Rompamos los esquemas: arranquemos por el final.
Sí, porque el final es el que nos deja pensando
"¿cómo lo hizo?"
Y esa pregunta nos lleva a la reflexión.
Lo importante es que el mensaje nos despierte, que haga ese "click" que todos necesitamos.
Ese "click" es la chispa que, de golpe, nos hace ver distinto, oír distinto, perder el miedo y soltar una sonrisa.
Y esa sonrisa es justo lo que le faltaba a la chica que salió del trabajo, con el día pesándole en los hombros, agobiada, saturada, con la cabeza llena de pendientes y solo queriendo llegar a casa, sacarse los zapatos y no escuchar a nadie.
Pero acá viene la charla.
Le pregunto:
—"¿Por dónde querés que agarre, por la avenida o por la calle más rápida?"
Y ella me dice —solo quiero llegar, estoy cansada, no doy más.
Ahí viene mi sugerencia:
—Ya salíste del trabajo, ni bien cruzas el umbral del edificio donde trabajas.
Comienza tu día.
—Hay momentos para trabajar, y momentos para disfrutar, no todo es laburo."
—Y sí,
Responde ella dudando.
—No puedo desligarme con facilidad y más cuando me llaman de la empresa, el contestador no es opción para mí
El silencio marcó el tiempo que necesito para reaccionar
—No solo se trata de trabajo, sino de una postura que tengo que cambiar, necesito darme un respiro y encontrarme conmigo misma.
La conversación termina con la sensación que la invadió en ese momento.
Fue ahí cuando dijo
—Siento como si hubiera salido a tomar unos mates con una amiga.
—Me dijiste lo que realmente necesitaba ver.
De ahí nace una reflexión: los problemas son comunes a todos, pero la actitud y ese "click" de animarse a cambiar el chip es lo que hace la diferencia.
Y quién sabe.
Tal vez vos también estés esperando ese click.