Amor en vacaciones, o Un chico rico busca trabajo

Capítulo 6. Push the horses!

Capítulo 6. Push the horses!

Valentín se quedó plantado como una estatua, parpadeando sin parar, mientras Max se desternillaba de la risa al darse cuenta de que, por fin, a su amigo le gustaba una chica. ¡Quién lo diría! Hubo un tiempo en que Max solía bromear con Valentín diciéndole que no le gustaba ninguna mujer y que terminaría sus días en un monasterio de clausura. ¡Y miren qué reacción! Mientras las chicas se acomodaban en las tumbonas de al lado, Max agitó la mano delante de la cara de su amigo.
—No te quedes ahí parado como un pasmarote. Me estás dando miedo, ¿qué va a ser lo siguiente? —dijo Max en voz baja, burlándose de su amigo.
—¡Ay! —exclamó Valentín al recibir una patada en el trasero por parte de Max.
—Bozhena, te presento —decidió romper el hielo Max—. Este es mi amigo, Valentín.
—¿San Valentín? —preguntó Bozhena sonriendo, mientras Valik seguía allí parado como un pasmado, sin poder articular palabra.
—¿San qué? —Max no pilló el chiste de primera, y las chicas se echaron a reír.
—Jajaja —se rió Bozhena—. ¿Acaso tu amigo no es San Valentín?
—Ah, ¿te referías a eso? —por fin le cayó el veinte a Max, que sonrió y miró a Valentín, quien estaba parado con ojitos de corazón—. Si te soy sincero, sí que es un santo, porque aguanta todas mis locuras, y mira que yo tengo un carácter inaguantable.
—¿Y el amigo habla? ¿O es demasiado tímido? —preguntó Bozhena, al notar cómo la miraba. La chica era consciente de que era atractiva y de que le había gustado a Valentín.
—¡Qué va! No solo habla, ¡también canta! —respondió Max—. Toca la guitarra, hace reformas, es un amigo excelente, lleva un estilo de vida saludable, es trabajador, no es un manirroto, gana muy bien... —empezó a vender la moto Max sobre Valentín.
—¿Acaso me quieres vender que me pones tan por las nubes? ¿De verdad todo eso es sobre mí? —por fin articuló palabra Valentín—. Bozhena, tienes un nombre maravilloso y te pareces a un ángel.
—Gracias —la chica se cortó un poco y bajó la mirada. No se esperaba semejante cumplido y se puso roja.
—Pero si habíamos quedado en tutearnos —intervino Max, al notar que Bozhena también se había interesado en Valentín—. Prometí compensar la ducha de limonada. ¿Qué tal un café? ¿Un helado? ¿Un mojito? —le preguntó Max a Mary, mientras Bozhena y Valentín se enfrascaban en un duelo de miradas.
—No me vendría mal un helado —respondió Mary, mirando a su amiga—. Dos de pistacho para Bozhena y para mí.
—¿Me acompañas? Porque veo que estos dos se han quedado colgados para rato —dijo Max señalando a Bozhena y a Valentín.
—¿Acaso no sabes ir tú solo?
—Tengo que confesarte que sufro de desorientación espacial. Puede que no encuentre el camino de vuelta. Sé mi salvadora —pidió Max juntando las manos en gesto de súplica.
—Está bien, vamos, no vaya a ser que Dios no lo quiera te me pierdas, ¿y quién me va a hacer la reforma entonces? —bromeó Mary.
—¿Ves lo valioso que soy? —dijo Max, a lo que María rodó los ojos.
La pareja se dirigió a la cafetería, donde Máxim pagó de inmediato por otras dos tumbonas y pidió que colocaran sombrillas. Mientras Mary elegía el helado, Max consiguió de alguna parte un balón de voleibol.
—Mira lo que tengo —presumió Max con su botín.
—¡Buenísima! —respondió Mary.
Con el helado y el balón en mano, la pareja regresó a las tumbonas, donde Valentín ya estaba charlando animadamente con Bozhena.
—Ya te decía yo que le saldría la voz —bromeó Max señalando a Valentín.
—Es que no le quedaba otra opción. Bozhena es sanitaria, así que sabe perfectamente cómo curar cualquier mal —comentó Mary.
—Entonces Valentín tendrá que comerse el helado con mucho cuidado para no volver a quedarse afónico —volvió a chinchar a su amigo Max, mirando de reojo a Mary, que acababa de terminarse el helado y se estaba quitando el vestido para meterse al agua.
Cuando Mary y Bozhena decidieron entrar al agua luciendo unos trajes de baño de lo más provocativos, Valentín decidió devolverle la jugada a su amigo con la misma moneda.
—¿Qué pasa, amigo? ¿Ahora eres tú el que se ha quedado sin habla? Suelta a tus ranas al campo. Solo no te pases de la raya —le advirtió Valentín a Máxim.
—¿Entonces ya no te arrepientes de que te haya metido en esta aventura y te haya despertado esta mañana? —preguntó Max.
—No me arrepiento. Pero presiento que tú sí te vas a arrepentir si no te unes ahora mismo a Mary en el agua. Mira, hay un caradura buceando demasiado cerca de ella —respondió Valentín desvestimentándose, porque el caradura venía con un amigo que intentaba entablar conversación con Bozhena.
—Sí, hay que espantar a esos caballitos de mar. Que ahuequen el ala. Aquí me da ganas de cambiar al clásico y decir: Донт пуш зе хорсес! Push the horses! Push them! ¡No tienen nada que estar mirando a chicas ajenas! —se indignó Max, empezando a quitarse los pantalones cortos, bajo los cuales llevaba el bañador repleto de ranitas.
—En cuanto vean tu bañador se van a asustar —bromeó Valentín, caminando ya hacia el agua.
—Lo importante es que no pierdas tú el conocimiento, porque delante de Bozhena te me vuelves mudo. Ni te reconozco —respondió Max poniendo rumbo hacia las chicas.
—¿Qué tal el agua? —preguntó Valentín, viendo que uno de los "caballos" ya le estaba enseñando los dientes a Bozhena. ¡Ni que fuera dentista! ¡Vaya caballo! ¡Ese no necesita una sanitaria, sino un veterinario!
—Refrescante —respondió Mary.
—Les propongo calentarnos jugando al voleibol —intervino Max, llamando la atención de las chicas.
—¡Gran idea! —se alegró Bozhena, nadando más cerca de Valentín.
—¿Dos contra dos? —propuso de inmediato Valentín, colocándose estratégicamente entre el "caballito de mar" y Bozhena.
—¿Podemos jugar con ustedes? —preguntó uno de los "caballos".
—Dos contra dos significa que el tercero sobra —respondió Max, cortándole el paso hacia Mary.
—Pero si... —empezó el segundo.
—Que arreen de aquí, que arreen —respondió Valentín, dejándole muy claro a los "caballos" que no eran bienvenidos.




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