La vida nos empuja a dejar atrás las obligaciones pequeñas, como quien se sacude el polvo antes de entrar a un templo.
Siento que algo me llama desde lo invisible, una búsqueda que no se trata ni de objetos ni de mandatos, sino de sentido, de palabras que puedan florecer, como un árbol.
Camino entre luces y sombras, y cada paso abre un umbral hacia lo desconocido.
No busco riquezas ni coronas, busco la raíz que me ate a la realidad y aceptarla.
De ahí tener la certeza de que lo creado,
permanece cuando uno comienza a partir.