Amor al alba

Cuatro

- Ese imbécil, me las va a pagar.

- No harás nada, lo prometiste- agarro a mi hermano del brazo para detenerlo.

- ¿Cómo pretendes que me quede tranquilo después de que ese mal parido intentara deshonrar a mi hermanita? - Gregory esta furioso, lo entiendo, pero no puedo permitir que la valla en busca del señor Siling, él podría matarlo con una sola orden, no quiero perder a mi hermano.

- Pero no lo hizo, un buen hombre me ayudo.

- ¿Quién fue Meri? ¿fue el anciano que te trajo? Dios si me lo hubieras dicho hubiera tratado mucho mejor al señor.

- No hermano, ese no es el señor que me salvo.

- ¿Entonces quien Mérida Stron? y deja de ocultarme cosas.

- El general, el general fue quien me salvo e hizo que su cochero personal me trajera segura a nuestra casa.

- ¿El general Felixus ?

- Si.

- Lo siento tanto, Meri, perdóname por no protegerte, por no estar cuando de verdad necesitabas un hermano- Gregory baja la cabeza avergonzado.

 Esto no fue su culpa, pero aun así la asume toda.

Ay mi querido hermano.

- ¿Pero que tontearías estas diciendo? ¿Quién fue que le suplico a nuestro abuelo para que me diera un título? ¿Quién es el que usa el tiempo libre el cual es muy poco para ir a verme? y ¿quién es que está pendiente de mí, además, que siempre me escucha cuando hay cosas las cuales se necesitó contar? ¿quién era que robaba comida para alimentarme cuando vivíamos en las calles? ¿quién fue quien sacrifico la perfección de sus piernas, para darle un pedazo de pan a una niña pequeña la cual es su hermanita? 

- Meri, no - lo interrumpo.

- ¿Quién es?

- Yo.

- Eres el mejor hermano del mundo, nunca dudes eso y si lo haces cogeré la tablilla y te daré una buena nalgada- rio y mi hermano después de analizar lo que acababa de decir también se rio.

- No es necesario que digas mentiras cuestionables, iré a mi recamara- se acerca y me da un beso en la frente- me alegro de que estés aquí pequeña.

Quiero refutar sus palabras, pero conociéndolo bien no serviría de nada.

Los Stron somos muy tercos y aunque mi hermano y yo no llevamos el apellido si somos parte de él. Espero que pronto se le pase, que vuelva hacer esa alma brillante y llena de amor.

Ya en mi cama, la cual me queda pequeña, empiezo a recordar mi infancia corriendo por la playa junto a Greg, en el columpio del árbol frente a la casa.

También recuerdo que lo último que vi fue a mi hermano despidiéndose en la entrada con una lagrima bajando por su mejilla. Apenas era una niña de diez años cuando me fui a la casa de los Siling.

Cuando cierro mis ojos me acuerdo de un tiempo más atrás antes de que mi abuelo nos regalara esta casa en la costa.

Cuando yo y mi hermano vivíamos en la calle, en ese tiempo mi padre nos había abandonado, nuestra madre había muerto de una terrible infección y él estaba devastado, hasta el punto de haberse abandonado a sí mismo.

Greg y yo dormíamos en un camino al lado de la calle principal y nos manteníamos con las limosnas que yo pedía junto a la comida que mi hermano robaba, por ello un día lo atraparon y el vendedor le rompió un pie con una vieja tabla, por esa razón mi hermano no puede ir a la guerra y estoy feliz por eso, pero al no poder ir a la guerra está obligado a trabajar en las minas.

Robert Stron, mi abuelo, un día llego con uno de los carruajes del rey, él nos ayudó, nos rescató de las calles, nos llevó a su mansión, nos dio de comer, un techo donde dormir, ropa para bañarnos y nos regaló el hogar que teníamos ahora, también me dio el título de dama de compañía el cual acabo de corromper.

- ¿Dios que hare ahora? - cuestiono a mi Dios, pero no recibo respuestas.

No tengo título y mi hermano apenas puede mantenerse con lo que gana en las minas.

Tendré que hacerle una visita al abuelo.

Me levanto de la cama para asomarme a la ventana, aunque el sol no ha empezado a iluminar el cielo se siente en el aroma que no le falta mucho.

Es algo difícil de explicar, pero el olor del amanecer es mi favorito.

El alba empieza hacer presencia y no puedo evitar volver a pensar en él.

El general Felixus

¿Cuál será su nombre?

Mi corazón salta con más ferocidad de lo normal, al ver al sol dar su primer rayo de luz.

Le mandó un mensaje en compañía de un dulce beso en la mejilla a cuyo hombre jamás llegara.

- Te deseo toda la felicidad que exista en este mundo, aunque jamás podre decir a ciencia cierta si lo eres, espero encuentres aquella tranquilidad, amor y paz que brindas a otros, pero nadie te la brinda a ti.

Mi dulce general

Mi príncipe de armadura dorada.

- ¿Quién está ahí? - un guardia de la reja del hogar de Robert me detiene en la entrada

- Soy Mérida Stron nieta de Robert Stron, vengo a ver a mi abuelo - me tomo el atrevimiento de mencionarme con el apellido de mi abuelo, si no lo hubiera dicho no me hubiera dejado pasar.

- Aguarde aquí- el guardia me lanza una mirada despectiva.

Después de una la exasperante espera el guardia vuelve.

- Lamento la espera señorita Stron, por favor pase- me abre la gigantesca cerca y entro.

Al llegar a la puerta principal me fijo en que un carruaje está a la espera, ojalá el abuelo no tenga compromisos con el Rey, de verdad necesito su ayuda. 

Una joven chica me abre la puerta cuando toco el timbre.

 - Buenos días, el señor Stron está ocupado en este momento, pero me ha ordenado decirle que lo espere. 

- Gracias- hace una pequeña reverencia y se retira.

Observando a mi alrededor me doy cuenta de que todo está igual que la última vez.

Con curiosidad me acerco al pasillo donde están todos los sucesores del apellido Stron los cuales son pintados a los 16 años.

Camino y me fijo en cada cuadro. 




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.