Amor al alba

Cinco

Camino al palacio real

- ¿Porque vamos al palacio real? ¿tan rápido iré a trabajar para la princesa?

- No, de hecho, los únicos días que iras con la princesa serán en bailes, viajes y ocasiones importantes y especiales.

 -Entonces solo lo haré algunos días, pero ¿y los otros que haré?

-Puedes estar en tu hogar, cada que tengas que asistir se te mandaran una invitación para cada evento, los días que estés en la casa refina tus deberes de esposa y madre.

No entiendo cuál es la prisa del abuelo con que consiga esposo, aún estoy en edad de casarme, aunque, lo normal sería que ya estuviera casada y con un hijo de unos pocos años. No tengo desespero por hacerlo porque no he conocido a nadie del que pueda enamorarme, pero si no consigo esposo no podré quedarme con nada.

Si mi hermano llega a morir sería lanzada a la calle porque ningún hombre se casó conmigo y por lo tanto no tengo apellido con qué sostener las propiedades y mucho menos los títulos.

-Entonces ¿por qué vamos al palacio?

-El general cuando vino a verme estaba muy molesto Y como ya te dicho no perdona ninguna injusticia por lo que convocó una junta donde el palacio decidirá qué hacer con Siling.

 -Pero abuelo, sabes que a esos hombres no les importa eso, todos hacen lo mismo en la corte.

-Lo sé pequeña, pero el general Felixus ahora mismo es el hombre más influyente, incluso más que el mismísimo Rey.

Cuando llegamos al palacio unos guardias nos abrieron la puerta al reconocer el carruaje de mi abuelo y nos llevaron hasta una sala enorme.

Esta era tan grande como la sala de un jurado.

- Siéntate al fondo, que nadie se entere de que estas aquí- mi abuelo antes de entrar me lo dice al oído y veo como se aleja hacia otra puerta.

 Me dirigí a los asientos que estaban al lado de la puerta trasera, después de unos minutos la sala empezó a llenarse de hombres junto a ellos está mi abuelo.

 -Hoy iniciamos sesión en contra del señor Siling quién intento quitarle la honra a la señorita Mérida Stron, nieta del consejero real.

El hombre termina de hablar y la puerta se abrió con un estruendo.

 El general Felixus entra con varios guardias agarrando a un señor muy golpeado y gritando.

- Esto es una injusticia, soy un hombre con título, le sirvo al rey con honra y respeto ¿Por qué he de estar aquí?

Veo mi abuelo levantarse y acercarse al señor para darle una golpiza que lo hace caerse.

-Esto es por haber intentado abusar de mi nieta malnacido o me dirás que si tu propia hija la deshonran ¿dejarías al perpetrador con vida? - mi abuelo hizo una pausa y sonrío de manera retorcida - aunque dudo que puedas cometer suicidio portal pecado- todos en la sala se sorprendieron ¿el señor Siling abusaba de su propia hija? me sorprende, sí sabía que la maltrataba, pero ¿llegar a violar a su propia hija? ese es un pecado sin perdón alguno.

 -Pues aquí hacen lo mismo, yo no soy el único.

- No, no lo eres, pero eres el único estúpido que se atrevió a intentarlo con mi nieta- mi abuelo agarró por el cuello, pero en general Felixus hizo acto de presencia y los separó.

-Por tales motivos y pruebas de la verdad que me han dicho, por sus pecados usted será despojado de su título, olvídese de todas sus propiedades y riquezas, será encarcelado de por vida en los calabozos reales- dictamino mi abuelo.

 El señor Siling se puso blanco -vamos señores no nos pasemos de la línea, esa muchacha no vale la pena, tal vez ni señorita sigue siendo, todo esto es solo un juego, por favor vamos a recapacitar las cosas.

 No sé cuándo ni cómo llegué tan rápido donde estaban todos hablando y le di un puñetazo a ese horrible hombre.

El intenta abalanzarse enzima de mí, pero los guardias lo mantienen sujeto.

-Usted es un hombre cruel y despreciable, un violador, ni siquiera merece ser nombrado como un animal rastrero sin palabra y dignidad- la mano me palpita, le di muy fuerte -se merece más que estar encerrado en una celda hasta que se pudra - me acerqué a él y en un susurro le dije -si fuera por mí, haría que le quitaran su "hombría" y lo dejaría desangrándose mientras se lo hago comer a pedacitos.

Me separo con la frente en alto y él me dirijo una mirada de completo miedo -eres un monstruo- dijo Alejándose, pero los guardias aún lo sostenían.

-No, no soy ningún monstruo, soy una señorita y usted es una de las cosas más asquerosas Y repugnantes qué habría de poder existir en este mundo tan cruel.

Salgo de la sala con el corazón en la boca.

Desearía romperle la cara a ese infeliz.

-Hey señorita Stron- pauso mi caminar y me giro para ver quién me llama - ¿está usted bien? – pregunta el general mientras me escanea de arriba abajo.

-General - hago una reverencia ¿por qué acabo de hacerle una reverencia?

-No es necesario que haga una reverencia señorita Stron, no pertenezco la realeza.

-Lo siento señor.

- No te preocupes.

-Dime ¿Te encuentras bien?

-Sí ¿por qué no lo estaría?

- Tu mano está roja y en unos minutos se va a empezar a hinchar.

- No me había fijado.

-Eso fue por la adrenalina, pero fue un buen derechazo -el general soltó una pequeña carcajada lo que me provocó ternura.

- ¿Ha conocido el jardín real?

- No.

- Pues la invitó a dar un paseo - mientras caminábamos sentía mi corazón avasallante de emoción, pero en segundos la voz de mi cabeza volvió a molestar.

"No te enamores"

- Es usted una señorita muy fuerte señorita Stron.

-Por favor dígame Mari.

-Mari, qué curioso nombre.

-En realidad es la abreviatura de Mérida.

-Mérida Stron -lo saboreo - ¿no es pecado cortar tan bello nombre por algo tan simple como Mari?

- ¿Me está llamando simple general?

-Puedes llamarme Felixus y a tu pregunta, jamás llamaría simple a una mujer tan terca, complicada, valiente, risueña y vivas como lo es usted.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.