Mis primos y sus familias llegan a Lima en la madrugada del viernes 05 de julio. Por la costumbre de despertar muy temprano, me mantengo comunicado con el Francisco, quien ha ido, junto con los de seguridad, a recogerlos. Ya cuando está con mis primos, me pasa al Santino, quien es el que está más despierto. Mis primos y sus familias, para que no les afecte tanto el cambio de horario —aunque con Europa no es que sean tantas horas de diferencia—, duermen cuando viajan, por lo que, ni bien suben a los autos, vuelven a pegar los ojos. Sin embargo, el Santino es al que mejor se le da eso de dormir poco, así que está que habla conmigo mientras los autos mueven a mis primos, sus familias y equipajes a la casa de Miraflores.
—Primo, si el viaje ha estado pesado, no se preocupen por acompañarnos a la ceremonia en la municipalidad, ya en el almuerzo nos reunimos —le digo al Santino porque escuché clarita la voz de la Begonia diciéndole que no haga tanto ruido, que no la deja dormir.
—No te preocupes, Avelino. Ya pasan de las 3 a. m., para las 9 a. m., ya todos estarán bien despiertos y con energía. Nosotros queremos asegurarnos de que no quieras huir de la boda civil —El Santino suelta una carcajada y luego se queja de dolor. La Begonia le ha lanzado algo que le pegó fuerte porque entre ellos discuten.
—Mejor los dejo, para que descansen camino a la casa de Miraflores —digo y cuelgo la llamada, no vaya a ser que la Begonia también quiera pelear conmigo porque no la dejo dormir.
Como sucedió para la despedida de soltera, otra vez me botan temprano de la casa de Santa Beatriz. Yo empaco algunas cositas, más que nada los enseres de aseo personal, ya que en la casa de Miraflores está el traje que luciré para la boda civil. Cuando llego, logro saludar a mis suegros y cuñado, quienes están por irse a la casa de la doña, porque ellos saldrán desde ahí acompañando a la Rosalía hacia el municipio. Mi tía me recibe con un beso de buenos días y una enorme sonrisa. Ella está feliz de que inicie la temporada de bodas. Me lleva tomada de mi brazo al comedor para sentarme y servirme el desayuno. Mi tío aparece con una enorme sonrisa para saludarme y acompañarme en la mesa.
—Los recién llegados duermen —susurra mi tío con humor. Este viejo es un jodido, hasta de sus hijos se cuelga para hacer bromas.
—Y los del catering están por llegar —dice mi tía. En mi celular veo la hora, son las 7:36 a. m.
—¿Van a cocinar aquí? —pregunto por lo temprano que vendrán.
—Sí. Ellos traerán unas cocinas industriales que ya vieron en qué parte de la cocina colocarán y empezarán a cocinar lo que presentarán para el almuerzo. Por la hora que nos han citado en el municipio, calculo que la boda empezará a las 11 a.m. La ceremonia civil no dura mucho, por lo que en media hora, a lo mucho, estará terminando. De ahí, estaremos con lo de las fotos por unos minutos más y saldremos del Palacio Municipal al mediodía.
—Para venirnos caminando a la casa —digo mientras termino de masticar un enorme bocado de este triple de palta, tomate y huevo que me han servido y es «manjar de los dioses», como diría el Francisco.
—Avelino, ¿no será mejor regresar en auto? —pregunta mi tía con cara de preocupación—. Rosalía y el resto de damas estaremos con zapatos de tacón.
—Pero si fue idea de mi bonita eso de caminar hacia la casa —digo después de limpiar la garganta con este tecito de frutos rojos que mi tía sabe que me gusta desde que lo probé—. Ella dice que quiere que esa sea nuestra primera caminata como esposos, con Rosaura pequeñita en brazos.
—Bueno, a mí me resulta una idea muy romántica —comenta mi tío.
—Además, la casa no está tan lejos de la municipalidad —agrego. Cuando estoy por tomar otro sorbo del rico té, caigo en la cuenta de que para la Rosalía está bien eso de caminar unas cinco cuadras en zapatos de tacón, pero para mi tía y doña Perla, y quizás para otras mujeres más, el recorrido resultaría cansado—. Sin embargo, usted, tía, con doña Perla y demás personas que así lo quieran, adelántense a llegar a la casa al regresar en auto. Así, cuando lleguemos, tendremos a quienes nos estén esperando con alegría.
La cara de mi tía cambia por completo. Era eso lo que le preocupaba, que para ella, doña Perla y otras mujeres la caminata con tacones no sería muy favorable.
—Francisco también tendría que adelantarse, por lo de las coordinaciones con los proveedores del catering y otros detalles que nunca faltan —añade mi tío, y mi tía Pilar asiente feliz porque ambos nos dimos cuenta de lo que a ella le preocupaba y nunca nos lo diría para no estropear los planes de la Rosalía.
Los del catering llegan, se ubican en la cocina, empiezan a preparar la comida, a organizar el menaje que luego colocarán en las mesas que ya están acomodadas en el jardín. Por la garúa que aparece de imprevisto por estas fechas, se ha colocado un toldo en el jardín, pero uno que es transparente, por lo que deja pasar la poca luz solar que el cielo gris limeño permite, y así tenemos iluminación natural y protección por si cae algo de lluvia.
El decorado en beige y dorado se ve tan fino. Los respaldares labrados de las sillas son muy llamativos y le dan un toque elegante al ambiente que a mí me gusta mucho. Hay flores por todas partes, en tonos blancos y rosas suavecito, lo que hace que el espacio se sienta confortable. Camino hacia el medio, donde está la pista de baile que han preparado para esta tarde, y al cerrar los ojos, soy capaz de imaginarme a mi bonita, con su cabello negrito recogido, su sonrisa decorada por unos hermosos labios pintados de un rojo suavecito y esos enormes ojazos que hoy van a lucir más amarillos que nunca por lo feliz que va a estar.
Editado: 15.02.2026