La pista había quedado vacía otra vez. Pero esta vez el silencio no se sentía igual. Había algo distinto flotando en el aire después del entrenamiento; algo más pesado, más cercano.
Aurelia Vance permanecía sentada sobre la barrera, inclinada hacia adelante mientras ajustaba lentamente las cintas de sus patines. El esfuerzo del entrenamiento todavía vibraba en sus músculos, pero no era eso lo que mantenía su corazón acelerado.
Era Kael. O, peor todavía, la forma en que había patinado con él esa mañana.
Perfectos.
La palabra seguía repitiéndose en su cabeza.
Perfectos.
No quería admitir cuánto la había afectado, porque el problema no era la coreografía. El problema era que, por unos minutos, había dejado de pensar. Y cuando Aurelia dejaba de pensar… empezaba a sentir.
Escuchó cuchillas raspando el hielo detrás de ella.
Kael seguía en la pista. Patinaba despacio ahora, casi sin esfuerzo, como si necesitara descargar la energía que todavía llevaba encima.
Aurelia levantó la mirada. Lo observó deslizarse por el centro del estadio vacío. Relajado. Seguro. Libre.
Kael giró apenas y la descubrió mirándolo.
—¿Qué? —preguntó.
Aurelia apartó la vista inmediatamente.
—Nada.
Kael sonrió.
—Eso no parecía "nada".
Ella terminó de ajustar una cinta innecesariamente.
—Solo estaba pensando —respondió.
Kael se acercó lentamente hacia la barrera.
—Eso suena peligroso —observó.
Aurelia levantó una ceja.
—¿Por qué todo contigo tiene que sonar como una provocación? —inquirió.
—Porque normalmente funciona —replicó él.
Aurelia intentó ignorar la pequeña sonrisa que amenazaba con aparecer. No debía acostumbrarse a eso. Mucho menos disfrutarlo.
Kael apoyó los brazos sobre la barrera frente a ella. Todavía respiraba un poco agitado por el entrenamiento y un mechón oscuro caía desordenado sobre su frente húmeda.
Aurelia desvió la mirada antes de quedarse observándolo demasiado tiempo.
—¿Te arrepientes? —preguntó él de pronto.
Ella volvió a mirarlo.
—¿De qué? —inquirió.
—De aceptar esto —respondió.
Aurelia frunció ligeramente el ceño. La pregunta había llegado demasiado directa.
—No —afirmó.
Kael la observó unos segundos, como si intentara decidir si le creía o no.
—Mentira —replicó.
Aurelia cruzó los brazos.
—No me arrepiento —insistió.
—Pero dudas —observó él.
Ella guardó silencio. Porque sí. Claro que dudaba. Dudaba cada vez que los medios hablaban de ellos. Cada vez que la federación los observaba. Cada vez que recordaba que una sola caída podía destruir una carrera completa. Y ahora también dudaba de algo mucho peor. De ella misma cerca de Kael.
—No estoy acostumbrada a depender de alguien más —confesó finalmente.
Kael inclinó ligeramente la cabeza.
—No estás dependiendo de mí —replicó.
Aurelia soltó una risa suave.
—En parejas literalmente tengo que dejar que me lances por el aire —replicó.
—Buen punto —admitió él.
El silencio volvió a instalarse. Kael seguía mirándola de esa manera tranquila que comenzaba a ponerla nerviosa. Porque no era arrogancia. No era ironía. Era atención. Y Aurelia no sabía qué hacer cuando alguien realmente la miraba.
—Hoy no dudaste —observó Kael.
Ella levantó la vista.
—¿Qué? —preguntó.
—En el levantamiento —precisó él.
Aurelia recordó el momento inmediatamente. El impulso. El giro. La estabilidad. Sus manos sosteniéndola.
—Fue entrenamiento —respondió.
—No —negó Kael suavemente.
—Fue confianza —afirmó.
La palabra golpeó algo dentro de ella. Confianza.
Aurelia apoyó las manos sobre la barrera.
—No deberías leer demasiado en eso —advirtió.
Kael sonrió apenas.
—Tú eres la que piensa demasiado, Vance —replicó.
Ella rodó los ojos.
—Y tú piensas muy poco —respondió.
—Por eso hacemos buen equipo —replicó él.
Aurelia iba a responder algo rápido. Algo frío. Algo que devolviera las cosas a un lugar seguro. Pero Kael se acercó un poco más antes de que pudiera hacerlo. Y el aire pareció cambiar entre ellos.
El estadio seguía vacío. Silencioso. Solo el sonido lejano del sistema de ventilación acompañaba el momento.
Aurelia sintió cómo el corazón comenzaba a latirle más fuerte sin razón lógica. O quizá sí había una razón.
Kael estaba demasiado cerca. Otra vez.
—¿Sabes qué descubrí? —murmuró él.
Aurelia intentó mantener la calma.
—¿Qué? —preguntó.
Kael sostuvo su mirada.
—Que te ves diferente cuando patinas de verdad —respondió.
Ella frunció el ceño apenas.
—¿"De verdad"? —repitió.
—Cuando dejas de intentar controlar todo —explicó él.
Aurelia sintió un pequeño nudo en el estómago. Porque él veía demasiado. Más de lo que debería.
—No sé de qué hablas —replicó.
Kael soltó una risa baja.
—Claro que sí —respondió.
Aurelia bajó de la barrera para alejarse un poco. Necesitaba espacio. Pero apenas tocó el hielo, una de las cuchillas resbaló ligeramente por el borde húmedo.
Todo ocurrió rápido.
Su cuerpo perdió equilibrio hacia atrás. Un movimiento mínimo. Pero suficiente.
Kael reaccionó de inmediato. La sostuvo antes de que cayera. Otra vez.
Su mano rodeó su cintura con firmeza mientras la acercaba hacia él por reflejo.
Aurelia quedó pegada a su pecho.
El impacto no fue fuerte. Pero el aire desapareció igual.
Porque estaban demasiado cerca. Mucho más cerca de lo normal. Mucho más cerca de lo seguro.
Aurelia levantó lentamente la mirada.
Los ojos grises de Kael estaban fijos en ella. Serios ahora. Sin bromas. Sin ironía. Solo intensidad.
—Empiezo a pensar que te gusta caer cerca de mí —murmuró él.
La voz salió más baja de lo habitual.
Aurelia sintió el calor subirle por el cuello.