La pista privada de la Federación era una nave industrial olvidada, con el hielo lleno de marcas de años de abandono. No había cámaras. No había sensores. Solo estábamos nosotros, el frío absoluto y un silencio que parecía amplificar el latido de mi propio corazón.
Liam llegó tarde. Se deslizó sobre la pista con una naturalidad que me irritó; mientras yo me esforzaba por mantener la postura perfecta, él parecía ser parte del hielo.
—Bien, "Anomalía" —dije, tratando de recuperar el control—. El entrenador quiere que hagamos una serie de giros sincronizados. Si el hielo no se rompe, quizás podamos convencerlos de que esto es solo una falla de calibración del sistema.
Él se detuvo a un metro de mí. Su aliento formaba una fina nube de vaho.
—No intentes ser perfecta, Mina —dijo, su voz inusualmente suave—. Si intentas forzar tu magia para que encaje con la mía, vas a provocar una explosión. Solo... déjate llevar.
—¿Déjame llevar? ¿A dónde? ¿A la descalificación total? —dije, lanzándome a una secuencia de pasos que conocía de memoria.
Comencé el giro. Sentí cómo mi llama azulada intentaba expandirse, buscando el ritmo del hielo. Pero en el momento en que Liam se deslizó junto a mí para realizar el paso a dos, el mundo cambió. La luz azul de mi magia chocó contra una sombra oscura y densa que emanaba de él.
No hubo explosión, pero sí un estallido de sonido: un silbido sónico que rompió todas las bombillas del techo de la nave, dejándonos en una penumbra total. El hielo bajo nosotros no se agrietó; se licuó. Por un segundo, patinamos sobre una superficie que se sentía como agua profunda y oscura, sosteniéndonos con una fuerza que desafiaba la física.
Él me tomó por la cintura para evitar que perdiera el equilibrio. Sus manos estaban frías, pero en el punto de contacto, sentí un calor que me quemó la piel. Por un instante, no éramos Mina y Liam, el orden y el caos; éramos un solo cuerpo deslizándose sobre una energía que no tenía nombre.
Liam me soltó bruscamente, dando un paso atrás. Sus ojos, normalmente vacíos, brillaban con una intensidad eléctrica.
—¿Lo has sentido? —preguntó, con la respiración entrecortada—. No somos incompatibles, Mina. Somos... una frecuencia que nadie ha sintonizado antes.
Me quedé allí, inmóvil, con el eco del silbido aún en mis oídos. El patinaje no se trataba de ser perfectos. Se trataba de sobrevivir a lo que acabábamos de crear.
¿Qué les ha parecido este entrenamiento, mis queridos lectores? ⛸️⚡
¡La conexión entre ellos está empezando a ser peligrosa! Si logramos esta sincronía prohibida, ¿qué hará la Federación cuando se entere de lo que realmente son capaces de hacer?
¡No olviden dejar su "Me gusta" y añadir la historia a su biblioteca! 📚 Sus votos son el impulso que necesito para publicar el siguiente capítulo mañana mismo. ¿Creen que Mina finalmente aceptará que Liam no es un error, sino su única oportunidad? ¡Nos leemos en los comentarios!