Anomalía en el Hielo

Capítulo 2: El costo de la anomalía

El protocolo de borrado no era una amenaza vacía. Si un patinador era catalogado como incompatible por el sistema, la Federación tenía la potestad de revocar su licencia en cuestión de horas. Mina lo sabía, y por eso, mientras Liam se alejaba hacia los vestuarios, ella no pudo moverse. Las cámaras de vigilancia de la pista seguían cada uno de sus movimientos, grabando el primer encuentro de la pareja más polémica de la historia del patinaje.

—¡Mina! —La voz del entrenador jefe, un hombre que medía el talento en números y no en magia, retumbó por los altavoces—. A la pista central. Ahora.

Mina caminó hacia el hielo, sintiendo las miradas como agujas en su espalda. Ya no era la favorita, la patinadora de luz. Ahora era la compañera del "fallo". Cuando llegó al centro, Liam ya estaba allí, desabrochándose la chaqueta negra para revelar un uniforme de entrenamiento gris, desgastado por el tiempo.

—¿Qué haces? —siseó ella, bajando la voz mientras un dron de la Federación sobrevolaba sus cabezas—. Tenemos que apelar. Si intentamos patinar juntos, el sistema detectará nuestra incompatibilidad y nos prohibirá competir antes de que termine el mes.

Liam no la miró. Empezó a atarse los cordones con una meticulosidad que rozaba lo obsesivo.

—La Federación no quiere que seamos una pareja, Mina. Quieren que seamos un espectáculo —dijo él, sin levantar la vista—. Quieren ver cuánto tardamos en destruirnos el uno al otro. Si no nos subimos al hielo y demostramos una mínima sincronía, el protocolo de borrado se ejecutará antes de la cena.

Mina sintió un vacío en el estómago. Liam tenía razón. Para sobrevivir, no necesitaban magia; necesitaban actuar.

—No voy a poder sincronizarme contigo —susurró ella, con un hilo de voz—. Mi magia necesita equilibrio, Liam. Tú... tú eres puro ruido.

Él finalmente la miró. Sus ojos grises eran como un espejo donde Mina vio, por primera vez, no solo soledad, sino un miedo oculto que intentaba enterrar bajo su fachada de indiferencia.

—Entonces no intentes sincronizarte conmigo —respondió Liam, acercándose hasta que ella pudo sentir el frío que emanaba de su piel—. Solo intenta no caer cuando el hielo intente expulsarme.

Liam extendió su mano, enguantada en negro. Mina dudó. Sabía que aceptar ese contacto significaba romper su propia integridad. Pero al fondo, en la cabina de control, las luces rojas de los sensores de resonancia empezaron a parpadear, indicando que la prueba de supervivencia había comenzado.

Con un suspiro, Mina tomó su mano. Al instante, un zumbido eléctrico recorrió su brazo, una descarga que no era dolor, sino una advertencia: algo en la estructura de la realidad estaba cambiando. El hielo bajo sus pies empezó a emitir un tenue brillo azul y negro, una mezcla imposible de colores.

La anomalía acababa de encenderse.

¡Hola, mis lectores queridos! ⛸️✨

Estamos empezando esta aventura prohibida en el hielo y la tensión entre Mina y Liam apenas comienza. ¿Qué creen que pasará cuando intenten ejecutar su primera figura juntos? ¿Lograrán controlar ese brillo extraño o el hielo finalmente se romperá?

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