empiezan a rodar por su mejilla. No está preparada para lo que sigue. Es como si las palabras le pesaran.

—Pensé que viviría un cuento de hadas a tu lado, una vida rosa, desayunos en pareja, viajes, caminar de la mano por el jardín, admirar la luna. Me inventé una película para escapar de una realidad donde nunca recibí amor. Creí que si era buena contigo, paciente, si te llenaba de detalles, ibas a amarme. Pero ahora entiendo que el amor no se puede obligar, y menos cuando hay otra persona en el corazón.




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