Amor en vacaciones, o Un chico rico busca trabajo

Capítulo 9.2. Valores familiares

Capítulo 9.2. Valores familiares

La secretaria Marina informó de que en un par de horas debía celebrarse una nueva reunión, ya que Gorójov había venido en persona el día anterior y montó un escándalo cuando Román Veliky ya se había ido a casa. Gorójov, fuera de sí, gritaba que sin su publicidad la empresa no conseguiría nada. Gorójov exigió convocar la junta de nuevo y repetir la votación. Esta vez, su hombre había preparado otro proyecto. Sin piernas, pero ahora con labios.
A Max le quedaban tan solo dos horas hasta la presentación. Sabía que no daría tiempo a preparar algo a gran escala, así que tendría que volver a improvisar sobre la marcha.
Max, Valentín y Grinch se encerraron en el despacho e intentaron debatir la estrategia de la intervención. Grinch ya había creado el día anterior varios conceptos para la publicidad en línea.
—¿Y si nos adelantamos a los acontecimientos? —expresó Max su idea—. Gregorio, hemos elegido el concepto de "Valores familiares". Registra la empresa en todas las redes sociales posibles y lanza la publicidad. Por ahora la gratuita. Veremos qué pasa durante este tiempo y si al menos una persona nos contacta tras hacer clic en el anuncio.
—¡Es una gran idea! —exclamó Valentín—. Es un experimento que mostrará cifras reales. El comienzo siempre es difícil. Necesitamos que nos siga la mayor cantidad de gente posible.
—¡Manos a la obra! Gregorio, en cuanto la cuenta esté lista y subas la publicidad, pásame el enlace; se lo mandaré a todos mis conocidos para que le den a "me gusta" y se suscriban —dijo Max.
—Me pongo a ello ahora mismo —gritó Grinch y comenzó a trabajar.
El teléfono de Max vibró. En la pantalla apareció la descarada caraza de Serge. Max sabía que Mínimo no lo dejaría en paz, así que aceptó la llamada entrante.
—¡Hola! ¿Qué se cuece por la oficina? —preguntó Serge—. Oí que mamá estaba hablando por teléfono con papá hace un momento. ¿Acaso el padre de esa petarda está presionando?
—¡Hola! En el futuro deberías meterte a espía —respondió Max—. Gorójov no quiere que lleven a cabo mi proyecto publicitario e insiste en el suyo.
—¡Menudo cabrón! —se indignó Serge.
—¿Me puedes echar una mano? —preguntó Max, a quien se le ocurrió otra idea.
—¿Qué hace falta? —no se anduvo con rodeos Serge.
—En un rato te pasaré un enlace a las redes sociales. Suscríbete, dale a "me gusta" y comenta nuestra publicidad. Si puedes involucrar a más gente, genial. ¡Cuantos más, mejor!
—¡Hecho! Lo tengo controlado. Mándamelo —respondió Serge—. Ya verás cómo ese Gorójov se queda echando chispas.
—¡Basta ya! Menos mal que papá no te oye, porque no te daría precisamente una palmadita en la espalda —dijo Max en su papel de hermano mayor.
—¡Uy, no me digas que ese Gorójov no es un cabrón! —se indignó Serge.
—De pura cepa —sonrió Max—. Serge, organízanos interacción en las redes, y ya hablaremos más tarde del estatus de ese cornudo.
—¡Tendrás toda la interacción que quieras! ¡Aguanta ahí! —le deseó Serge.
—Gracias —respondió Max y colgó el teléfono.
El trío trabajaba sin parar, haciendo pausas únicamente para beber agua o hablar con alguien relacionado con la publicidad.
Valentín recopiló estadísticas sobre el número de llamadas durante la última semana y durante la hora transcurrida desde que se había lanzado la publicidad en las redes sociales.
Grinch trabajaba sudando la gota gorda. Cuando surgió la pregunta: "¿Y qué fotos publicamos?", Max se dio una vuelta por la oficina y les pidió fotos a los empleados, rogándoles que explicaran en dos palabras quién salía en las fotos y con qué motivo se habían tomado. Máxim regresó de la "caza de fotos" con los ojos brillándole de entusiasmo, pues había conseguido varias imágenes espectaculares con historias entrañables. Alguien salía en una sesión de fotos con su esposa embarazada, otro con sus amigos de pesca, en otra se veía a una abuela haciendo empanadillas con su nieta y, en algunas imágenes, los niños salían saltando en los charcos. Eran fotos llenas de vida, que transmitían emociones y sacaban una sonrisa.
Valentín armó la presentación añadiendo las fotos junto a pequeños eslóganes sobre los valores familiares. Gregorio iba subiendo inmediatamente esas fotos a las redes sociales.
Cuando Marina entró al despacho, los tres, en camisa y sin corbata, trabajaban concentrados cada uno en su cometido.
—Tómense un café bien cargado y adréglense un poco —la secretaria los recorrió a todos con la mirada—. Estaban intentando entrar los del call center para decir que los teléfonos están echando humo de tantas llamadas y que no dan abasto para responderlas, así que decidí reservar esa información para el debate; entrarán en el momento oportuno para presentar las estadísticas. El proyector ya está listo. Tienen quince minutos para reunirse.
A Gorójov no lo dejé pasar a su despacho, le dije que andaban por las instalaciones de la oficina. Se lo creyó porque en su despacho había silencio y uno de sus secuaces vio a Máxim Románovich en uno de los departamentos. Y otra cosa... Quizá consideren que me he tomado demasiadas atribuciones, pero he invitado a esta presentación a los jefes de todos los departamentos y a los empleados que prestaron sus fotos para el proyecto.
—Gracias, Marina. Ha hecho exactamente lo correcto —dijo Max—. Ya estamos listos.
—Cruzaré los dedos por ustedes —dijo Marina mientras el trío salía del despacho.




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