Amor bajo amenaza

Capitulo 1

I

La ciudad perecía bajo una leve llovizna cuando todo ocurrió. Al rededor de las 21pm, mientras turistas y locales disfrutaban de una noche de verano en la transcurrida Avenue Michigan en la ciudad de Chigado, una explosión sacudió los cimientos de un viejo edificio. Y el caos se desató casi de inmediato.

Los primeros en acudir a la escena fueros los oficiales de policías, quienes se encargaron de cercar la zona. Entre tanto esperaban a que llegarán los bomberos y rescatistas al lugar, comenzaron a interrogar a algunas personas. Los primeros testigos afirmaron haber visto a dos hombres luchar a muerte en una terraza cercana momentos antes de que la explosión ocurriera. Lo cual los colocaba a ambos sujetos como posibles sospechosos.

Para cuando los bomberos llegaron, el edificio entero ya estaba colapsando, hasta derrumbarse completamente. Pasaron horas, rescatando a los afectados de entre los escombros. De los cuales diez personas fallecieron, solo una docena logró sobrevivir sin lesiones y otros presentaban una que otra heridas leves. Pero ademas, bajo los escombros, encontraron dos cuerpos gravemente heridos.

Uno apenas respiraba. El otro estaba inconsciente. Ambos tenían el rostro quemado e irreconocible, y presentaban a su vez heridas graves en sus piernas, abdomen y brazos. Era claro que habían estado demasiado cerca de la detonación, y que habian estado luchando cuerpo a cuerpo. Y eso solo significa una cosa.

Uno de ellos… había detonado una granada. Solo uno era el responsable de la tragedia. La cuestión era identificar quién había sido.

En el Hospital Mount Sinai la doctora Abigail Brown caminaba por el pasillo del área de terapia intensiva con una calma inquietante. Su andar era firme, con una elegancia profesional que la mostraba segura en si misma, aunque la expresión en su rostro dejaba entrever una duda que jamás admitía frente a un paciente.

Tenía treinta y dos años, y su reputación como cirujana plástica había dejado de ser solo una virtud para convertirse en una carga. Era la mejor del Estado de Illinois sin duda alguna y a la primera que llamaban cuando un rostro ya no era uno, aunque eso le costaba noches sin dormir agotandondola física y mentalmente. Reconstruir un rostro no era solo colocar injertos de piel en los lugares afectados, abarcaba mucho más que eso. Era una cuestión de respeto mutuo entre paciente y médico, de transcurrir juntos cada etapa de la transformación.

Luego de un suspiro pesado, empujó con el hombro la puerta ingresando a la sala. El olor a desinfectante se mezclaba con el de la piel quemada, pero a ella eso no le incomodo pues estaba acostumbrada.

—¿Doctora Brown? —la recibió un detective alto, de cabellos negros y ojos cafe. Su miraba estaba tensa al igual que su cuerpo—. Soy el inspector Thomas. Gracias por venir.

Ella asintió.

—¿Qué saben del paciente?

—Lo suficiente para preocuparnos. Tenemos dos sospechosos: dos sicarios que se enfrentaron antes de que uno activara una granada. Uno murió camino al hospital. El otro… —señaló la camilla.

Abigail avanzó unos pasos hasta la camilla.

Allí estaba él sujeto, conectado a una máquina de respiración, que le asistia. La piel del rostro estaba irreconocible, pero por suerte no presentaba sangrado importantes gracias a la acción del equipo médico de urgencias. Aun había mucho por hacer para que ese rostro volviera a verse como el de un humano.

—El testigo al que interrogamos —continuó hablando detective, llamando la atención de la doctora que seguía analizando a su paciente— asegura saber quién activó la granada, pero no pudo identificar a ninguno de los dos en este estado.

—¿Tiene nombre? —preguntó Abigail.

—Uno de ellos sí. El abogado de un tal Raphael Decker afirma que este es su cliente. Dice que Raphael no detonó nada, que solo estaba cumpliendo un “encargo”. —Abigail frunció el ceño escuchando— Y el hombre insiste en que usted es la única capaz de reconstruir su rostro lo suficiente como para que el testigo lo identifique.

Ella lo miró, incrédula.

—¿Quieren usar mi talento como prueba judicial?

—Así es. El juez ya lo aceptó.

—Necesito ver su estado clínico —dijo ella, poniéndose los guantes.

Cuando se acercó a la camilla, el monitor cardíaco subio, indicando un aumento en los latidos, como si el cuerpo inconsciente reconociera la presencia de alguien más cerca suyo.

Abigail colocó una mano sobre el hombro vendado del hombre.

—Raphael Decker… —murmuró, más para sí que para él—. Si realmente eres inocente, si tu no causaste la explosión, te ayudare a demostrarlo.

El hombre abrió un ojo, apenas, pero lo suficiente para mirar a la figura que tenía enfrente. Con dificultad, hablo en un susurro áspero.

—No… fui… yo…

Abigail dio un paso atrás, sorprendida.
Los pitidos de los monitores comenzaron a sonar más rápido. El hombre medio consciente intentó levantarse, pero el dolor lo traicionó y volvió a tumbarse nuevamente en la camilla. Su ritmo cardíaco seguía elevado, pero ella trató de calmarlo colocando su mano en su pecho vendado en una forma de brindarle tranquilidad.



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En el texto hay: narcos, amorprohibo, fbi vs mafia

Editado: 13.02.2026

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