Amor de Verano

EPISODIO 4: Ya no voy a perseguirlo

Emma

Steisy me mira como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo.

—¿Qué?

—Que vas a encontrar a alguien mejor.

—Eso dije.

—¿Y estás segura?

—Completamente.

—Porque hace cinco minutos estabas a punto de derretirte porque Mateo te guiñó un ojo.

—Eso fue una reacción involuntaria.

—Claro.

Ignoro su comentario y sigo caminando hacia el auto.

No voy a permitir que Steisy arruine mi verano antes de que siquiera haya comenzado.

Además, tiene razón.

Tengo que encontrar a alguien mejor.

Aunque, siendo sincera, en este momento lo único que quiero es llegar al resort, ponerme uno de mis diez bikinis y olvidarme de todo.

Subimos al auto.

Steisy se sienta a mi lado y yo miro por la ventana mientras esperamos.

Escucho una risa.

La reconozco inmediatamente, miro hacia atrás, Mateo está apoyado contra su auto.

Su novia está frente a él.

Ella le dice algo y él sonríe, la toma de la cintura.

Mi estómago se revuelve.

No.

No, no, no.

No quiero mirar, pero lo hago, ella se acerca y se besan.

Aprieto la mandíbula.

Siento cómo algo dentro de mí se rompe.

Verlo con ella es doloroso, pero verlos de la manera que están me rompe más.

Porque una cosa es saber que Mateo tiene novia.

Y otra muy distinta es verlo besarla como si fuera la única persona en el mundo.

Siento calor en la cara.

Mis manos se cierran sobre mis piernas, estoy furiosa con ella, con él. Pero, sobre todo, conmigo.

Porque aquí estoy otra vez, mirándolo, esperando.

Sintiendo algo por un chico que jamás ha sentido lo mismo por mí.

Steisy me observa en silencio.

—¿Estás bien?

Asiento.

—Sí.

Ella no dice nada más.

Recuerdo la secundaria, las prácticas.

Yo sentada en las gradas durante horas solo para verlo jugar, llevándole botellas de agua, bebidas energéticas, toallas.

Incluso una vez me quedé después de que todos se fueron para ayudar a limpiar el gimnasio.

Todavía recuerdo cómo terminé limpiando el piso justo por donde él había pasado.

¿En serio hice eso?

Dios.

Qué vergüenza.

Todo porque Mateo me había sonreído y dicho:

"Gracias, Emma."

Dos palabras.

Dos miserables palabras que en aquel momento fueron suficientes para hacerme sentir especial.

También recuerdo todas las veces que intenté cambiar.

El cabello, la ropa, el gimnasio.

Intentar convertirme en la clase de chica que él pudiera mirar.

Y nunca funcionó.

Porque la verdad era mucho más sencilla.

Él nunca me había visto de esa manera.

Y probablemente nunca lo haría.

Y lo peor es que él lo sabía.

Sabía que estaba ahí, qué iba a sus prácticas, que le llevaba cosas, que me gustaba.

Simplemente nunca le interesó.

Y eso es lo que más me duele.

No es que no se hubiera dado cuenta.

Es que se dio cuenta y nunca sintió lo mismo.

Me arde la garganta, aparto la mirada.

Quiero llorar, gritar, golpear algo.

Pero, sobre todo, quiero dejar de sentirme como una completa idiota.

¿Cuánto tiempo más voy a hacer esto?

¿Cuánto tiempo más voy a correr detrás de alguien que nunca va a correr detrás de mí?

Me seco rápidamente una lágrima antes de que Steisy pueda verla.

Es hora de tomar una decisión, ya no voy a seguir buscando algo que nunca será, esta es la última vez que miro a Mateo como si fuera el único hombre sobre la tierra.

Finalmente lo veo y lo siento, me he mentido todo este tiempo.

Mateo nunca me eligió y no puedo obligarlo a hacerlo, por más que lo quiera, por más que haya esperado.

Por más que haya intentado ser suficiente.

No soy insuficiente porque él no quiera, simplemente no me quiere y tengo que aceptarlo.

Respiro profundamente.

Vuelvo a mirarlo una última vez, él sigue besando a su novia.

Esta vez no aparto la mirada inmediatamente.

Lo observó, esta vez no veo al chico perfecto que llevaba años imaginando.

Veo a Mateo.

Solo Mateo.

Un chico que nunca fue mío y que nunca iba a serlo.

Siento otra punzada de rabia, pero esta vez no es contra él, es contra mí.

Por haber desperdiciado tantos años persiguiendo a alguien que nunca estuvo corriendo detrás de mí.

Y estoy cansada.

—Steisy.

Ella gira la cabeza.

—¿Sí?

Trago saliva.

—Ya no.

Frunce el ceño.

—¿Ya no qué?

Miro hacia el frente.

—Ya no voy a perseguirlo.

Steisy se queda completamente quieta.

—¿En serio?

Asiento.

—En serio.

—Emma...

—No.

La interrumpo.

—Ya fue suficiente.

Me limpio otra lágrima y sonrío, aunque todavía me duele.

—No voy a volver a ir a sus prácticas, ni juegos. No voy a buscar excusas para estar cerca de él. No voy a intentar gustarle.

Steisy me mira con una mezcla de sorpresa y orgullo.

—¿Y qué vas a hacer?

Miro hacia el frente.

—Vivir mi vida, buscar algún pasatiempo hacer algo que deje de hacer.

Respiro hondo.

—Y sobre todo disfrutar mis vacaciones.

Steisy sonríe.

—Entonces será mejor que empecemos.

Asiento.

Quizá todavía me duela, tal vez mañana vuelva a doler, pero una cosa sí tengo clara.

Se acabó.

No porque haya dejado de quererlo, sino porque finalmente entendí que querer a alguien no significa tener que perseguirlo.

Y yo ya no voy a perseguir a Mateo.




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