Scarlett
La sala central de combate de Blackwood Academy era uno de los pocos espacios donde Ascend Dojo y Venom Strike coincidían oficialmente.
El lugar era amplio, con techos altos sostenidos por estructuras metálicas negras y luces blancas que caían directamente sobre los tatamis distribuidos en secciones. En los extremos se alineaban sacos de golpeo, estantes con protecciones y cinturones organizados por niveles.
El aire siempre se sentía más pesado allí.
Como si cada entrenamiento hubiera dejado una huella invisible sobre el suelo.
El sonido de los pies deslizándose sobre el tatami se mezclaba con órdenes cortas de los sensei y el impacto seco de los golpes, que se hacía cada vez más fuerte al acercarnos.
Los entrenamientos cruzados habían comenzado.
Y eso significaba problemas.
—Si sigues con esa cara, van a pensar que te obligaron a firmar tu sentencia de muerte —murmuró Chloe a mi lado mientras caminábamos por el pasillo interno.
Llevaba un vaso de café entre las manos y una expresión demasiado entretenida para la situación.
—No es una cara —respondí—. Es mi estado natural en este lugar.
—Ajá, “estado natural de quiero asesinar a alguien”.
Le lancé una mirada de advertencia.
Ella simplemente sonrió.
—Admite que esto tiene potencial para volverse interesante.
—Tiene potencial para convertirse en un desastre.
—Eso también.
Empujó la puerta de acceso a la sala central de combate.
El olor a goma, sudor y desinfectante llenó el ambiente de inmediato.
Varios estudiantes ya estaban distribuidos por estaciones de práctica. Algunos trabajaban defensa personal; otros repetían combinaciones frente a los sacos o practicaban desplazamientos sobre el tatami.
Ascend y Venom Strike mezclados en un mismo espacio.
Todavía se sentía incorrecto.
Mi mirada recorrió el gimnasio hasta encontrar a Luca cerca del centro, hablando con el sensei Kuroda.
Llevaba el uniforme perfectamente acomodado, la postura recta y las manos detrás de la espalda mientras escuchaba instrucciones.
—Voy a buscar más café antes de que esto termine mal —dijo Chloe.
—Siempre huyes.
—Siempre sobrevivo.
Me dio un pequeño golpe en el brazo y se alejó hacia el pasillo exterior.
Respiré hondo.
Y avancé.
El sensei Kuroda levantó la vista apenas me acerqué.
Detuve el paso frente a él.
Junté los talones con precisión, alineé la postura y llevé la atención al frente.
Incliné el torso hacia adelante desde la cadera, manteniendo la espalda recta y los brazos a los costados.
Rei.
El saludo formal de respeto.
—Vale.
—Sensei.
Luca permaneció a su lado.
—Hoy trabajarán sincronización básica —explicó Kuroda—. Quiero ver lectura de movimiento, reacción y control del espacio.
Asentí.
Pero mi atención se desvió cuando las puertas de la sala se abrieron otra vez.
Ryder.
Chaqueta negra abierta, uniforme de Venom Strike visible, cabello desordenado y expresión despreocupada, como si nada en ese lugar mereciera realmente su respeto.
Entró acompañado por Mason y otros integrantes de Venom Strike.
El aire se volvió más denso.
Ryder recorrió el gimnasio con la mirada hasta detenerse en mí.
Y luego en Luca.
Perfecto.
—Knight —dijo el sensei Kuroda—. Llegas tarde.
—Llegué.
—Tarde.
—Depende de la perspectiva desde la que lo mire.
Mason se encogió de hombros.
—Yo lo veo puntual.
El sensei Hayashi apareció al fondo del tatami.
Su presencia cambió la energía del lugar.
Alto. Espalda recta. Expresión severa.
—Quiero disciplina —dijo mientras recorría el gimnasio con la mirada—. Si alguien convierte esto en un espectáculo, correrán hasta olvidar su propio nombre.
El silencio fue inmediato.
Kuroda abrió una carpeta y comenzó a nombrar parejas de entrenamiento.
Los estudiantes empezaron a moverse hacia las estaciones marcadas sobre el tatami.
Hasta que llegó nuestro turno.
—Scarlett Vale. Ryder Knight —anunció Kuroda.
El nombre cayó como un golpe seco.
Ryder soltó una risa desde el otro lado del gimnasio.
—Esto mejora cada minuto —comentó con evidente sarcasmo.
Caminé hacia la estación asignada.
Tatami central.
Delimitado con cinta roja sobre la superficie acolchada, amplio, pensado para combate técnico sin distracciones.
El capitán de mi dojo dio un paso al frente.
—Sensei, esta asignación no es óptima.
Kuroda lo observó sin alterar la expresión.
—¿Por qué?
Luca apretó la mandíbula.
—Porque no funcionan bien juntos en combate.
Fruncí el ceño.
¿A qué venía ese comentario?
No tenía sentido que le importara con quién me emparejaban… no después de lo del sábado.
Mucho menos cuando la persona con la que me engañó estaba ahí mismo, dentro de la sala.
Giré la cabeza hacia Madison.
Y por la forma en que tensó la postura, ella tampoco esperaba que Luca me defendiera.
Antes de que el silencio se instalara por completo, Ryder apareció a mi lado.
Como si hubiera estado esperando exactamente esa frase.
—Qué considerado es tu capitán —dijo con burla, lo bastante alto para que varios lo escucharan.
Algunas miradas se giraron de inmediato.
Luca lo ignoró, pero la tensión en su postura lo delataba.
El sensei no reaccionó a la provocación.
Cerró la carpeta con calma antes de hablar con voz firme.
—La intención de esta dinámica es clara: combinar estilos de combate distintos y obligarlos a adaptarse bajo presión.
Recorrió el gimnasio con la mirada.
—Cada pareja fue asignada por una razón. Así que ahórrense las quejas.
El silencio se extendió.
Nadie volvió a hablar.