Amarnos de nuevo

Capítulo 33

Darla Leclerc

Mami.

Mami.

Mami.

Es lo único que nada en mi mente. La quiero a mí lado. Dandome besitos o regaños. No importa.

Esta cama no es mía. Las sábanas son blancas y huelen raro. Me ponen inquieta. Me dijeron que tengo que esperar aquí hasta que me den permiso para ver a mi mami. No me gusta esperar. Apreto fuerte mis manos. No quiero llorar otra vez. Yo solo quiero ver a mi mamá.

La cabeza me da vuelta como un pronto dañado. Es raro y feo. Quiero hablen bajito.

Mi cuerpo se siente cansado. Se va mi papá me abraza. Se calma. Las señoras de blanco me dijeron que debo tener cuidado y no moverme mucho.

Tía Pamela acaria mi cabello despacio. Me siento segura. Fuera del espacio por mí tristeza, pero con el cariño de mi tía en mi pecho. Que duele por la ausencia de la persona que más amo.

Todo iba tan bonito.

La vida estaba comenzando a saber a miel con rosa.

A luciérnagas iluminando el camino de la felicidad.

Casi podría tocar la palabra familia.

Una fuerza más linda tuvo que venir a volver un tollo todo.

Mi mami no despierta.

Se durmió luego del ruido feo.

Necesito a mi mamita. La quiero devuelva. Ella es mi corazón. Me ama tanto. No es justo este dormida. No es una mala persona. Es buena, la mejor madre de la galaxia. ¿Por qué la durmieron sin hacerle daño a nadie? Me quiero ir a su lado. Las enfermeras no me dejan salir.

Yo estoy sano.

Mamá me necesita. Sentirme cerca de su corazón. Así abre sus ojos.

Lloro alto.

Alguien lléveme a verla.

Entiendo ya esa cosa que dicen los adultos de que la vida no es justa. Ahora está siendo hiper mega injusta. Mamá no merece ese daño. Ella es la mejor persona del planeta, la más amorosa, la que más me cuida, la que siempre me da besitos, de buenas noches, por más que esté enojada. Y aunque esté enojada, no puede durar un día así conmigo.

Al tío Rafael y al abuelo no quiero verlos. Si tratan mal a mi papá. No merecen que yo los quiera. No tienen por qué ser así de malo con él. Papi no le ha hecho nada. Evito pensar en ellos.

—Tia, Pam —enderezo mi espalda despacito—. ¿Cuántos días faltan para que despierte? ¿Hoy despierta? ¿Mañana?

—Los doctores no saben, vida de mi corazón, estate tranquila.

¿Será no quiere despertar? Niego como robot descompuesto.

—Todo dicen la misma vaina —me quejo temblando asustada. Cuando la gente adulta oculta cosas algo malo ocurre. Puede que yo mienta para protegerme de mis travesuras. Pero me gusta la verdad. Es como cuando me hablan disfrazado, creen que soy bruta.

—Cálmate, pronto irás a ver a mami —me dice tía Pam, acariciándome el cabello—. Ella te está esperando, para llenarte de amor, mi niña linda.

Niego con la cabeza.

—Nadie me quiere llevar con ella —susurro—. ¿Es por mi culpa?

La voz se me quiebra.

—¿Porque no fui buena?

Intento bajarme de la cama de nuevo, pero tía Pam me detiene enseguida y me aprieta contra su pecho.

—No, amor. No digas eso —me dice bajito—. Nada de esto es tu culpa.

No entiendo por qué los adultos siempre dicen lo mismo cuando algo duele.

—Mamá no le hace daño a nadie —digo, llorando—. Ella es buena. No merece esto.

Tía Pam no responde de inmediato. Solo me abraza más fuerte.

—Shh… no fuerces la garganta, cariño —susurra—. Yo sé.

—La gente mala siempre gana cuando estamos felices. Es injusto. Los buenos somos más.

—No es que los malignos ganen. Son vainas que suceden. Duelen y mucho. Pero demostramos somos más fuertes.

—Vamos a verla —pido, limpio mis mocos y lágrimas.

—En un rato, corazón lindo, tenemos que esperar te de alta.

Regreso a quedar recostada. Me siento inútil. Debo ayudar a que mamá salga de ese sueño. No merezco estar acostada. Ésto no puede ser posible cuando quién más me ama sufre. En ese mundo de sueño debe estar llorando por no verme.

¿Por qué no puedo hacer algo?

Tantas aventuras. Travesuras legendarias. Desastres inolvidables. Y no consigo ayudar a la mejor mamá. La mía.

Soy un huracán en categoría cero.

¿Dónde está papá? Lleva rato sin verme. Lo extraño un montón. Pero creo que también debe estar con mamá.

Parece era que papi va a desaparecer en cualquier momento por cómo se ve.

Alguien toca la puerta despacito como si no quiere interrumpir. Levanto la cabeza. Es una señora desconocida. Es elegante como una primera dama o millonaria de telenovela de las nueve. Pero tiene cara dulce de abuelita que te hacen galletas para alegrar tu día.




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