Scarlett
La cafetería estaba más llena de lo normal aquella mañana.
Las conversaciones se mezclaban con el ruido de las bandejas, las sillas arrastrándose sobre el piso y la música suave que salía de los altavoces del techo. El aroma a pan recién horneado y jugo de frutas llenaba el enorme salón iluminado por ventanales altos desde donde podían verse parte de las canchas exteriores.
Las mesas estaban divididas casi como territorios.
Los estudiantes de artes ocupaban el sector cercano a las ventanas.
Los músicos estaban junto al piano decorativo del fondo.
Y los deportistas, como siempre, dominaban la parte central del lugar.
Blackwood funcionaba así.
Grupos.
Reputaciones.
Jerarquías invisibles.
Apoyé la bandeja sobre la mesa con más fuerza de la necesaria cuando vi a Luca sentado al otro lado del salón.
Madison estaba junto a él.
Muy cerca.
Ella reía mientras él decía algo en su oído, completamente relajado, como si jamás hubieran destrozado a nadie.
Como si aquella fiesta hubiese sido solo una noche cualquiera.
Sentí una presión desagradable instalarse en el pecho.
No era tristeza.
Era rabia.
Chloe se dejó caer frente a mí con una botella de jugo en la mano.
—Oh, genial. Ya vi hacia dónde estás mirando.
Desvié la vista.
—No estoy mirando nada.
—Claro, porque parece totalmente lo contrario.
Bufé mientras pinchaba un pedazo de fruta con el tenedor.
Varias mesas alrededor cuchicheaban cada vez que Madison tocaba el brazo de Luca o soltaba alguna carcajada exagerada.
Seguían disfrutando la atención.
Seguían actuando como la pareja perfecta después de engañarnos a Ryder y a mí durante semanas.
Y honestamente… empezaba a cansarme.
—¿Sabes qué es lo peor? —murmuró Chloe inclinándose hacia mí—. Que ellos creen que ganaron.
No respondí.
Porque tenía razón.
En la fiesta los dos quedamos como idiotas.
Scarlett Vale, la chica disciplinada incapaz de notar que su novio se acostaba con otra.
Ryder Knight, el campeón impulsivo al que le quitaron la novia frente a toda la academia.
Perfecto.
Humillante.
Entonces la silla a mi lado se movió.
Ryder apareció dejándose caer junto a mí con expresión despreocupada y una bebida energética entre los dedos.
Llevaba la chaqueta negra del dojo abierta, mostrando una camiseta gris ajustada al torso. Varias chicas giraron a verlo apenas entró en la cafetería.
Él ni siquiera pareció notarlo.
Mason tomó asiento frente a Chloe inmediatamente.
—Buenos días, hermosas.
—Buenos días, payaso —respondí.
Ryder siguió mi línea de visión hacia Luca y Madison.
Sus ojos azules se endurecieron apenas.
Lo suficiente para notar el fastidio que aquella escena le provocaba.
Madison levantó la vista desde la otra mesa justo en ese momento.
Y sonrió.
No una sonrisa amable.
Una de esas que parecían diseñadas para provocar.
La mandíbula de Ryder se marcó con fuerza.
—Quiere llamar tu atención —comentó Chloe.
—Siempre quiere llamar la atención —respondió él sin apartar la mirada.
Luca también nos vio.
Y tuvo el descaro de sonreír con diversión antes de besar a Madison frente a todos.
Sentí tanta irritación que casi rompí el tenedor.
—Dios, quiero lanzarles algo —murmuré.
Ryder soltó una risa seca.
—Eso sería poco apropiado incluso para ti, princesa.
—Podría usar la bandeja completa.
—Eso mejora bastante el plan.
Mason abrió mucho los ojos.
—Me encanta cuando ustedes se unen para elegir violencia.
Ignoramos el comentario.
Entonces Chloe se quedó inmóvil un segundo.
Después sonrió lentamente.
Muy lentamente.
Y esa expresión nunca significaba algo bueno.
—Esperen… ya sé cómo arruinarles el día.
La miré con desconfianza.
—Eso no sonó como algo bueno.
—Escúchame primero.
Chloe apoyó ambos brazos sobre la mesa y nos señaló alternadamente a Ryder y a mí.
—Ustedes deberían fingir que están saliendo.
Casi me atraganto.
—¿Qué?
Mason soltó una carcajada estruendosa.
—Oh, esto se pone cada vez más interesante.
—Ni loca —dije al instante.
—Estoy de acuerdo con Scarlett por primera vez en mi vida —añadió Ryder.
Chloe rodó los ojos.
—Piénsenlo. Luca odia a Ryder desde el torneo pasado y Madison sigue obsesionada con él. Si ustedes aparecen juntos, les destruirían el ego automáticamente.
Parpadeé varias veces.
Porque… maldición.
La idea tenía sentido.
Y aparentemente Ryder pensó lo mismo, porque dejó de burlarse.
—Sería divertido —admitió Mason.
—Tú cállate —respondimos Chloe y yo al mismo tiempo.
Ryder apoyó el codo sobre la mesa mientras me observaba.
Había una chispa entretenida en su mirada.
La clase de expresión que aparecía justo antes de que hiciera algo impulsivo.
—Podríamos hacerlo creíble.
Fruncí el ceño.
—No pienso tomarte de la mano por los pasillos.
—Qué tragedia. Ya estaba imaginando nuestra boda.
Le di una patada por debajo de la mesa.
Él soltó una risa.
Mason parecía a punto de ahogarse de la diversión.
—Escuchen —continuó Chloe—. No tienen que actuar enamorados todo el tiempo. Solo lo suficiente para que Blackwood empiece a hablar.
Y Blackwood hablaba de todo.
Un rumor podía recorrer la academia entera antes del almuerzo.
Volví a mirar hacia la mesa de Luca.
Madison seguía observando hacia acá.
Atenta.
Analizando cada movimiento de Ryder.
Como si todavía creyera tener algún derecho sobre él.
Eso terminó de irritarme.
Crucé los brazos.
—Digamos que acepto esta locura. ¿Cómo haríamos para que todos lo crean?
Una sonrisa torcida apareció en el rostro de Ryder.