Antes De Caer

Noche de hielo

La pista estaba vacía. Completamente vacía. Después de las prácticas oficiales, el estadio internacional había quedado en silencio. Las luces principales permanecían apagadas y solo algunos reflectores laterales iluminaban el hielo con un resplandor tenue y azul.

Aurelia Vance respiró profundamente apenas cruzó la barrera. Le gustaba el hielo así: callado, lejos de las cámaras, apartada de los periodistas y libre de las miradas que parecían seguirla desde que habían llegado a Estocolmo.

Sus cuchillas tocaron la superficie lisa y el sonido familiar del roce contra el hielo alivió parte de la tensión acumulada en su cuerpo. Por primera vez en todo el día, sintió que podía pensar. O intentarlo.

Comenzó a deslizarse lentamente por la pista, dejando que el frío despejara su cabeza.

La entrevista. Los rumores. Las fotografías. La pregunta de Kael.

¿Y tú qué ves?

Todavía odiaba no haber sabido responder.

Aurelia aceleró un poco más, impulsándose con fuerza hacia el centro del hielo. Necesitaba concentración, la mente fría, el cuerpo enfocado y mantenerse lejos de cualquier distracción. Especialmente de las que tenían ojos grises y sonrisas peligrosas.

—Sabía que te encontraría aquí.

La voz de Kael atravesó el silencio del estadio.

Aurelia cerró los ojos apenas un segundo antes de girarse. Él estaba apoyado contra la barrera, con una chaqueta oscura abierta y las manos en los bolsillos.

—¿Me estás siguiendo?

Kael sonrió apenas.

—No eres tan difícil de encontrar cuando te desapareces cerca de una pista de hielo.

Aurelia volvió a deslizarse lentamente.

—Pensé que estabas durmiendo.

Kael saltó la barrera con facilidad y aterrizó sobre el hielo.

—Lo intenté.

—¿Y?

—Demasiados pensamientos.

Aurelia levantó una ceja.

—Eso explica muchas cosas.

Kael soltó una risa baja mientras se acercaba.

El silencio volvió por unos segundos. Cómodo. Extrañamente cómodo. Eso seguía siendo nuevo.

—¿No te cansas nunca?

—¿De qué?

—De exigirte tanto.

Aurelia frunció apenas el ceño.

—Es mi trabajo.

—No. Tu trabajo es patinar.

Se detuvo frente a ella.

—Castigarte todo el tiempo es otra cosa.

La frase la tomó desprevenida. Aurelia apartó la mirada hacia el hielo.

—No me castigo.

Kael no respondió enseguida. Solo la observó unos segundos.

—Entrenas como si cada error pudiera destruirte.

El comentario golpeó más fuerte de lo que debería. Porque era verdad. Y porque ella sabía exactamente cuándo había empezado. Después de la caída. Tras la suspensión. Luego de ver cómo una sola noche podía arruinar años enteros de esfuerzo.

Aurelia respiró lentamente.

—En este deporte los errores importan.

—Sí.

Se deslizó despacio a su alrededor.

—Pero tú los conviertes en algo personal.

Ella levantó la vista hacia él.

—¿Y tú no?

Kael sonrió apenas, pero esta vez la sonrisa no llegó realmente a sus ojos.

—Yo aprendí hace tiempo que el mundo igual encuentra razones para destruirte aunque hagas todo bien.

El silencio cayó otra vez. Más pesado. Aurelia lo observó con atención. Había algo distinto en su voz: algo más cansado, menos irónico.

—¿Eso fue una confesión emocional?

Kael soltó una pequeña risa.

—No te emociones. Podría arruinar mi reputación.

Aurelia negó apenas con la cabeza, pero por primera vez desde que lo conocía sintió curiosidad real por todo lo que Kael evitaba decir. Por el pasado del que todos hablaban. Por las controversias. Por esa manera extraña que tenía de actuar como si nada pudiera afectarlo mientras escondía claramente demasiadas cosas.

Kael comenzó a deslizarse lentamente a su lado. Sin coreografía. Sin instrucciones. Solo movimiento.

Aurelia lo acompañó.

El sonido de las cuchillas llenó el estadio vacío mientras ambos avanzaban en paralelo. Había algo tranquilo en eso. Algo peligrosamente natural.

—¿Sabes qué extraño?

—¿Qué?

—Patinar sin sentir que alguien espera que fracase.

Ella bajó un poco la velocidad. La sinceridad de la frase la sorprendió.

Kael siguió mirando al frente.

—Antes era diferente.

—¿Antes de qué?

Él tardó unos segundos en responder.

—Antes de convertirme en "el problema".

Aurelia sintió algo incómodo apretarse en su pecho. Porque entendía perfectamente esa sensación: los titulares, las opiniones, la gente creyendo conocer tu historia por unos cuantos artículos.

—No creo que seas un problema.

Kael giró hacia ella lentamente, como si no esperara escuchar eso.

—Vaya.

—No te acostumbres.

Él sonrió apenas.

—Ahí está mi Vance favorita.

Aurelia rodó los ojos.

Pero la realidad era otra. Cada vez le costaba más mantener distancia con él. Y eso empezaba a ser peligroso. Muy peligroso.

Kael redujo la velocidad hasta detenerse cerca del centro de la pista. Luego extendió una mano hacia ella.

—Ven.

Aurelia lo miró con desconfianza inmediata.

—Eso nunca termina bien.

—Confía en mí.

Ella soltó una pequeña risa seca.

—Esa frase definitivamente no ayuda.

Kael mantuvo la mano extendida, esperando.

Y después de un segundo demasiado largo, Aurelia la tomó.

El contacto fue inmediato: cálido incluso a través del frío de la pista.

Kael tiró suavemente de ella hacia adelante.

—Sin pensar demasiado —murmuró.

—Eso tampoco es algo que yo haga.

—Lo sé. Por eso estoy intentando salvarte de ti misma.

Aurelia iba a responder algo sarcástico, pero Kael comenzó a moverse. Lento. Suave. Guiándola por el hielo sin una rutina específica, solo sintiendo el ritmo invisible entre ambos.

Aurelia se dejó llevar apenas un poco.

Y el problema fue que se sintió bien. Demasiado bien.

Kael deslizó una mano hacia su cintura para estabilizar un giro. Aurelia levantó la mirada automáticamente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.