Capítulo 3.1. Los Velyky
Valentín llamó a los hombres de la primera cuadrilla y acordó que al día siguiente irían al liceo para evaluar el plan de trabajo.
Por la tarde, Maks estaba agotadísimo, pero bajó a cenar, momento en el que, por tradición, siempre se reunía toda la familia.
—Buenas noches, mi amor. ¿Qué tal tu día hoy? ¿Qué estuviste haciendo? —preguntó la madre de Maksim en cuanto él ocupó su lugar en la mesa, no sin antes darle un beso en la mejilla.
—Gracias. Todo bien. Trabajé un poco —Maksim no entró en detalles.
—Sí, claro, un poco —pronunció casi inaudible Serguéi, que estaba sentado al lado de su hermano.
—¿Y tú qué tal, hijito? Hoy hablé con Mary y me dijo que estás progresando mucho. Estoy muy orgullosa de ti —le dijo Margarita Mijáilovna a Serguéi.
—Todo va bien. Mary me explicó la gramática y lo entendí todo —presumió Serguéi—. Mamá, invité a María Ivánovna a mi cumpleaños y aceptó venir.
—Qué maravilla. ¿Ya decidiste con qué temática quieres tu cumpleaños y dónde? Solo queda una semana, hay que reservar el lugar e invitar a los huéspedes. ¿A quiénes vamos a invitar? —se interesó la mujer, anticipando los preparativos de la fiesta.
—Lo quiero en la costa, como el de Kazimir el año pasado, para que podamos jugar al voleibol. Todo lo que tenga que ver con deportes. Invitaré a mis compañeros de clase, a los chicos de mi equipo y, bueno, a Mary —respondió Serguéi.
—Hijo, me parece que escucho ese nombre demasiado a menudo. ¿Es esa profesora de inglés que te obligó a aprender los verbos irregulares? —preguntó el padre, que había escuchado de reojo la conversación de su esposa con su hijo.
—Sí, ella misma —respondió cortamente Serguéi y desvió la mirada hacia un Maks visiblemente intrigado. El menor apenas se contenía para no sacarle la lengua a su hermano mayor.
—Pues tiene unos métodos de trabajo excelentes si logró conseguir eso. Dentro de un mes vendrán mis socios de Gran Bretaña, así que tendrás la oportunidad de practicar —comentó Román Vasílievich.
—Ay, eso es estupendo. Serguéi refrescará un poco su inglés durante el verano. María Ivánovna aceptó darle clases una vez por semana —añadió Margarita Mijáilovna.
—Podrían ser dos. Total, Mary Ivánovna va a ir a la escuela todos los días de todos modos. Acaba de empezar una reforma allí. Yo puedo ir los días que no tenga entrenamientos —propuso Serguéi, haciendo que su padre levantara la vista, asombrado por semejante deseo de su hijo de estudiar en pleno verano.
—¡Vaya! ¿De dónde salió ese afán por el estudio? Ya me están dando ganas de conocer a esa profesora en persona —se interesó el padre.
—Pues en mi cumpleaños la vas a conocer —le respondió Serzh a su padre—. Mamá, llama a Violetta para que coordine con Mary lo de las dos clases por semana, porque Violetta se inventó esa reforma y tiene a todos los profesores retenidos en la escuela —se quejó Serguéi, mientras Maksim se imaginaba la magnitud de su aprieto al darse cuenta de que su madre conocía tanto a Mary como a Violetta.
—Está bien, hijo. ¿Qué regalo te gustaría? —preguntó Margarita Mijáilovna.
—Bueno, como ahora vamos a estudiar en un aula nueva si le dan nuestro salón a Mary... me gustaría un juego de construcción para armar los monumentos más emblemáticos de los países de habla inglesa. Sería un regalo para mí, pasaríamos un buen rato con mis compañeros y además serviría para decorar el aula —propuso Serguéi.
—Hijo, me sorprendes gratamente. Un juego de construcción es una excelente opción. Ahora tengo todavía más ganas de conocer a esa tal Mary —dijo el padre.
Después de la cena, cada uno se retiró a su habitación, tras besar a sus padres como dictaba la tradición. Por muy mayores que fueran los hijos, en la casa de los Velyky se acostumbraba a desearse las buenas noches mutuamente. Maksim alcanzó a Serguéi justo al llegar a la puerta de su habitación.
—Tenemos que hablar —dijo Maks.
—Ya te lo dije todo —respondió Serguéi con firmeza—. Mañana mismo le voy a contar a Mary lo mentiroso que eres...