Amor al alba

Tres

Vuelvo a pestañar creyendo que solo era una alucinación

 Un espejismo creado por mí misma ante el miedo de ser violada, pero no fue así

Ese hombre estaba delante de mí, construyo una barrera entre el señor Siling y yo.

 Se lo agradezco en el alma.

- General Felixus, que alegría verlo en esta esplendida noche, lamento el inconveniente que acaba de ver... yo

- No hay nada que explicar señor Siling, solo vi que usted estaba tratando de estar con una joven y esta no le permite ser... el hombre que usted es.

- Si, que bueno que lo entiende gene- 

- Es mejor que se aleje ahora mismo de esta dama si no quiere tener problemas conmigo y que no lo vea acercarse a otra, si no, lo deshonrare delante toda Inglaterra y su esposa sabrá qué clase de ... hombre duerme al lado de ella en sus aposentos- hablo con una voz firme y tersa, pero en ningún momento levanto la voz.

El señor Siling me miro con odio y después con terror al general, para darse media vuelta e irse sin decir ni una palabra

El general es un hombre en todo sentido de la palabra.

"Pero no te ilusiones, ese hombre jamás te notaria" dice la vocecita dentro de mi cabeza y le doy toda la razón.

- Lo siento mucho señor - digo cabizbaja y llena de pena.

- ¿Pides perdón por el hecho de que casi te violan?

- No, no señor- tartamudeo, estoy tan nerviosa y ni siquiera se la razón de por qué pido perdón o del por que estoy tan nerviosa.

- Levanta la mirada cuando te diriges a otra persona, no muestres debilidad, pequeña dama- habla tan hermoso, refinado, pero a la vez escéptico y mandón.

Con duda en mi sistema levanto lentamente la mirada, pero mi cabeza aún sigue gacha

Mirándolo desde este Angulo y más cerca que la primera vez puedo notar más sobre sus rasgos físicos.

Es mucho más alto que yo, llevándome casi dos cabezas de altura, también tiene unos brazos musculosos y anchos, pero no se marcan tanto por el traje que tiene, y una espalda tan amplia que podría esconderme en ella sin problema alguno.

Su tes blanca con nariz refinada le da un toque mordaz, pero sus cejas y ceño fruncido hace que su hermoso rostro se vea impenetrable, amargo con un toque dulzón, pero siempre amargo.

En cambio, su cabello es todo lo contario a su cuerpo y cara, tiene un cabello largo y un poco alborotado, color castaño claro, es como un manantial de agua santa que cae por una gran cascada y te llama a tocarla.

- Cuando haya terminado de mirarme, puede retirarse- su voz en este momento es sebera, como si me acabara de regañar por quedarme viendo su bello semblante.

- Lo siento, señor- volví a bajar la mirada y me retiré con vergüenza.

Mi corazón latía tan rápido que no sé cómo no ha de darme un gran infarto, solo espero que él no lo haya escuchado, me moriría de la vergüenza.

. . . 

Me dirijo hacia la cocina del castillo y una de las cocinaras se me acerca

- Señorita ¿se encuentra bien? no debería estar aquí, se ensuciará su hermoso vestido

 Este vestido me lo regalo él.

Casi fui violada con este vestido

Quiero quemarlo

Como es posible que me haya tratado de ...

Necesito bañarme, necesito irme de aquí

Tengo que volver con mi hermano

No puedo volver a esa casa.

- ¿Lo quieres? - le pregunto a la chica que está en frente de mí, ella frunce el ceño sin poder comprender - ¿quieres el vestido? te lo regalo, solo dame uno de los tuyos para poder irme de aquí.

- Señorita, discúlpeme, pero ¿se golpeó la cabeza? mis vestidos no se comparan ni por el suelo en el que usted tiene.

- No lo quiero, si no lo quieres tú lo quemare

- Pero señorita...

- Por favor.

- No puedo, aunque estaría honrada, si uno de los señores me encontrara con un vestido así, me acusarían de robo.

La verdad la entiendo, una sirvienta no puede tener un vestido como estos en sus aposentos, es lo que nos enseñan a las chicas de muy bajo nivel

Aunque no cedió a quedarse con el vestido si me obsequio uno de los suyos.

Sali del baile como alma que lleva el diablo, pero me detengo al ver al hombre que me salvo de ser violada.

Se ve calmado mirando hacia las afueras de Londres.

Me acerco a él a paso ligero, le hablo con calma y algo de vergüenza

- General Felixus - lo llamo con cautela y este se gira inmediatamente chocando con mi mirada- gracias por haberme ayudado con el señor Siling. Estoy en deuda con usted, pero me temo no tener una cuantiosa fortuna con la cual pagarle el haberme ayudado, sin embargo, espero le sea suficiente el respeto y total gratitud de mi persona lo cual es nada comparado a lo que usted tiene- antes de que pueda decir palabra alguna le hago una reverencia como la que solo un rey de verdadera plenitud y de merecedor puesto se merece, para luego irme sin esperar respuesta.

Él es un rey verdadero, él se gana que el pueblo le considere como el verdadero rey de Inglaterra

Tengo el corazón a galope, las manos me sudan y me tiemblan ligeramente las piernas.

No puedo creer que dijera todo eso sin trabarme, dije casi todo lo que quería decirle, excepto lo más importante y es que siempre lo llevare en mi corazón al saber que aún hay hombres buenos, que son capaces de amar y respetar a una mujer.

Salgo del gran palacio y no sé cómo llegar a mi hogar, está en la costa y a estas horas es muy peligroso, no pienso volver a la casa de los Siling.

Miro a mi alrededor tratando de buscar una salvación, pero no hay nada.

Lo único que hay es un carruaje demasiado lujoso a la espera de uno de los invitados.

Un señor relleno y blanco con mejillas rosadas (lo más probable por el frio que hace) se acerca a mi - disculpe dama ¿usted es la señorita Stron? - 

Nadie se había referido mí de esa forma en mucho tiempo, por no decir nunca.




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