Capítulo 9.1. ¡Sí los vio!
Esta vez Mary y Bozhena se retrasaron y esperaron para ir todos juntos al cine después del trabajo. Durante el descanso del almuerzo, Valentín había propuesto salir a algún sitio y repasó la cartelera. Entre todas las películas eligió y propuso ir a ver una comedia por la noche. A todos les encantó la idea.
Max no esperaba tener que ir a ningún sitio después del trabajo y no pensó en llevar ropa de cambio. En el coche solo había una camiseta con el logotipo del conejito de Playboy. Valentín llevaba una camiseta de repuesto, pero cuando salieron a reunirse con las chicas, todas se quedaron mirando a Max y su camiseta, que se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Valentín hasta sintió celos de Bozhena por su amigo, porque ella también se quedó contemplando los músculos de Max.
Al cine fueron en la furgoneta del jardinero y consiguieron las entradas sin problemas. Max pidió los asientos para parejas en la última fila, los llamados «asientos para besos», aunque no contaba con nada en especial, pero soñar no se lo prohibía nadie.
Mientras Max compraba las entradas, Valentín pilló palomitas y bebidas.
La comedia les gustó a todos, pero aún más los comentarios de Max. A las chicas les dolía la barriga de tanto reírse. Algunos espectadores se giraron varias veces durante las sonoras carcajadas de los cuatro con cara de pocos amigos, pero a las parejas les daba igual. Eran felices sentados juntos y bromeando. Al salir del cine, Valentín le dio un codazo a Max para llamar su atención. No muy lejos estaba Dania Gorójov con su grupo. ¿Pero es que acaso había vuelto?
Max reaccionó al instante y de un solo movimiento giró a las chicas ciento ochenta grados, proponiendo comprar entradas para el domingo. Max le pidió a Valentín con la mirada y los gestos que comprobara si la vía estaba «despejada», y Valentín asintió con la cabeza al volver del reconocimiento. Fueron rápidamente hacia el coche y llevaron a las chicas a sus casas. El teléfono de Max no paraba de vibrar. De reojo, Max vio que era Dania quien no paraba de llamar. Eso no auguraba nada bueno, así que Máxim simplemente ignoró la llamada.
Al quedarse a solas, Max miró a Valentín y su amigo lo entendió todo sin palabras.
—Ahora no se nos va a despegar de encima —asintió Valentín señalando el teléfono.
—Es peor que una garrapata —asintió Max—. Mañana nos vemos en la oficina. Hoy Grinch tiene que mandarme el proyecto al correo. Intentaré revisarlo un poco antes de dormir.
—¡Ay, pero qué vas a revisar tú! —dijo Valentín sonriendo—. Seguro que te quedas hablando con Mary hasta las tantas otra vez. Al menos no te duermas mañana.
Los amigos se despidieron y Máxim puso rumbo a su casa. Aparcó el coche, pero no tenía prisa por bajar. Decidió hablar con Dania desde el vehículo.
—¿Qué quieres? —dijo Max con frialdad a modo de saludo al aceptar la llamada entrante.
—¿Pero cómo? ¿Al final el ilustrísimo ha decidido responder? —preguntó Dania.
—A qué viene esa hipocresía. Sabes de sobra que no me hace ninguna gracia escucharte —respondió sinceramente Max—. ¿Para qué llamas? No tengo tiempo para cháchara.
—¿Es que no tienes ni un minutito para un amigo? —preguntó Dania con voz zalamera.
—¡Tú no eres mi amigo! —cortó Max de golpe.
—¿Todavía estás resentido? Todo el mundo se ha olvidado ya de aquella broma y tú sigues haciéndote el ofendido —dijo Dania.
—¿Una broma? ¡Querías violar a una chica! Eso es de ser un ruin y un miserable —dijo Max con voz helada.
—Pero quién iba a querer a esa tía —intentó zafarse Dania.
—No tengo ninguna gana de hablar contigo. Dijo lo que tengas que decir —dijo Max impaciente.
—¡¿Y si nos vamos de discoteca?! —propuso Dania.
—No se me ha perdido nada allí —respondió Max.
—Ya, claro. Ya he visto con qué pibas andan metidos Valentín y tú. Si quieres las traes también. Cuantos más, mejor —se rió a carcajadas Dania.
—¡Mantente bien lejos de ellas! —le gritó Max.
—Uy, ¿por qué tan de mal humor? —volvió a reírse Dania—. ¿Tu piba te ha dado calabazas? Pues yo tengo de las que no dicen que no. Vente conmigo.
—¡Vete al demonio! —respondió Max—. ¡No me vuelvas a llamar! ¡No tenemos nada de qué hablar! —soltó Max y cortó la llamada. Máxim estaba furioso. Definitivamente Dania los había visto con las chicas. Ahora seguro que tramaba alguna jugarreta.
Max se quedó un rato más en el coche para calmarse. La conversación con Dania lo había sacado de quicio. Recordó aquel episodio en que ese desgraciado emborrachó a una chica y quiso violarla; menos mal que Valentín y él estaban cerca. Max apartó a Dania de un tirón y le zurró la cara a ese cerdo, mientras Valentín se quitaba la chaqueta para cubrir a la chica, cuyo vestido había desgarrado Dania.
En aquel momento les costó horrores calmar a la chica y averiguar su dirección. Resultó que era la primera vez que salía de fiesta con sus amigas a una discoteca. Las amigas se habían despistado por ahí, y Dania emborrachó a la chica considerándola una presa fácil. ¡A gentuza así habría que castrarla!
Max recordó para el resto de su vida la cara de los padres de la chica cuando la llevaron a casa. La madre se desmayó junto a la puerta y el padre miraba con una expresión capaz de matar.
Max ahuyentó los recuerdos, salió del coche y caminó hacia la casa.
La cena en el núcleo familiar, las conversaciones y las burlas de Mínimo lograron relajar un poco a Max.
Por la noche acabó chateando con Mary, comentando la película e intentando echarle al menos un ojo a los materiales que había enviado Grinch. Max se durmió pasadas las una de la madrugada. Feliz y con un cacao mental importante.
Por la mañana, de camino al trabajo, volvió a repasar los documentos.
En la oficina le esperaba una sorpresa. Otra vez desagradable...