Unas manitas se apoderaron del costado de su pantalón para llamar su atención. Fabián apartó la vista de la tabla de pedidos para, por fin, prestar atención a la personita que interrumpía su labor. Sonrió con ternura a la pequeña de ojitos negros y cabello castaño claro, despeinado a propósito con los dedos.
Darla estaba de pie frente a él, con el porte orgulloso de una gobernadora que domina todo a su alrededor. Le devolvió la sonrisa.
Usaba su mejor sonrisa —una sonrisa Pro Max, capaz de encapsular a cualquiera bajo sus pies—. Tenía que dar una buena impresión si quería que todo saliera bien en su pequeño, pero muy malévolo plan.
—¿En que te puedo ayudar, pequeña? —pregunta con encanto el hombre de cabello rubio.
—¿Te gustaría una novia por un día? Mi mami es excelente para esa vuelta —la sonrisa de Darla se más grande.
Fabián frunce en ceño algo incómodo. Cuando se levanto en la mañana y se cayó por culpa de su gato, no imagino en sus mejores alucinaciones que una pequeña tan hermosa se pondría en plan de negociadora romántica. Todavía con la sonrisa divertida en los labios se agacha a la altura de la criatura.
—Me encantaría ayudarte, pequeña. Tu mamá debe ser hermosa y una gran persona, pero hay un problema —expresa con suavidad.
Darla lo observa expectante mientras inclina un poco la cabeza.
—No me gustan las chicas —explica él sin sonar rudo—. Soy gay.
Darla el enderezó la cabeza y luego asiente con naturalidad.
—Ya, ¿y el problema?
Fabián no esperaba una reacción dramática, una mirada recelosa o que saliera huyendo. No llegó ninguno de esos escenarios, fue todo lo contrario.
—Solo es una cita —dice Darla con obviedad—. Una cita de amigos, tú invitas, salen un rato y ya. No te estoy pidiendo que te cases con mi mami.
—¿Y para qué me quieres poner a este plan? —Fabián miró algo desconcertado.
Darla se inclinó hacia él, como si compartieran un secreto de Estado. Las personas que iban y veían en la cafetería seguían orbitando en su mundo sin prestar atención a la pequeña charla entre la pequeña huracán de categoría cinco y el apuesto repartidor, que aun no comprendía el simple hecho de prestarle tanta atención a una cosita linda, como si tuviera al presidente de la nación dándole un discurso de mejor oportunidades de vida.
Además si tía Pam aunque regresara del almacén de D & D coffe sabía que no interrumpería incluso se pondría de porrista de su amada niña de cara tierna y carácter de desastre natural.
—Yo soy una cupido —declara con orgullo—. Y tú puedes ser mi mejor aliado. Quiero que mi señor progenitor se ponga hiperceloso de un hombre guapo para que se pongas las pilas o cohetes. En resumen necesito juntar a mis papis.
Fabián soltó una pequeña risa nerviosa.
—No creo que deba meterme en algo así.
Darla frunció el ceño, pensativa. Luego cambió de estrategia. Le daría por el lado de los sentimientos. A las personas siempre le gusta alguien. Todo y cuando sean libres.
—¿Te gusta alguien?
La pregunta tomó a Fabián por sorpresa. Miro hacia todos lados.
—Eso, no es algo de lo que debería hablar contigo.
—No te preocupes —dijo ella, muy segura—. Yo doy buenos consejos.
Se cruzó de brazos con aire profesional.
—Primero investigas cuál es su bebida favorita. También su comida favorita. Luego lo invitas a salir con eso. Así no puede decir que no —Fabián la miraba como si estuviera viendo a una pequeña casamentera de antaño.
—Y no seas tímido —añadió ella—. Así empiezan las citas.
Luego volvió rápidamente a su punto principal: la cita con su mami Dani.
Su papá o señor no sirve, se había convertido en la fusión de una tortuga con un caracol bajo una dosis de diazepam. Fabián era guapo y carismático. Era el puente idóneo para despertar los celos de Izan Leclerc.
Darla necesita con carácter de urgencia a sus papis dandose besitos de amor agarrados de las manos. Recurría a todos los métodos habidos y por haber.
—Por eso digo que solo invites a mi mami. Es una cita y ya —se inclinó un poquito más cerca y bajó la voz—. Además, yo puedo seguir convenciendo a mi mamá de que sigan comprando en tus empresas.
Fabián soltó una carcajada incrédula.
La niña acababa de intentar negociar un trato comercial, usando una cita como moneda de cambio.
Y lo peor era que lo había hecho con una sonrisa encantadora. Él era un romántico empedernido. Estaba a favor del amor sin límites. Entonces por qué no unirse al tierno plan de la cosita dulce. Después de todo le faltaba un poquito de emoción a su rutina.
Izan Leclerc
—Esa es la historia de cómo terminó en una cita con mi mamita —finaliza mi princesa.
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Editado: 31.03.2026