Anomalía en el Hielo

Capítulo 10: Fugitivos de cristal

El conducto de ventilación era un laberinto estrecho y asfixiante, metálico y lleno de polvo de décadas. Apenas podíamos movernos, y cada roce contra las paredes de acero provocaba un eco que me hacía temer que los guardias de abajo escucharan nuestra respiración. Liam iba delante, con una determinación que, a estas alturas, me resultaba una mezcla entre valentía y una desesperación suicida. Cada pocos metros, se detenía para comprobar el estado del dispositivo que contenía los archivos robados; la luz verde parpadeante en su bolsillo era el único recordatorio de que todo el riesgo había valido la pena.

—No podemos salir por la entrada principal del sector administrativo —susurró Liam, su voz amortiguada por el metal—. Han bloqueado los accesos biométricos y han desplegado drones de patrulla por todo el perímetro. Si asomamos la cabeza por cualquier salida estándar, estaremos en su radar antes de que podamos dar diez pasos.

—¿Entonces qué hacemos? —pregunté, tratando de controlar los espasmos de mis músculos, que comenzaban a entumecerse por la postura forzada—. No podemos quedarnos aquí para siempre. Tarde o temprano, el personal de mantenimiento limpiará estos conductos.

Liam se detuvo ante una rejilla que daba a una zona de carga trasera, un área de desecho donde se acumulaban los restos tecnológicos de la Federación. —Conozco un punto ciego —dijo, mirando su reloj táctico—. El sistema de vigilancia de esta zona fue diseñado hace años, antes de la última actualización de la IA. Tiene un ciclo de reinicio de dos segundos cada media hora. Es nuestra única oportunidad.

El plan era arriesgado, pero no teníamos otra. Cuando el reloj marcó la hora exacta, Liam forzó la rejilla con una técnica precisa y ambos caímos en el contenedor de basura tecnológica con un estruendo que, por un segundo, me pareció un disparo en el silencio nocturno de la ciudad. Corrimos. Corrimos como nunca lo habíamos hecho sobre el hielo, pero esta vez con la adrenalina de los perseguidos. Las calles de la ciudad eran un escaparate de neones y hologramas de la Federación, anuncios que promocionaban la "Perfección en la Sincronía" mientras nosotros huíamos de su sombra.

A medida que nos alejábamos del complejo, sentí una presión extraña en la base de mi nuca. No era mi magia. Era algo externo. Un rastreador. —Liam, algo me está siguiendo —dije, deteniéndome bajo el puente de un viaducto, jadeando—. No es una persona, es una frecuencia. Siento que nos están escaneando a través de los postes de luz.

Liam se detuvo y, con una rapidez increíble, sacó un pequeño emisor de señales que había construido durante sus días como "la mancha". Lo activó y lo pegó a un poste cercano. —Esto emitirá un pulso de ruido blanco —explicó, mientras el aire a nuestro alrededor empezaba a vibrar con una estática eléctrica—. Creará una zona muerta de unos cien metros. No nos dará mucho tiempo, quizás veinte minutos antes de que el centro de control detecte la interferencia.

Nos escondimos bajo los pilares de hormigón del viaducto, un lugar donde el ruido del tráfico pesado tapaba cualquier otro sonido. Estábamos cubiertos de suciedad, exhaustos, y mi cuerpo me dolía de una forma que nunca había experimentado en la pista. Abrí la chaqueta de Liam y saqué el dispositivo con los datos. Por primera vez, pude ver lo que realmente significaba "Proyecto Anomalía". No eran solo experimentos; era un mapa de toda la población de la ciudad. Estaban clasificando a cada niño, a cada joven, según su potencial de "frecuencia".

—Mina, mira esto —dijo él, señalando un archivo específico—. No somos los únicos. Hay cientos de patinadores, estudiantes, músicos... todos están siendo monitoreados. Somos los primeros en ser usados como armas, pero hay una lista de espera. Si no publicamos esto, si no hacemos que el mundo vea la verdad, la Federación tendrá el control absoluto de la población en menos de un año.

El horror de la revelación me paralizó. No se trataba solo de nuestra vida, de nuestro patinaje o de nuestro destino. Era una cuestión de libertad para miles de personas. Miré a Liam, y vi en sus ojos que él ya lo sabía. Él no solo quería salvar su pellejo; quería iniciar una revolución. Me sentí pequeña, abrumada por la magnitud de lo que teníamos en nuestras manos. Pero también sentí algo nuevo: un fuego, una convicción que me recorría el pecho con la fuerza de un huracán.

—Entonces, hagámoslo —dije, y mi voz sonó firme, desprovista de cualquier rastro de miedo—. Si la Federación quiere jugar con nuestras vidas, vamos a hacer que el mundo entero sepa qué hay detrás de sus pantallas perfectas. Vamos a enviar esto a la Red Abierta.

Liam sonrió, una sonrisa genuina que me tomó por sorpresa. —Necesitamos un nodo de transmisión de alta potencia. El centro de comunicaciones del distrito comercial. Está fuertemente vigilado, pero es el único lugar donde podemos subir estos archivos antes de que nos alcancen.

El plan estaba trazado. La ciudad dormía, ajena a que, en sus sombras, dos fugitivos estaban a punto de hackear el futuro. Mañana, la historia cambiaría. Si sobrevivíamos a la noche, por supuesto.

¡Mis lectores increíbles! ⛸️🔥

¡La escala del problema es mucho mayor de lo que imaginaban! Mina y Liam no solo luchan por sus vidas, sino por el futuro de toda una ciudad. ¿Lograrán infiltrarse en el centro de comunicaciones? ¿Quién creen que los está observando desde las sombras?




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