Amor En Combate

CAPÍTULO 8

Scarlett

El sonido constante de los teclados llenaba el salón de informática mientras la profesora Ramírez explicaba fórmulas proyectadas en la enorme pantalla digital del frente.

Las persianas estaban abiertas y la luz cálida de la mañana se deslizaba sobre las filas de computadoras, iluminando pequeñas partículas de polvo suspendidas en el aire. Afuera, varios estudiantes cruzaban el patio principal con carpetas bajo el brazo y vasos de café entre las manos.

Dentro del aula, la atención era casi inexistente.

Algunos revisaban redes sociales escondiendo el celular bajo la mesa.

Otros conversaban en voz baja.

Y varios deportistas comparaban discretamente los resultados más recientes del torneo interno.

Blackwood convertía cualquier cosa en una competencia.

Incluso una clase ordinaria.

Terminé de ajustar la tabla estadística en mi pantalla y solté aire lentamente.

Velocidad de reacción.

Precisión.

Tiempo de respuesta.

Porcentajes.

Todo reducido a números.

—Juro que si vuelvo a ver una gráfica voy a lanzar esta computadora por la ventana —susurró Chloe desde el escritorio de al lado.

Una sonrisa pequeña apareció en mi rostro.

—Primero tendrías que terminar la actividad.

—Eso suena como un problema para mi yo del futuro.

Giré apenas la cabeza hacia su monitor.

La hoja seguía completamente vacía.

Ni siquiera había escrito su nombre.

—Eres increíblemente irresponsable.

Chloe llevó una mano al pecho, fingiendo ofensa.

—Prefiero el término “espíritu libre”.

Negué con la cabeza, divertida, y seguí trabajando.

La puerta del salón volvió a abrirse.

Ryder y Mason entraron junto al resto de estudiantes que regresaban del entrenamiento matutino. Ambos llevaban los uniformes oscuros de Venom Strike y todavía tenían el cabello ligeramente húmedo después de las duchas del gimnasio.

Mason saludó a medio salón como si estuviera entrando a una fiesta.

Ryder, en cambio, caminó directo hacia los escritorios del fondo.

Hasta que notó el único asiento vacío.

Justo a mi lado.

Perfecto.

Chloe levantó las cejas lentamente mientras él se acercaba.

—El universo realmente quiere divertirse contigo.

—Cállate.

Ryder dejó la mochila junto a la silla y tomó asiento con tranquilidad.

—Buenos días, princesa.

No levanté la mirada de la pantalla.

—Knight.

—Qué recibimiento tan conmovedor.

—Sobrevivirás.

Escuché una risa baja a mi lado.

Después de unos segundos, la profesora Ramírez volvió a hablar.

—La actividad final será en parejas. Trabajarán con su compañero de al lado. Quiero que analicen una secuencia de combate y redacten observaciones técnicas sobre estrategia, lectura corporal y errores de ejecución.

Varios estudiantes protestaron inmediatamente.

—Profesora, eso suena a trabajo doble.

—Exactamente —respondió ella sin alterarse.

Comenzó a repartir carpetas entre las filas.

Cuando dejó una sobre nuestra mesa, sentí un mal presentimiento.

Ryder abrió el archivo primero.

Fotografías impresas.

Capturas de torneos nacionales.

Secuencias congeladas en medio del combate.

Posturas.

Bloqueos.

Patadas.

Movimientos detenidos apenas un segundo antes del impacto.

—Esto está interesante —comentó mientras revisaba las imágenes.

Tomé una de las fotografías.

Un competidor ejecutaba un mawashi geri, una patada circular lanzada desde la cadera para impactar con el empeine o la tibia en el costado o la cabeza del rival.

—Está mal apoyado —dije.

Ryder giró la imagen.

—¿Por el giro de cadera?

—Por el pie trasero. Mira el equilibrio.

Señalé la postura inclinada del luchador.

—Si el peso cae mal durante el giro, pierde velocidad y queda abierto al contraataque.

Él observó la foto unos segundos más antes de asentir.

—Buen ojo.

—No era difícil.

Una pequeña curva apareció en la comisura de sus labios.

—Claro, porque todos analizan combates como detectives forenses.

Ignoré el comentario y tomé otra imagen.

Dos luchadores en pleno intercambio de kumite, la modalidad de combate donde se enfrentan aplicando ataques controlados y técnicas puntuables.

Uno avanzaba.

El otro retrocedía apenas.

—Aquí perdió antes de recibir el golpe —dije.

Ryder apoyó el brazo sobre la mesa y acercó un poco más la fotografía.

—¿Cómo sabes?

Señalé la postura del competidor.

—Los hombros. Ya decidió defenderse en lugar de atacar.

Tomé la foto y marqué otra posición.

—Además dejó baja la guardia antes del kizami-zuki.

Ryder levantó una ceja.

El kizami-zuki era un golpe rápido lanzado con la mano adelantada, usado para marcar puntos aprovechando velocidad y distancia corta.

—Nunca había pensado en eso —admitió.

La respuesta me tomó desprevenida.

Porque Ryder normalmente discutía todo.

—Bueno… ahora ya lo sabes.

Chloe dejó escapar un ruido exagerado desde el otro lado.

—Dios mío, están teniendo una conversación civilizada.

Mason giró en su asiento inmediatamente.

—Anótenlo. Este momento quedará para la historia.

—Nadie te pidió participar —dije.

—Pero participo gratis.

Ryder tomó un bolígrafo de la mesa y se lo lanzó.

Mason lo atrapó riéndose.

—Eso confirma que ya son amigos.

—Ni muertos —respondimos Ryder y yo al mismo tiempo.

Chloe soltó una carcajada tan fuerte que varios estudiantes voltearon a verla.

La profesora Ramírez levantó la vista desde el frente.

—¿Hay algo gracioso que quiera compartir con todos, señorita Bennett?

Chloe acomodó la espalda inmediatamente.

—No, profesora. Solo estoy disfrutando el aprendizaje.




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