Amor En Combate

CAPÍTULO 4

Ryder

El gimnasio principal de Blackwood Academy olía a madera pulida, sudor reciente y tensión acumulada.

Las gradas estaban llenas de estudiantes, entrenadores y deportistas de distintos equipos. Algunos llevaban uniformes académicos impecables; otros, chaquetas deportivas con el emblema de sus disciplinas: natación, atletismo, esgrima, taekwondo, entre otros.

Pero el centro de atención seguía siendo el mismo cada año: el Torneo Interacademias.

Las pantallas gigantes colgadas sobre la cancha mostraban el escudo de Blackwood mientras profesores caminaban de un lado a otro organizando listas y carpetas.

Estaba sentado en la parte alta de las gradas, con los codos apoyados sobre las rodillas, observando el movimiento constante del gimnasio.

Mason apareció con dos bebidas en las manos.

—El ambiente huele a estrés competitivo y ambición desmedida —dijo mientras se sentaba a mi lado.

Tomé una de las bebidas sin mirarlo.

—Qué poético.

—Gracias, llevo años perfeccionando mi talento.

Rodé los ojos.

Abajo, los integrantes de Ascend Dojo acababan de entrar.

Uniformes blancos impecables. Espaldas rectas. Movimientos precisos. Parecían haber practicado incluso la manera de caminar juntos.

Scarlett iba al frente junto a Luca.

Y algo en mi cuerpo se tensó al verlo tan cerca de ella.

Lo cual era ridículo.

Scarlett Vale me caía mal desde hacía años. Lo que hiciera, o con quién estuviera, no debería importarme en lo más mínimo.

Luca avanzaba con seguridad, saludando a algunos entrenadores mientras los estudiantes de Ascend parecían alinearse naturalmente alrededor suyo.

Siendo el capitán perfecto.

Ridículo.

Scarlett llevaba el cabello recogido en una coleta alta y una expresión seria, distante. Como si todo lo ocurrido en la fiesta hubiera quedado enterrado bajo capas de orgullo.

No le funcionaba tan bien como ella creía.

—No pongas esa cara —murmuró Mason.

—¿Qué cara?

—La de “quiero romperle la nariz a Luca Moretti”.

—No estoy pensando en Luca.

Mason soltó una risa.

—Claro, y el sensei Hayashi reparte abrazos después de los entrenamientos.

Antes de poder responderle, otra figura apareció por las puertas laterales.

Madison.

Perfecto.

Llevaba la chaqueta negra de Venom Strike sobre los hombros y el cabello rubio cayéndole en ondas suaves por la espalda. Varias personas la saludaron al pasar.

Y ella sonreía.

Como si no hubiera sucedido nada.

Su mirada recorrió las gradas hasta encontrarme.

Entonces la sonrisa desapareció.

Su expresión cambió al instante. La seguridad con la que había entrado al gimnasio se desvaneció apenas nuestras miradas se cruzaron.

La misma reacción del sábado.

La misma que tuvo cuando todo Blackwood descubrió que llevaba semanas engañándome con el capitán de Ascend Dojo.

Apreté la botella entre los dedos.

Madison subió los escalones lentamente hasta detenerse frente a nosotros.

—Ryder.

No respondí.

Mason levantó una mano desde su asiento.

—Qué ambiente tan cómodamente incómodo tenemos hoy.

Ella ignoró el comentario.

—¿Vas a seguir comportándote así?

Solté una risa breve.

—¿Así cómo?

—Como si hubiera cometido un crimen.

La miré por primera vez desde que llegó.

—No. Solo decidiste engañarme con el imbécil más grande de toda la academia.

Su expresión se tensó.

—No fue tan así.

—Claro —asentí despacio, con la mirada fija en ella—. No hace falta que lo niegues. En la fiesta lo entendí perfectamente… sobre todo cuando ni siquiera podías mirarme después de que te pregunté la verdad.

Madison cruzó los brazos sobre el pecho.

—Tú tampoco eras precisamente el mejor novio.

—Y aun así no terminé acostándome con el capitán del dojo rival mientras estaba contigo.

Mason observaba la escena como si estuviera viendo una serie dramática en primera fila.

Madison apartó la mirada.

La incomodidad se reflejó en su rostro antes de subir un escalón más y tomar asiento en la fila superior, manteniendo distancia de mí.

Las luces del gimnasio bajaron ligeramente.

Poco a poco, el ruido comenzó a desaparecer.

Las conversaciones se apagaron mientras el director de Blackwood Academy caminaba hacia el centro de la cancha acompañado por varios entrenadores, entre ellos el sensei Kuroda y nuestro sensei, Hayashi.

El viejo Hayashi mantenía la misma expresión dura de siempre: brazos cruzados, postura firme y una mirada capaz de hacer callar a medio Venom Strike sin necesidad de levantar la voz.

—Bienvenidos al inicio del Torneo Interacademias —anunció el director.

Las pantallas gigantes cambiaron de inmediato, mostrando rankings, estadísticas y el calendario oficial de las eliminatorias.

—Este torneo definirá qué equipos representarán a Blackwood Academy en el circuito nacional. Becas, patrocinadores y permanencia en los programas de élite dependerán de sus resultados.

Algunos estudiantes se tensaron al instante.

Aquí nadie tenía el puesto asegurado.

—Además —continuó el director—, este año las reglas disciplinarias serán mucho más estrictas. Cualquier conducta que perjudique la reputación de la academia afectará directamente el ranking de su equipo. Y eso aplica para todas las disciplinas.

Varias miradas comenzaron a cruzarse entre las gradas.

Los murmullos no tardaron en aparecer.

El director siguió hablando sobre evaluaciones físicas y eliminatorias, hasta que mencionó algo que hizo reaccionar a todo el gimnasio.

—También implementaremos entrenamientos cruzados obligatorios entre dojos, ya que el karate es la única disciplina dentro de Blackwood Academy que cuenta con dos equipos oficiales: Ascend Dojo y Venom Strike.

—¿Qué mierda? —murmuré.

Los murmullos aumentaron de inmediato.




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