La pista había quedado vacía otra vez. Pero esta vez la quietud no se sentía igual. Había algo distinto flotando en el aire después del entrenamiento; algo más pesado, más cercano.
Permanecía sentada sobre la barrera, inclinada hacia adelante mientras ajustaba lentamente las cintas de sus patines. El esfuerzo del entrenamiento todavía vibraba en sus músculos, pero no era eso lo que mantenía su corazón acelerado.
Era Kael. O, más precisamente, la forma en que había patinado con él esa mañana.
Exactos.
La palabra seguía repitiéndose en su cabeza.
Exactos.
No quería admitir cuánto la había afectado, porque el problema no era la coreografía. El problema era que, por unos minutos, había dejado de pensar. Y cuando dejaba de pensar… empezaba a sentir.
Escuchó cuchillas raspando la superficie detrás de ella.
Kael seguía en la pista. Patinaba despacio ahora, casi sin esfuerzo, como si necesitara descargar la energía que todavía llevaba encima.
Levantó la mirada. Lo observó deslizarse por el centro del estadio vacío. Relajado. Seguro. Libre.
Kael giró apenas y la descubrió mirándolo.
—¿Qué?
Apartó la vista inmediatamente.
—Nada.
Kael sonrió.
—Eso no parecía "nada".
Terminó de ajustar una cinta innecesariamente.
—Solo estaba pensando.
Kael se acercó lentamente hacia la barrera.
—Eso suena peligroso.
Levantó una ceja.
—¿Por qué todo contigo tiene que sonar como una provocación?
—Porque normalmente funciona.
Intentó ignorar la sonrisa que amenazaba con formarse. No debía acostumbrarse a eso. Mucho menos disfrutarlo.
Kael apoyó los brazos sobre la barrera frente a ella. Todavía respiraba un poco agitado por el entrenamiento y un mechón oscuro caía desordenado sobre su frente húmeda.
Desvió la mirada antes de quedarse observándolo más de lo prudente.
—¿Te arrepientes? —preguntó él de pronto.
Volvió a mirarlo.
—¿De qué?
—De aceptar esto.
Frunció ligeramente el ceño. La pregunta había llegado demasiado directa.
—No.
Kael la observó unos segundos, como si intentara decidir si le creía o no.
—Mentira.
Cruzó los brazos.
—No me arrepiento.
—Pero dudas.
Guardó silencio. Porque sí. Claro que dudaba. Dudaba cada vez que los medios hablaban de ellos. Cada vez que la federación los observaba. Cada vez que recordaba que una sola caída podía destruir una carrera completa. Y ahora también dudaba de algo mucho peor. De ella misma cerca de Kael.
—No estoy acostumbrada a depender de alguien más —confesó finalmente.
Kael inclinó ligeramente la cabeza.
—No estás dependiendo de mí.
Soltó una risa suave.
—En parejas literalmente tengo que dejar que me lances por el aire.
—Buen punto.
La quietud se instaló entre ellos. Kael seguía mirándola de esa manera tranquila que comenzaba a ponerla nerviosa. Porque no era arrogancia. No era ironía. Era atención. Y no sabía qué hacer cuando alguien realmente la miraba.
—Hoy no dudaste —observó Kael.
Levantó la vista.
—¿Qué?
—En el levantamiento.
Recordó el momento inmediatamente. El impulso. El giro. La estabilidad. Sus manos sosteniéndola.
—Fue entrenamiento.
—No —Kael negó suavemente—. Fue entrega.
La palabra golpeó algo dentro de ella.
Apoyó las manos sobre la barrera.
—No deberías leer demasiado en eso.
Kael sonrió apenas.
—Tú eres la que piensa demasiado, Vance.
Puso los ojos en blanco.
—Y tú piensas muy poco.
—Por eso hacemos buen equipo.
Iba a responder con rapidez, con una frialdad capaz de devolver las cosas a un lugar seguro. Pero Kael se acercó un poco más antes de que pudiera hacerlo, y el aire entre ellos pareció cambiar.
El estadio seguía vacío. Silencioso. Solo el sonido lejano del sistema de ventilación acompañaba el momento.
Notó que el corazón comenzaba a latirle más fuerte sin razón lógica. O quizá sí había una razón.
Kael estaba demasiado cerca. Otra vez.
—¿Sabes qué descubrí? —murmuró él.
Intentó mantener la calma.
—¿Qué?
Kael sostuvo su mirada.
—Que te ves diferente cuando patinas de verdad.
Frunció el ceño apenas.
—¿"De verdad"?
—Cuando dejas de intentar controlar todo.
Sintió un pequeño nudo en el estómago. Porque él veía demasiado. Más de lo que debería.
—No sé de qué hablas.
Kael soltó una risa baja.
—Claro que sí.
Bajó de la barrera para alejarse un poco. Necesitaba espacio. Pero apenas tocó la superficie, una de las cuchillas resbaló ligeramente por el borde húmedo.
Todo ocurrió rápido.
Su cuerpo perdió equilibrio hacia atrás. Un movimiento mínimo. Pero suficiente.
Kael reaccionó de inmediato. La sostuvo antes de que cayera. Otra vez.
Su mano rodeó su cintura con firmeza mientras la acercaba hacia él por reflejo.
Quedó pegada a su pecho.
El impacto no fue fuerte. Pero el aire desapareció igual.
Porque estaban demasiado cerca. Mucho más cerca de lo normal. Mucho más cerca de lo seguro.
Levantó lentamente la mirada.
Los ojos grises de Kael estaban fijos en ella. Serios ahora. Sin bromas. Sin ironía. Solo intensidad.
—Empiezo a pensar que te gusta caer cerca de mí —murmuró.
La voz salió más baja de lo habitual.
Sintió el calor subirle por el cuello.
—Fue un accidente.
—Claro.
Pero no la soltó. Y ella tampoco se apartó de inmediato.
Ese era el problema. El verdadero problema.
El cuerpo de Kael estaba cálido incluso dentro del frío de la pista. Su mano seguía firme sobre su cintura y la respiración de ambos parecía sincronizada de una forma que ella no quería analizar.
Podía escuchar claramente los latidos de su propio corazón. Rápidos. Demasiado rápidos.
Kael bajó apenas la mirada hacia sus labios.