Amor bajo amenaza

Capitulo 3

Habían pasado dos días cuando Raphael despertó.

La anestesia todavía le nublaba la mente. El mundo parecía moverse con lentitud, como si estuviera bajo el agua. Al abrir los ojos, lo primero que distinguió fue una figura frente a él: Abigail Brown.

Sostenía una carpeta roja contra el pecho. Su postura era recta, profesional. Pero en su mirada había algo distinto. No era compasión, sino evaluación.

—Está despierto al fin —dijo ella con un tono medido, apenas teñido de alivio.

Raphael intentó hablar, pero el ardor en su garganta lo detuvo.

—No fuerce la voz —lo interrumpió con firmeza—. Aún está débil. Necesito que me escuche.

Él parpadeó. Sus ojos azules, ahora hundidos y enmarcados por vendajes, se fijaron en ella.

—Soy la doctora Brown. Voy a reconstruir su rostro para que pueda enfrentar el juicio. Eso es todo lo que necesita saber por ahora.

Silencio. El sonido del respirador llenó el espacio entre ambos.

—¿Por... qué...? —logró articular con esfuerzo.

Abigail inclinó levemente la cabeza.

—¿Por qué qué?

—¿Por qué... usted...?

La pregunta no era médica.
¿Por qué alguien como ella estaba allí, tan cerca, sin mostrar repulsión?

Abigail sostuvo su mirada un segundo más de lo necesario.

—Porque soy la mejor en lo que hago —respondió primero, fría, profesional.— Y porque su abogado insiste en que es inocente.

Raphael cerró los ojos. Aquello pareció dolerle más que las heridas.

—No... soy... un monstruo —susurró.

Las palabras no sonaron defensivas. Sonaron cansadas.

Abigail sintió una presión leve en el pecho. Una incomodidad que no sabía clasificar.

—No dije que lo fuera —respondió con sequedad—. Pero sé a qué se dedica.

Eso lo dejó inmóvil.

Que ella lo supiera lo perturbó más de lo que esperaba. No por vergüenza. Sino porque, por primera vez, deseó que alguien como ella no tuviera que asociarlo con sangre.

—Se concentrará en recuperarse —continuó Abigail—. Permanecerá aquí varias semanas. El juez prefiere mantenerlo bajo custodia médica para evitar... inconvenientes.

Raphael dejó escapar una exhalación leve.

—Gracias...

La palabra quedó suspendida en el aire.
Abigail sintió que el ambiente se volvía más denso.

Samuel tenía razón en algo: Raphael Decker no era un psicópata.
Era otra clase de peligro.

Cuando volvió a mirarlo, ya se había quedado dormido. Ella apagó parcialmente las luces antes de salir.

—Doctora Brown, ¿cómo evoluciona el paciente?

Abigail levantó la vista al escuchar la voz del director del hospital.

—Físicamente, estable. Éticamente... no lo sé.

El director cerró la puerta detrás de él.

—Sabía que tarde o temprano se enteraría.

—¿Enterarme de qué exactamente? —preguntó ella, aunque ya intuía la respuesta.

—El FBI no está interesado en encarcelarlo. Lo necesitan.

Abigail cruzó los brazos.

—¿Y por qué ayudar a alguien que quieren tras las rejas?

—No es a él a quien buscan. Es al hombre que está por encima. Su jefe.

El silencio se volvió pesado.

—Somos médicos —dijo ella—. No agentes federales.

El director la observó con una mezcla de respeto y preocupación.

—Tu padre y tu abuelo fueron de los mejores agentes del FBI. La agencia todavía habla de ellos. Muchos esperaban que siguieras ese camino.

Abigail sostuvo su mirada.

—Crecí viendo archivos, fotografías, rostros destruidos por violencia. A mi familia le importaba atrapar criminales. A mí me importan las víctimas.

Se acercó a la ventana.

—Yo no capturo monstruos. Reconstruyo lo que dejan atrás.

El director guardó silencio.

—Pero esto es distinto —agregó ella en voz baja—. Estoy devolviéndole un rostro a quien provoca ese daño. No sé si puedo hacer eso.

El director suspiró.

—A veces salvar a uno es la única forma de detener a muchos.

Ella no respondió.
Porque sabía algo que el director no entendía.
Curar a un asesino implicaba involucrarse. Y toda implicación tenía un precio.

Esa noche el hospital estaba más silencioso de lo habitual. La lluvia había regresado, golpeando suavemente los ventanales del ala norte. Abigail permanecía en su despacho con la historia clínica de Raphael extendida frente a ella.

Radiografías e informes quirúrgicos.
Pero había algo más. Algo que no figuraba en el reporte oficial entregado por fiscalía. Observó con detenimiento las placas antiguas anexadas al archivo digital.



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En el texto hay: amorprohibido, fbi, mafia

Editado: 04.09.2026

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