El aire dentro del servidor central comenzó a volverse denso, cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de mis brazos se erizara. Liam seguía frente a la terminal, sus dedos moviéndose con una velocidad mecánica mientras descargaba los archivos cifrados hacia un dispositivo portátil.
—¡Liam, muévete! —grité, mirando hacia la puerta. El teclado de seguridad exterior parpadeaba en un rojo intenso, indicando que el hackeo había sido detectado—. ¡Están bloqueando las salidas de aire y los pasillos de servicio!
Él no se inmutó, pero pude notar la tensión en su mandíbula. —Casi está. Si no sacamos estos archivos, todo lo que le hicieron a mi padre y lo que nos están haciendo a nosotros quedará sepultado para siempre.
De repente, un sonido ensordecedor, una sirena de baja frecuencia, comenzó a vibrar en las paredes del archivo. Era el Protocolo de Sellado. Las pesadas láminas de acero de las paredes empezaron a deslizarse para encerrarnos en una tumba de metal y silicio.
—¡Listo! —Liam arrancó el dispositivo del puerto y lo guardó en su chaqueta justo cuando la puerta principal se sellaba por completo—. Vamos a tener que salir por el conducto de ventilación, pero está a cuatro metros de altura.
Mina miró a su alrededor. No había nada a lo que trepar, solo servidores humeantes. —No podemos llegar ahí solos —dije, sintiendo que el pánico intentaba tomar el control—. El sistema de la sala está tratando de succionar nuestra energía para colapsarnos. ¿Sientes eso? Es como si el aire se volviera pesado.
Liam se colocó frente a mí, tomándome de los hombros con una intensidad que me obligó a concentrarme. Sus ojos grises estaban encendidos con una chispa eléctrica. —No intentes pelear contra la succión. Úsala. El sistema quiere nuestra energía; dásela, pero redirígela hacia arriba. Si logramos una resonancia máxima por solo tres segundos, la onda expansiva destrozará la rejilla de ventilación.
—Es una locura —susurré—. Si fallamos, la sobrecarga nos dejará inconscientes y nos encontrarán aquí mismo.
—Confía en mí, Mina. Eres la mejor patinadora de este país. No dejes que unos números en una pantalla te digan lo contrario.
Cerré los ojos, sintiendo cómo el sistema de la sala intentaba drenar mi magia. En lugar de bloquearlo, abrí mis canales. Sentí el frío de Liam, su caos, su rabia... y la fusioné con mi llama azul.
Fue como un relámpago contenido en una botella. La sala se iluminó con un resplandor cegador, violeta y eléctrico. La presión fue tan fuerte que sentí que mis huesos vibraban. Un estallido sónico, más potente que el del entrenamiento, hizo saltar la rejilla de ventilación, lanzándola por los aires como si fuera papel.
La onda expansiva nos elevó. Liam me impulsó hacia el borde del conducto, y con un esfuerzo agónico, logré sujetarme del borde metálico. Extendí mi mano hacia él. Sus dedos rozaron los míos, pero la fuerza del sistema estaba tratando de arrastrarlo hacia abajo, como si el propio edificio quisiera retenerlo.
—¡No te sueltes! —grité, sintiendo que mis músculos se desgarraban por el esfuerzo.
Con un impulso final, usando el resto de nuestra energía combinada, Liam se lanzó hacia arriba, aterrizando pesadamente sobre mí en el estrecho pasillo de ventilación. La puerta del archivo se cerró por completo justo debajo de nosotros, sellando el secreto de la Federación tras un muro de acero.
Jadeando, cubiertos de polvo y con el corazón a mil por hora, nos miramos en la oscuridad del conducto. Habíamos escapado, pero ahora sabíamos demasiado. Y la Federación no dejaría que dos anomalías vivas anduvieran sueltas por la ciudad.
¡Mis lectores! ⛸️⚡
¡Lograron escapar, pero el peligro apenas comienza! Ahora que son fugitivos, ¿adónde irán para descifrar los archivos que Liam tiene en su poder? ¿Podrán esconderse en una ciudad donde el sistema de la Federación lo ve todo?
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