El silencio que siguió a los primeros acordes del violín fue antinatural. Nos deslizábamos por el centro de la pista, nuestras cuchillas trazando arcos de plata sobre el espejo negro del hielo. Liam estaba a mi lado, tan cerca que podía sentir el calor residual de nuestro encuentro, una quemadura dulce que me recordaba que seguíamos siendo humanos.
La danza del engaño
Empezamos con giros sincronizados, siguiendo el patrón que el algoritmo esperaba. Pero bajo la superficie, cada músculo estaba en tensión de combate.
—Prepárate —susurró Liam al pasar junto a mi hombro—. Los inhibidores están emitiendo. Siento la vibración.
Una frecuencia inaudible empezó a subir por mis piernas, diseñada para confundir mis oídos internos y hacerme perder el eje. El mundo empezó a inclinarse levemente, una trampa sensorial para que mi próximo salto terminara en caída. Miré hacia el palco de honor; el Director nos observaba con calma depredadora, esperando el error.
El contacto prohibido
Llegó el momento de la transición hacia el gran salto. Según el protocolo, debíamos mantener un metro de distancia. Pero Liam acortó el espacio. Me tomó de la cintura con una firmeza que no era técnica, sino posesiva. Sus dedos se hundieron en mi traje, anclándome a la realidad mientras la interferencia nublaba mi vista.
Sus ojos grises se clavaron en los míos, cargados de una urgencia eléctrica. La tensión sexual que había estallado en el refugio volvió a prenderse en medio de la pista. El roce de sus manos era lo único que mantenía mi equilibrio.
—Ahora o nunca, Mina —gruñó.
El impacto de la verdad
Nos impulsamos a una velocidad suicida. En el punto más alto del Salto Triple en Espejo, la antena del estadio se iluminó con un azul cegador para validar los datos. Fue en ese microsegundo cuando Liam activó el dispositivo.
Sentí una descarga de estática. En las pantallas gigantes, las estadísticas desaparecieron y dieron paso a los archivos del Proyecto Fénix. Rostros de atletas "borrados" desfilaron ante miles de personas. El audio del Director ordenando la eliminación del padre de Liam resonó por todo el estadio, superponiéndose a la música.
Aterrizamos. El impacto fue brutal, pero nos mantuvimos en pie porque nuestras manos se entrelazaron en el último segundo. El estadio estalló en caos. Las luces parpadeaban en rojo. El Director golpeaba el cristal de su palco, pero la red global ya estaba inundada con la evidencia.
—¡Lo logramos! —exclamé, buscando la mirada de Liam.
Él no respondió con palabras. Me rodeó con sus brazos e ignoró los drones. Me besó allí mismo, en el centro de la pista, frente a las cámaras. Fue un beso con sabor a victoria y a rebelión final.
—Mina, mira —dijo, separándose apenas unos centímetros.
La gente no huía; estaban saltando a la pista para protegernos. Pero el sonido de botas tácticas retumbó en la entrada. La unidad de contención venía armada. Ya no venían a detenernos, venían a borrarnos.
¡Mis leyendas del hielo! ⛸️💥
¡El secreto ha estallado! El beso de Mina y Liam en el centro de la pista ha sido el acto de rebeldía más grande de la historia. Pero ahora, con la verdad al aire, la Federación ha enviado a sus fuerzas de choque para eliminarlos frente a todos.
¿Lograrán los seguidores que bajaron a la pista formar un escudo humano para que puedan escapar? ¿O tendrá Liam que usar una última carta bajo la manga para sacarlos del estadio con vida?
¡No se olviden de votar y comentar! 📚 Sus teorías son el motor de esta rebelión. ¡Los leo en los comentarios! 🖤✨