Capítulo 6.2. Los Hulks
—Para que nadie moleste a nadie, propongo ir al agua a terminar el partido. A mí personalmente me interesa saber qué equipo va a ganar —sugirió Bozhena, al darse cuenta de que la señora estaba a punto de armar un espectáculo.
—¡Espera! ¡Si a ti te he visto yo en alguna parte! —exclamó la mujer, furiosa como un toro.
—Bueno, ¡a jugar!, que San Valentín se nos va a achicharrar al sol peor que los pecadores en el infierno —dijo Max, dirigiéndose al mar con sus amigos, rezando para que la dama no recordara de dónde lo conocía ni revelara su verdadera identidad.
Tras jugar y chapotear a gusto en el agua, los amigos salieron del mar. Max dio un suspiro de alivio al ver que las cosas de la "fan de las ranitas" ya no estaban en su sitio.
—No sé ustedes, pero a mí me están sonando las tripas —confesó Max con total sinceridad.
—Sí, toca recuperar fuerzas —asintió Valentín.
—Espera, hay que volver a ponerte crema en los hombros y la espalda, que si no esta noche no vas a poder ni dormir —dijo Bozhena.
—Me entrego con mucho gusto a las manos de tan hermosa sanadora —respondió Valentín satisfecho.
—Mary, ¿a mí no se me quemó la espalda? —preguntó Max esperanzado.
—No. Tienes un bronceado perfecto, pero a mí sí que me arden la espalda y los hombros. ¿Me echas una mano? —pidió Mary, y Max sintió cómo se le dibujaba en la cara una sonrisa no menos grande que la de las ranitas de su bañador.
Bozhena le untaba la espalda a Valentín, mientras Max disfrutaba de lo lindo dándole masajes a Mary. En un momento dado, mientras Bozhena estaba distraída y Valentín la miraba con ojos de embobado, Max aprovechó para sacarle la lengua a su amigo. ¡Puros niños, por Dios!
Toda esta idílica escena se vio interrumpida por una voz masculina de lo más chillona que resonó desde un lado.
—¡Quita tus manos de encima! —chilló un hombre cuya voz no pegaba para nada con su enorme corpulencia.
Todos levantaron la cabeza hacia el origen del sonido. A poca distancia había dos hombres que parecían un par de Hulks.
—Bozhena, Mary, recojan sus cosas y vámonos a casa —gruñó el otro Hulk, que tenía cierto parecido con Bozhena.
—¿Acaso me estás espiando? —se indignó Bozhena. Se notaba a leguas que se conocían.
—¡Te he dicho que recojas tus cosas! —insistió el armario.
—¡Quita tus garras! —chilló el segundo Hulk, viendo que Max se había quedado un poco descolocado y congelado en el sitio. ¡Hay que ver la mala suerte de que aparecieran estos dos! Vaya forma de arruinar el momento.
—¡Yura, tú no eres nadie para mí! ¡Soy mayor de edad y tengo derecho a relacionarme con quien me dé la gana! —declaró rotundamente Bozhena, perdiendo los papeles. Se notaba que la situación la sacaba de quicio.
—¡Soy tu hermano! ¡Nos vamos a casa, que están haciendo el ridículo como si fueran unas cualquiera! —bramó el chico, que compartía con Bozhena el mismo color de ojos y de pelo. Se notaba que machacaba el gimnasio, pero se le había ido la mano con las pastillitas para hipertrofiar los músculos.
—Zhenya, ¡tú eres mi hermano menor! ¡Lárgate de aquí y llévate a tu amiguito! —dijo Bozhena en plan guerrero, mientras Valentín, tras escuchar los insultos del hermano, se interpuso inmediatamente entre él y Bozhena para protegerla.
Yevgeni intentó agarrar a su hermana del brazo, pero Valentín intervino.
—¿Acaso no te quedó claro? —empezó Valentín, pero de repente le cayó un puñetazo directo al ojo por parte del Hulk de voz chillona. El hermano de Bozhena, al ver que su amigo empezaba la pelea, también soltó los puños. Max esquivó el golpe a tiempo y, sin pensárselo dos veces, le asestó un directo en la nariz al hermano de Bozhena.
Los empleados de la playa llamaron a la seguridad y en un par de minutos disolvieron la trifulca. A ambos Hulks los sacaron a la fuerza de la playa, prometiendo llamar a la policía si regresaban. El hermano de Bozhena se sujetaba la nariz chorreando, mientras que Valentín lucía un ojo morado. Y todo porque Max de joven iba a clases de karate y Valentín a clases de guitarra.
Solían bromear a menudo con que Valentín estaba en clara desventaja: sin una guitarra no podía ni enamorar a una chica ni espantar a los agresores... a menos que le metiera un guitarrazo en la cabeza a alguien.
—Hay que ponerte algo frío, porque si no mañana el ojo se te va a hinchar aún más y le va a salir un moratón de campeonato. Lo siento mucho —dijo Bozhena cabizbaja, y los dos fueron hacia la cafetería a pedir hielo. ¡Vaya si volvía a tener suerte Valik! Aunque le cayó un puñetazo en el ojo, ¡Bozhena no se despegaba de su lado ni un segundo!