Capítulo 3.3. ¡No eres un inútil!
—¿A qué te refieres entonces? —se extrañó Maks.
—No quiero mentirle a Mary. Voy a tener clases en el liceo dos días a la semana, y esos mismos días tú te vas a ir a trabajar a la oficina de papá, que para eso recibes un sueldo. Así no nos cruzaremos en el liceo, y de paso vas conociendo tu trabajo. Los hermanos mayores de mis compañeros de clase hacen cosas de las que ellos se sienten orgullosos; unos trabajan, otros estudian, mis amigos siempre hablan de ellos. ¿Y yo qué se supone que cuente sobre ti? ¿Cómo te vas de fiesta con tus gallinas operadas? —planteó la pregunta Serguéi, dejando a Maksim sumido en sus pensamientos.
—Bueno, yo juego al fútbol. Tenemos un equipo, ¿no? —intentó reivindicarse Maks.
—¿Y cuándo fue la última vez que jugaste? Si a ese equipo lo mantiene a flote solo Valentín. ¡Tú ahí no eres el delantero estrella, eres un debilucho que corre aturdido por la cancha, y no detrás del balón, sino para lucir el torso ante las chicas! Tienes la habitación llena de trofeos de fútbol, ¡pero a mí me parece que son de otra vida, que nada de eso es tuyo, sino de algún otro Maksim! —dijo Serguéi con una enorme carga emocional.
—Es que no tengo tiempo para el fútbol —intentó justificarse Maks, aunque sabía perfectamente que era una excusa barata.
—¿Y para qué sí tienes tiempo? ¿Para el trabajo? No trabajas. ¿Para el fútbol? No lo juegas. ¿Para la familia? Si solo te veo en la cena y ni siquiera siempre. ¡Vaya, si Valentín me presta más atención que tú! —dijo Serguéi con tono herido.
—¿Ah, sí? ¿Y desde cuándo? —soltó una risita Maks, incrédulo ante las palabras del menor.
—Va todos los sábados a nuestro entrenamiento matutino. Juega con nosotros y nos enseña cosas mientras tú te quedas durmiendo la mona. Él es un simple delantero, y tú se supone que eres el capitán. En la empresa de papá él es un empleado común y corriente, y tú eres el director. ¿No te has puesto a pensar que eres el "big boss" en todos lados solo porque llevas el apellido Velyky, pero que sin él no vales nada? —soltó Serguéi, haciendo que Maks abriera los ojos de par en par, impactado por sus palabras.
—Está bien. Lo entiendo. Acepto tus condiciones. Coordina con Mary qué días vas a tener clases con ella para que no coincidamos. No pensé... que tu hermano te pareciera un tipo tan inútil —respondió Maks completamente desanimado, porque las palabras de Serguéi eran una verdad cruda, y eso dolía aún más.
—No eres un inútil, yo sé que puedes cambiar, pero tal y como eres ahora, no te mereces a Mary —remató Serguéi a su hermano.
—De acuerdo. Lo he entendido todo. Pero quiero que sepas que, por mucho que nos peleemos, te quiero, mi hermano menor —dijo Maks y abrazó a Serguéi, quien no se esperaba para nada ese gesto después de haber sido tan duro.
—¡Ay, ya, suéltame! —se resistió Serguéi de forma fingida—. Voy a ver a Mary la próxima semana. Mañana ve al liceo y arregla lo de la reforma, pero ve con cuidado, porque la tía Violetta te puede descubrir. Mamá es muy amiga de ella —soltó Serguéi esa valiosa información al ver que Maks no pensaba dar marcha atrás en sus planes.
—Gracias. Por cierto, ¿qué quieres de cumpleaños? —decidió preguntar Maks, no para comprar a su hermano, sino para no regalarle algo inútil.
—¿Serías capaz de reunir a tu equipo para que juguemos un partido contra ustedes? —los ojos de Serguéi se iluminaron.
—Lo intentaré. No todos están aquí —Maks empezó a repasar mentalmente de inmediato dónde estaba cada uno—. ¿No te da miedo que les ganemos?
—Si Valentín no juega con ustedes y todos están en la misma baja forma que tú, nuestro equipo los va a golear a tiro limpio —presumió Serguéi con altanería.
—Eso ya lo veremos —Maks sonrió de lado—. ¡Buenas noches!
Cuando el mayor de los Velyky salió de la habitación de Serguéi, se dirigió a la suya, completamente absorto en sus pensamientos, por lo que no alcanzó a oír cómo, a espaldas de la puerta, el menor susurró hacia el pasillo:
—Yo también te quiero.
Maks llamó de inmediato a Valentín, pues quería aclarar ciertos puntos.
—Valik, ¿es verdad que vas todos los sábados al entrenamiento de fútbol de los niños? —preguntó Maks a bocajarro.
—Sí. Me lo pidió Vasílievich. Es un buen entrenador, ya lo sabes, pero los años no pasan en balde. Y ahí hay chicos con mucho talento. Tu hermano Serguéi es buenísimo. Juega como los dioses —relató Valentín con entusiasmo.
—¿Y por qué no me habías dicho nada? —quiso saber Maks.
—Te lo dije. Y más de una vez. Pero claro, para ti levantarse temprano es una tragedia.
—Valik, ¿y cómo verías la idea de reunir a los nuestros para jugar un partido contra los menores? —preguntó de inmediato Maksim.
—Es una idea fantástica. Vi a varios de los muchachos hace poco, seguro que podrían reservar un sábado. Además, así visitamos todos a Vasílievich. Eres tú el que tiene que pasarles la voz a todos. Al fin y al cabo, tú eres nuestro director de eventos y juergas —se interesó Valentín por la propuesta.
—Valik... ¿sabes? Eres el ídolo de mi hermano. Y yo... Yo soy un maldito inútil... —pronunció Maks en un hilo de voz.