Despertó antes de que sonara la alarma. El techo desconocido del hotel tardó unos segundos en ubicarla.
Estocolmo. Competencia. Kael.
Ese último pensamiento fue el más irritante.
Giró apenas la cabeza. El sofá junto a la ventana seguía ocupado. Kael dormía profundamente, con una manta a medio caer sobre el suelo y un brazo cubriéndole parcialmente el rostro.
Lo observó un segundo de más antes de apartar la mirada.
La noche anterior había sido incómoda. No por discusiones; eso habría sido más fácil. El problema era la quietud. La conciencia constante de la presencia del otro. Los pequeños momentos. Las miradas prolongadas. La proximidad. Y el hecho de que había tardado demasiado en quedarse dormida escuchando el sonido tranquilo de su respiración desde el otro lado de la habitación.
Eso era exactamente lo que necesitaba dejar de pasar.
Tomó el teléfono de la mesa de noche.
Error.
Las notificaciones explotaban otra vez: etiquetas, mensajes, artículos y menciones en redes.
Abrió una publicación al azar.
Una foto de ella y Kael entrando juntos al hotel la noche anterior: él sosteniendo una maleta y ella mirándolo.
Sobre la imagen aparecía un titular:
"¿Solo compañeros de pista… o algo más?"
Cerró los ojos lentamente.
Perfecto.
Abrió otra publicación.
Un video corto de ellos en el aeropuerto: Kael inclinándose hacia ella para decirle algo y ella poniendo los ojos en blanco.
Los comentarios aparecían abajo como una avalancha:
"La tensión entre ellos es ridícula."
"Definitivamente están saliendo."
"No puedes fingir esa química."
"Esto parece una película romántica deportiva."
Bloqueó el teléfono de inmediato.
—Déjame adivinar —dijo la voz ronca de Kael desde el sofá—. Internet decidió que estamos enamorados.
Levantó la vista. Kael seguía acostado, aunque ahora la observaba apenas por debajo del brazo.
—La humanidad necesita hobbies nuevos.
Kael soltó una risa baja.
—¿Qué tan grave es?
Le mostró el teléfono. Él leyó un par de titulares y sonrió lentamente.
—Bueno… al menos eligieron buenas fotos.
Dejó caer el teléfono sobre la cama.
—¿Cómo puedes estar tan tranquilo?
Kael se incorporó despacio. El cabello desordenado y la expresión todavía adormilada lo hacían parecer atractivo de una forma que no quería analizar para alguien que acababa de despertarse.
Apartó la mirada antes de que el pensamiento se prolongara.
—Porque los rumores son inevitables. Somos dos patinadores compartiendo habitación en una competencia internacional. Era cuestión de tiempo.
—No compartimos habitación por elección.
—Internet no sabe eso.
—Internet no debería importar.
Kael se puso de pie estirándose lentamente.
—Y aun así aquí estás, leyendo comentarios a las seis de la mañana.
Abrió la boca para responder. Luego volvió a cerrarla.
Kael sonrió.
—Exacto.
La pista oficial de entrenamiento estaba llena. Patinadores entrando y saliendo, entrenadores revisando horarios y música sonando desde distintos rincones del estadio. Pero incluso allí, sentía las miradas, mucho más que antes.
Cuando ella y Kael aparecieron juntos cerca de la superficie, varias conversaciones parecieron bajar de volumen apenas un segundo.
Observándolos. Analizándolos.
Kael, como siempre, actuó como si no le importara. Ella todavía estaba intentando aprender cómo hacía eso.
—Relaja los hombros —murmuró él mientras calentaban.
—Los tengo relajados.
—No. Pareces preparada para asesinar periodistas.
Giró apenas la cabeza hacia él.
—Eso es porque probablemente quiera hacerlo.
Kael soltó una pequeña risa.
Entonces ocurrió.
—¡Aurelia! ¡Kael!
Ambos levantaron la vista. Una periodista deportiva se acercaba rápidamente junto a un camarógrafo.
Sintió el cansancio incluso antes de que hablaran.
—Solo unas preguntas rápidas —dijo la mujer con una sonrisa profesional.
—No damos entrevistas hoy.
La periodista apenas pareció escucharla.
—Las redes están revolucionadas con ustedes. Todos quieren saber cómo nació esta alianza.
Kael apoyó los brazos sobre la barrera.
—Caos, amenazas y problemas de comunicación.
La periodista rió.
Ella no.
—¿Cómo describirían su relación fuera de la pista?
Quietud.
Kael la miró. Ella miró a la periodista.
—Profesional —respondió con firmeza.
La mujer sonrió apenas. Esa sonrisa molesta de alguien que claramente esperaba otra respuesta.
—¿Y dentro de la pista?
—Complicada —dijo Kael.
Le lanzó una mirada.
Kael sonrió sin culpa.
—Las personas aman la química complicada —continuó la periodista—. ¿Dirían que existe tensión entre ustedes?
—Definitivamente.
Cerró los ojos un segundo.
—Tensión deportiva.
La periodista claramente disfrutaba demasiado aquello.
—Entonces niegan cualquier relación sentimental.
—Sí —respondió sin dudar.
Kael guardó silencio un segundo demasiado largo. La periodista lo notó enseguida.
—¿Kael?
Él sonrió apenas.
—Digo que Aurelia acaba de responder por los dos.
Giró inmediatamente hacia él.
—Porque es la respuesta correcta.
Kael levantó las manos.
—Nunca dije que no lo fuera.
La periodista parecía encantada.
Perfecto.
Justo lo que necesitaba: más rumores, distintos titulares y otras personas inventando historias sobre algo que ni siquiera entendía todavía.
—Última pregunta —dijo la mujer rápidamente—. ¿Están juntos dentro y fuera de la pista?
La quietud cayó de golpe.
Sintió el corazón acelerarse de pura irritación.
O quizá no era solo irritación.
Kael seguía mirándola. Esperando.
Eso empeoró todo.
—No —respondió finalmente. Directo. Frío. Claro.