Amor, dolor, odio y venganza

Capítulo 5: Déjate llevar

 Para muchos puede resultar apresurado el que me haya acostado con Sebastian a días de haberlo conocido, no piensen que me estoy enamorando y que me he entregado por amor, más bien se trata de una conexión sexual que es difícil de esfumar, no es que después de aquí diga que estoy amándolo perdidamente o, eso espero.

Me levanto sigilosa, es sábado y de los días con mayor trabajo para mí, mientras que para él es día de descanso, según me ha contado, así que salir de la cama en silencio para que pueda seguir durmiendo. Por eso me alisto en la otra habitación y después preparo algo rápido de desayunar.

A prisa me tomo un café para menguar un poco el dolor de cabeza y antes de salir le dejo una nota a Sebastian. No tengo miedo de dejar a ese hombre en mi apartamento, me inspira la confianza suficiente para salirme. Espero que cuando vuelva siga todo en orden.

Mi coche me espera abajo y después de coordinar todo con mi asistente, miro por la ventana mientras recuerdo la noche que he pasado. Puedo decir con total franqueza que no me arrepiento de nada, lo disfruté y mi cuerpo me lo agradece esta mañana.

El día trascurre de lo más normal, algo cansado, pero esta vez sin incidentes de por medio. Antes de salirme me encuentro con la agradable sorpresa de que Sebastian me espera en la entrada, haciendo habitual esto.

—Es peligroso que andes sola de noche. —Dice sin bajarse del coche y a la espera de que entre.

—No deberías de preocuparte —exclamo enseguida que entro.

Pensé que después de lo de anoche iba a sentir esa incomodidad que experimenté la primera vez, pero al hablarle me doy cuenta de que no es así, es rara la manera en que lo veo y solo quiero seguir hablando para conocerlo más.

—Gracias por hacer esto, imaginé muchas cosas.

—¿Qué? ¿Creíste que me iba a ir después de conseguir que te acostaras conmigo? Déjame aclararte que no soy de esos hombres.

—No necesariamente, pero es extraño esto, ¿no crees?

—Somos adultos, sabemos lo que estamos haciendo y si tú no estuvieras segura jamás hubieras permitido siquiera que te diera ese primer beso.

—Tienes razón.

—Dejemos que esto fluya y si hay algo más allá, disfrutarlo. Déjate llevar que yo haré lo mismo. —Aprieta mi mano antes de ponerse al volante y llevarme rumbo a casa.

No le doy más vueltas a esto, como él dice, hay que dejar que todo fluya porque me desgasta más tratando de buscarle tres pies al gato, ya he pasado por esto con mi primer novio.

—Estás a salvo. —Estamos ya frente a la puerta y espera a que abra.

—¿Quieres pasar? —Sería descortés de mi parte no invitarlo.

—No necesitas pedirlos dos veces.

Entramos juntos y me sorprendo, una vez más, al darme cuenta de que ha preparado la cena. No quiero ni imaginar cómo se encuentra mi cocina, ya que anoche he conocido sus dotes culinarias.

—Tu cocina se encuentra intacta, alguien más ha cocinado por mí.

—Ya decía yo.

—Deja de recordarme el ridículo que hice anoche en la cocina.

—Te aseguro que de anoche lo menos que recuerdos es eso. —Le lanzo un beso con la mano antes de desaparecer de su vista, necesito ponerme algo cómoda. La etiqueta de la fiesta de hoy me obligo a ir más formal que de costumbre.

—Listo, podemos cenar. —El hombre me mira de arriba abajo deteniéndose más de la cuenta en mis piernas, después regresa a mi rostro y sonríe.

—Lo que me sigo preguntando es, ¿Cómo entraste aquí?

—¿Se te olvida que me dejaste abandonado dentro del apartamento? Lo demás es historia.

Cenamos en calma mientras me cuenta lo que sucedió al no verme en la mañana.

—¿Sabes que me sentí usado? —Hace drama en su tono de voz—, jamás nadie se había ido de ese modo. Actuaste como un ladrón huyendo a media noche.

—No hui, quise dejarte descasar, ya que tenía un evento que requería de mi presencia demasiado temprano.

—Y por eso me dejaste solo —Sigue con su actuación y a mí me causa risa—. Pero ya en serio, me encantó el desayuno y la nota que escribiste para mí, mira donde la he guardado, aquí va a estar siempre. —me muestra su cartera un segundo, después se concentra en seguir disfrutando de la cena que cabe decir que es deliciosa. En algún punto su teléfono suena, pero él hace caso omiso, vuelve a sonar y esta vez lo levanta, teclea algo y lo vuelve a guardar.

—Si necesitar irte por alguna urgencia, créeme que lo voy a entender.

—No hay nada más importante que esta cena que estoy teniendo. —Y al decirlo continúa saboreando la cena conmigo.

Como anoche, la mesa queda limpia y vamos a la sala. Desconozco sus planes y es mi deber proponer lo que deseo.

—¿Te gustaría ver una película conmigo?

—Me encantaría, que no sea algo de horror que me da algo. —Se señala el corazón expresando el pánico que le tiene.

—En eso estamos de acuerdo, elige algo que te guste mientras voy por algo de beber.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.