Danielle Reyes
Nunca pensé volver a tener así a mi amorcito. Volver a estar juntos era un sueño imposible. La última vez nuestra relación parecía irremediablemente rota. Pero ahora veo que el dicho de "nunca digas nunca" es una realidad.
Estoy en los brazos del hombre de quien nunca debí separarme. Del hombre junto al que debí quedarme siendo amada.
Con la dicha de ser la mujer más amada por un hombre que solo tiene esos orbes grises para mí. Me ama de una forma tan incondicional que debería ser ilegal. Y me lo merezco.
Este hombre siempre fue para mí. Si es cuestión de destino, no volveremos a fallar. Esta segunda oportunidad será la última que necesitemos. Porque somos uno.
—Te amo —musito.
Acaba de hacerme sentir la mujer más especial del mundo. Incluso después de hacerme el amor, sigue tratándome con una dulzura infinita. Cuidadoso hasta en la forma de respirar.
Sé que está teniendo cuidado porque mi amorcito, en este ámbito, es un poco más...
Mejor lo dejo ahí.
—Te amo mucho más.
Sella mis labios con los suyos. Su mano no deja de deslizarse por mi espalda descubierta. Aspiro el aroma de su cuello. Ese que me relaja y me transporta a los tiempos en que lo conocí.
—Tengo ganas de quedarme así durante horas y horas, hasta que el tiempo se detenga.
—Es una propuesta muy tentadora. Podríamos hacerlo. ¿Quién nos lo impide?
—Nuestro huracán y las responsabilidades de los adultos —rio mientras deposito un beso en su barbilla.
—Como dirías tú, podemos hacernos los locos.
—Me encantaría, pero si esa señorita ya es más tóxica que tú, nos buscaría por cielo, mar y tierra.
—No es justo. Ahora no quiero soltarte. De por sí ya no quería hacerlo.
—No podemos ni debemos. Además, te recuerdo, señor arquitecto, que usted está castigado.
Me incorporo para mirarlo con advertencia.
—Tu castigo no será tan duro como el de Darla. Pero de mi furia no te libras. No creas que tus besos sirven como algún tipo de fianza.
—¿Ah, no, señora Reyes? —sus dedos se deslizan por mi brazo—. Tal vez otra ronda pueda hacerte cambiar de opinión.
Tomo una almohada y le pego con ella.
—Mire, buen fresco. No crea que porque está bueno y da besitos ricos me va a comprar. Apunté para otro lado.
Me atrae hacia él y empieza a bombardear mi mejilla con besos mientras me hace cosquillas.
Río sin control.
No recuerdo la última vez que me sentí tan plena.
Cuando termina con su ardua ofensiva, vuelve a reclamar mis labios.
Nos quedamos mirándonos como dos locos recién enamorados.
—Te extrañé, flor canela.
—Y yo a ti, mi amorcito.
***
Diablo. Soy una dura. Esta batida de guineo me quedó durísima. Bebo otro sorbo rápido. Maisa me espera en la sala. Es su día libre. Todavía sigue en pie lo de formar una amistad.
—El servicio a domicilio de las mejores batidas llegó —anunció risueña.
—Si me van a atender así cada vez que vengo vendré todos los días a esta hora.
—Eres todo y cuando vengas a ayudar. No todos los días ando de esclava —reímos, tomo asiento a su lado.
Me sorprende que hoy lleve una ropa más informal. Las pocas veces que hemos coincidido lleva su ropa profesional. Es un choque nuevo verla con algo diferente. Lo siento de maravilla el enterizo.
La noto más suelta que las otras veces. No sé por qué me daba la impresión de que llevaba días con algún tipo de carga pesada o sofocada por un asunto del trabajo. Aunque no creo que sea lo último. Mi amorcito me dijo que ella disfruta mucho trabajar para él; además, él no es un jefe tirano, no como el de Xóchitl, que la tiene a punto de tirarse de usar uniforme naranja por treinta años por culpa de su jefe.
Lo último que se le ocurrió es que ahora quiere que viva en su casa. Para que también sea su asistente. Se supone que ya solo era una secretaria. Esto no se sabe dónde va a parar.
—Cuéntame eso de que volviste con el arquitecto...
Sonrío como a adolescente enamorada. Le doy un sorbo a mi batida. Suelto un suspiro de placer.
—Sí. Nos dimos esa oportunidad, aunque, bueno, no diría oportunidad; retomábamos, retomábamos lo que teníamos.
Maisa sonríe detrás de vaso, eleva las cejas juguetonamente.
—¿Quién diría la que decía que no volvía con el arquitecto ni loca? Parece que anda en una nube. No sabía que tenías hoyuelos. Mira cómo se te marcan.
—Tenía tanto tiempo sin sonreír, de verdad —admito mientras inhalo profundo—. Mi sonrisa era la media. ¿Qué te digo? Regresé a mi verdadero yo. Esta es mi vida, mi felicidad, con gente nueva a mi alrededor, empezando por ti. De verdad, gracias, Maisa, por todo lo que hiciste. Fuiste pieza clave para ayudar a la justicia por mi papá.
#21 en Novela contemporánea
#24 en Novela romántica
romance segundas oportunidades, amor drama humor, niña genio travesuras
Editado: 09.06.2026